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Redacción
Lunes, 28 de noviembre de 2016

Socialdemocracia vs. Populismo

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Artículo de opinión de Toñi Serna, secretaria de organización del PSPV-PSOE en la provincia de Alicante y diputada autonómica.

Hace poco más de mes y medio,leía un artículo en el que Manuel Cruz, diputado independiente del PSC en el Congreso de los Diputados, reflexionaba sobre la idea, con clara ironía, de que todos son o quieren ser socialdemócratas. Y coincido en esa visión, al menos en lo que a la situación española se refiere, y más si tenemos en cuenta el contexto en el que nos hemos movido desde inicios del año 2015, cuando la precampaña de las municipales y autonómicas empezaba a caminar.

 

La derecha lo intenta para dulcificar su imagen (sacar la sonrisa profident ideológica) y la autodenominada izquierda auténtica (la más… más, podríamos llamar) no se cortó a la hora de ondear la bandera socialdemócrata. Vale, sé que era estrategia electoral, pero, lo cierto es que por una razón u otra, la etiqueta socialdemócrata es algo que algunos quieren colocarse como una manera de decir “oye, que no estamos locos, ni somos unos chiflados, nos podéis votar”.

 

Ciertamente, esta situación no me parece excesivamente preocupante, más allá de lo que supone de utilización de los términos para intereses propios a costa de ocultar tus verdaderas intenciones. Vamos, lo que se viene llamando engañar al personal.

 

Ante esto, la socialdemocracia no solo compite con el contexto socioeconómico y la necesidad de renovar su contenido y acción, sino que debe de hacerlo con quienes disfrazan sus ideas más radicalizadas predicando políticas socialdemócratas, en un lado u otro.

 

Pero la elección de Donald Trumpcomo presidente de EE.UU. nos sitúa en un escenario distinto. Un tiempo que,aunque previsible y anunciado por sus prolegómenos y lo que de cíclico tiene en la historia de la humanidad, obliga a la socialdemocracia (la practicante) a dar un paso adelante, firme, y, sobre todo, creyendo en su capacidad, su fortaleza y su preeminencia como el  mejor proyecto para sacar adelante los retos de la humanidad. También como el frente más sólido contra los populismos

 

Porque no se frena al populismo con más populismo. No es la solución el choque de trenes que vienen desde los extremos porque, con el paso de ambos trenes, hasta la colisión final, nos llevamos por delante los proyectos de millones de personas.

 

El rearme de la socialdemocracia es pues vital; la amenaza ya no procede solo de políticas neoliberales, aderezadas de conservadurismo, pero a la vez adornadas de lazos de colores y sonrisas por doquier. No, ahora la amenaza viene a cara de perro, con un discurso agresivo, que enseña los dientes al estado del bienestar, y a valores como la tolerancia y la integración.

 

Ante las políticas imposibles y las que no deben ser, la socialdemocracia tiene la obligación de fortalecerse y renovarse. Pero nos lo tenemos que creer: salir con fuerza, con entereza, con seguridad: superar una cierta etiqueta de “pagafantas” que, por nuestra idiosincrasia de actuar siempre bajo la máxima responsabilidad institucional, algunos han querido instalar a los partidos que encarnan la “amada” socialdemocracia.

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