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Redacción
Miércoles, 5 de abril de 2017
PRIMAVERA FLORIDA

Las orquídeas, tesoros ocultos en el camino

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Reportaje sobre estas flores de nuestro entorno.

Las orquídeas son el grupo de plantas con flor con mayor número de especies en el planeta, con cerca de 25.000 especies, la mayoría en zonas tropicales.

 

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En Europa, sin embargo, son menos de 300 especies, de las cuales hay alrededor de 60 en la Comunidad valenciana. En las comarcas del entorno de Mariola podemos ver unas 40 especies. El norte de Alicante y sur de Valencia, que recibe buena cantidad de lluvia, es un buen lugar para las orquídeas silvestres.

 

No es fácil localizar orquídeas en nuestros campos o bosques, porque la planta solo florece unas semanas al año y son muy poco abundantes. En primavera los campos se llenan de flores de muchas especies y entre ellas las orquídeas. Su pequeño tamaño colabora en que no destaquen. Sus flores son muy bellas y variadas, pero tan pequeñas que hay que acercarse muchísimo para observarlas o fotografiarlas, pues es en esta estación del año cuando se aprecian de verdad.

 

Para encontrarlas mejor, los aficionados a esta planta suelen estar en contacto y comunicar exactamente dónde se ubican. A veces solo hay una planta o dos y pocas veces se pueden encontrar cientos de ellas. Son unos tipos de plantas que si no las conoces, no te fijas en ellas. Esto no ocurre en las zonas tropicales donde hay grandes orquídeas y a la vez enormes cantidades de ellas.

 

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El libro ‘Orquídeas silvestres de la Comunidad Valenciana’, uno de cuyos autores es el botánico alcoyano Lluis Serra, tiene descritas todas las que podemos conocer y planos que contienen las comarcas de la Comunidad Valenciana en donde han sido vistas. Algunas solo han sido descritas en un único lugar. Existe un ‘banco de datos’ de orquídeas que va siendo actualizado cada año con la colaboración de los aficionados a ellas.

 

Eso sí, cualquiera se fijaría si la viera un ejemplar como la ‘Barlia robertiana’, conocida como la orquídea gigante, por ser la mayor de las orquídeas de Europa. Fue descubierta en un lugar de difícil acceso, aunque no peligroso, en noviembre de 2008, reconocida por sus hojas basales, que es la única parte de la planta en invierno.

 

Una vez descubierta se siguió su desarrollo con curiosidad y se fue visitando y fotografiando. Empezó a desarrollar su tallo a finales de febrero, el 22 de marzo se fotografió su primera flor, y la imagen de la planta en todo su esplendor es del 9 de abril. Esta planta, aunque no tan bella, ha vuelto a salir los años siguientes, hasta que en febrero de 2011 se encontró arrancada y sin los tubérculos de los que crece, probablemente porque se los comería un jabalí. Fue la primera orquídea de esta especie descrita en Alcoy, pero actualmente hay otras tres plantas más en la Serra de Mariola.

 

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La poca cantidad de estas plantas de cada especie es lo que obliga a preocuparnos por su conservación. A los animales no los podemos concienciar, pero a las personas sí. Las declaraciones de Microreserva de flora que hay en algunos lugares de nuestras montañas van por ese camino: la conservación de las especies más vulnerables.

 

Quienes salen al campo a disfrutar de la naturaleza también pueden ayudar a su conservación con un poco de formación sobre estas plantas. Los expertos aconsejan no tocar las orquídeas si las localizamos. Es mejor una fotografía que las inmortalizará para siempre y dejar vivir la planta, que volverá a crecer al año siguiente y tendrá oportunidad de reproducirse.

 

No se conoce el tiempo que una orquídea puede durar, pero algunas tienen al menos 10 años. En los períodos de sequía pueden no desarrollarse, pero no por ello desaparecen, permanecen en estado latente. Con las últimas precipitaciones caídas, terminamos un período de dos años con poca lluvia, con lo que este año puede ser bueno para las orquídeas.

 

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Algunas de las especies que se ven en las fotografías que acompañan este reportaje se pueden llamar en general orquídeas abejeras, por su forma de imitar a estos insectos que son los que favorecen involuntariamente su polinización. Una parte de la flor de estas orquídeas llega a un grado de sofisticación en la imitación de las abejas tan grande, en forma, color, olor y textura, que hace creer a los machos de las abejas que se trata no de una flor, sino de una hembra.

 

El macho se posa sobre ella, llegando a hacer incluso el acto sexual, y justo en ese momento, el polen, que se encuentra en dos paquetes llamados polinios, se clava sobre la abeja casi como las banderillas lo hacen en el toro, y así el insecto, sin darse cuenta, puede llevar el polen a otra orquídea similar. Se trata de un proceso complicado y esa es una de las razones por lo que son tan poco abundantes.

 

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