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Redacción
Domingo, 21 de mayo de 2017
REPORTAJE HISTÓRICO

La Librería Llácer: notas testimoniales para la historia de Alcoy

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Artículo de investigación realizado por Justo Llácer Barrachina.

Con el fallecimiento de Adela Llácer Barrachina (11-8-2010) desaparece la última propietaria de la Librería Llácer de Alcoy.

 

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Justo Llácer Payá, natural de Alcoy y nacido en 1899, era el tercero de los 6 hermanos; Francisco, Marina, Justo, Adela, Regina y Antulio e hijo de Francisco y Consuelo.

 

Empieza a trabajar desde muy joven ayudando a su padre que poseía una panadería en las proximidades de la Placeta del Fossar. Pronto empieza a trabajar por su cuenta en el oficio artesano de la encuadernación y se inicia en el periodismo y en la venta de revistas y libros en un local de la calle Pintor Casanova numero 11 (Calle Mayor) durante los años 1915 a 1917.

 

Su actividad en el campo periodístico es reconocida por el diario 'El Luchador' que el 30 de septiembre de 1914, cuando contaba Justo solo 15 años, le extiende el Carnet de Identidad con el Titulo de Redactor (que era el de periodista en aquella época), que es avalado con la firma del Gobernador Civil de Alicante, para que se le guarden toda clase de consideraciones y se le presten las facilidades necesarias para el cumplimiento de sus deberes profesionales.

 

En abril de 1924 contrae matrimonio con Adela Barrachina Andrés que, además de ocuparse de su casa y familia, le apoyó con una gran ilusión en su trabajo diario y en el desarrollo de su actividad comercial.

 

En su afán de consolidar y mejorar su actividad pone la vista en la tienda que en la calle San Nicolás número 12 tenía Ernesto Segura, como taller de encuadernación y de imprenta.

 

Un buen día de 1925 es el propio Ernesto Segura el que le dice: “Justo ¿te interesa comprarme la tienda y el taller de encuadernación?”. Con alegría desbordada llega a su casa diciéndole a su esposa que le han ofrecido al tienda de su ilusión y, entre ambos, deciden adquirirla.

 

Se cierra el acuerdo, fijándose como precio la cantidad de 5.000 + 1.500 pesetas, pagando una parte del total, 500 pesetas, mediante una letra firmada el 30 de junio de 1925 con vencimiento el 15 de julio del mismo año. El pago del importe de una compra mediante una letra de cambio era habitual en esa época. Alquila también, como vivienda, el entresuelo de la misma casa, lo que le permite atender con la máxima dedicación el negocio.

 

Enseguida le empiezan a llegar reclamaciones de deudas que su anterior propietario tenía pendientes y que no sabía que existían cuando ultimaron la compraventa del negocio. Con gran sacrificio paga las mismas y consigue afianzar el negocio que prospera con rapidez, teniendo varios vendedores ambulantes de periódicos y revistas.

 

Su labor y formalidad es reconocida a escala nacional y es nombrado corresponsal único en Alcoy de prácticamente todos los periódicos valencianos y nacionales. La excepción fue Las Provincias, cuya corresponsalía rechazó en atención y al tenerla asignada su amigo Juan Esteve, que era propietario de la papelería sita en la Calle San Francisco número 5.

 

Hay que valorar la importancia de estas corresponsalías en una ciudad de la categoría de Alcoy, con una floreciente y acreditada industria.

 

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Esta corresponsalía periodística de los periódicos editados en la región Valenciana era la de: El Luchador, de Alicante; El Pueblo Valenciano (fundado por Vicente Blasco Ibáñez, al que conocía personalmente); El Mercantil Valenciano; La Gaceta de Valencia; La Semana Gráfica de Valencia; Levante; Información de Alicante y Ciudad de Alcoy.

 

De la prensa del resto de España era corresponsal único de Alcoy de: ABC; Ahora; El Debate; El Siglo Futuro; La Lucha de Tortosa (Fundada por Marcelino Domingo) ; La Tierra; La Noche; España Nueva; La Libertad; Ya; Madrid; El Pueblo; Arriba; El Sol; La Luz; El Alcázar; El Socialista; El Siglo Futuro; El Heraldo de Madrid; Informaciones; El Día (periódico gráfico); El País; Marca; Hoja oficial del Lunes; La Vanguardia Española (que pasó a llamarse La Vanguardia); La Verdad de Murcia; Solidaridad Nacional de Barcelona; As; El Mundo Deportivo y posiblemente alguno más que no recuerdo.

 

En aquella época no se editaba ningún periódico los domingos, que se pusiera a la venta los lunes, pues el domingo era el día de descanso semanal de las empresas editoras de los periódicos.

 

Este bache periodístico se subsanaba con la publicación, por la Asociación de la Prensa de Madrid, de La Hoja Oficial del Lunes.

 

También era corresponsal de publicaciones infantiles y de revistas como: Crónica; Estampa; Vértice; Semana; Hola; Mundo Hispánico; Roberto Alcázar y Pedrín; El Capitán Trueno; El Minuto; El Pulgarcito; El Guerrero del Antifaz; La Codorniz; El TBO.

 

Como anécdota hay que decir que su gran amigo Santiago Mataix Pastor, que visitaba todos los días la librería, y que fue muchos años concejal del Ayuntamiento de Alcoy, le llamaba a veces a Justo, “Tebeo”, y a su hijo, “Tebeillo”.

 

A la llegada del correo sobre las 11 de la mañana, distribuía personalmente y a diario, los periódicos y revistas, entre todas las tiendas y vendedores. Era un espectáculo ver esta tarea que se realizaba en una sala de la sucursal de Correos, que estaba situada frente al Parterre y que estaba habilitada para este menester.

 

Justo, con la inestimable ayuda de su empleado Francisco Peidro (Paco), abría las “sacas”, que eran unos sacos de arpillera que contenían los paquetes de periódicos y revistas que se depositaban en unos bancos de madera. Con una habilidad extraordinaria y una memoria privilegiada, repartían con rapidez y a cada uno de los vendedores los ejemplares que previamente habían encargado. Terminado el reparto todos los vendedores salían disparados hacia su punto de venta, especialmente los ambulantes, que solían situarse, por lo general, en la Plaza del Ayuntamiento, esquina de las Calles San Nicolás y San Lorenzo. Era el punto más importante de venta en aquella época.

 

Aún recuerdo, a pesar de mi corta edad, y posiblemente fuera el año 1933, el número de personas que protagonizaban este acto, algunas de las cuales pueden verse en la foto del invierno 1933-34 y que superaban los 30.

 

La venta de periódicos y de revistas, en aquella época, representaba una jornada de trabajo inacabable y además durante todos los días del año, incluido los sábados y los domingos por la mañana. Solo habían dos días de fiesta al año; el día de Navidad, pues la Nochebuena era festiva en los talleres de los periódicos, y el Viernes Santo, por no trabajar tampoco los talleres de prensa el Jueves Santo.

 

Puedo dar fe del interés de los alcoyanos en comprar los periódicos recién acabada la Guerra Civil de 1936-39, con la ansiedad por conocer las últimas noticias y que en algunos días llegó a producirse una aglomeración en la tienda de la Calle San Nicolás 12 en la que, a pesar de que había 4 personas, entre las que yo estaba a pesar de mi corta edad, y que vendían la prensa con una gran rapidez., algunos días la cola llegaba hasta la calle.

 

La mayor cantidad de periódicos y revistas que se recibían en Alcoy  los vendía Justo Llácer en su tienda y por medio de los vendedores callejeros que trabajaban para él. Una parte importante la distribuía a domicilio entre una numerosa y selecta clientela, para cuyo menester llegó a tener hasta 3 repartidores a domicilio.

 

Además de su actividad periodística continuó trabajando como encuadernador, en el taller que estaba situado en la parte trasera de la tienda y que luego amplió en el entresuelo de la misma casa, cuando pasó a vivir al primer piso de la misma. Para ello contaba con la maquinaria y útiles de gran calidad. Contó con sus dos oficiales, Emilio y Remigio, y realizaba encuadernaciones artesanas y de gran calidad con los cuadernillos cosidos a mano y con las cantoneras y el lomo en piel con nervios y con los títulos grabados en pan de oro de 24 quilates. Las guardas eran de papeles esgrafiados y artesanales. También realizaba encuadernaciones más corrientes pero todas artesanales y de gran calidad.

 

En el ramo de la papelería la importancia del negocio fue creciendo, lo que le permitió tener artículos de producción propia con la marca Llácer. Eran gomas de borrar, papel higiénico, libretas de diferentes variedades y tamaños, carpetas (entre las cuales habían unas con el nombre de Recall, que es el de Llacer al revés), etc.

 

Tenía un amplio surtido de plumas estilográficas de las más acreditadas marcas de aquel tiempo: Parker, Sheaffer, Pelikan, Faber, Waterman y Mont-Blanc.

 

Como anécdota puedo decir que había clientes que querían comprar la pluma estilográfica que Justo llevaba en el bolsillo del guardapolvo, argumentando que si él la utilizaba debía ser de la máxima garantía.

 

Editaba la Embajada de Moros y Cristianos, pues era el depositario de las planchas de zinc originales, adosadas a unos tacos de madera. Desgraciadamente, con su fallecimiento, las mismas desaparecieron.

 

La venta de libros adquirió tal importancia que el establecimiento se conocía como Librería Llácer cambiando el primitivo título de ENCUADERNADOR por el de LIBRERÍA, en la fachada modernista de la tienda, que sería importante para Alcoy que se mantuviera intacta. Existe en San Sebastián la Librería Donosti que es también de estilo modernista.

 

Una clientela muy selecta y numerosa adquiría los mejores libros, tanto por su contenido como por su presentación. Muchos clientes requerían de Justo la información oportuna para efectuar una buena adquisición.

 

Disponía de un stock muy completo y de todas las editoriales españolas. Gran parte de los lectores alcoyanos adquirían los ejemplares que precisaban en la Librería Llácer.

 

Hay que considerar, como dice Rogelio Sanchís en su libro 'ALCOY, tu pueblo' que el ansia cultural alcoyana que se inició al final del siglo XIX y que en 1898 tuvo una vida floreciente en diversas sociedades con ribetes culturales muy propios, como es el caso del Circulo Industrial, se incrementó notablemente en la segunda mitad del siglo XX como nunca se había conseguido en épocas anteriores.

 

La Librería Llácer colaboró de forma muy activa y directa en esta elevación del nivel cultural alcoyano, con la búsqueda de entre las editoriales más prestigiosas de las obras de mayor reputación, lo que posibilitó y ayudó a incrementar el nivel cultural en todos los estamentos sociales y en todas las edades. Había publicaciones que recién puestas a la venta quedaban rápidamente agotadas.

 

En aquella época fueron notables las colecciones de lujosa encuadernación con piel del Instituto Gallach como: Las Razas Humanas, la Geografía Universal, la Geografía de España, la Historia de España y la Historia Natural compuesta de varios tomos. Las colecciones Obras Eternas, Crisol, Joya y Crisolín; de Editorial Aguilar y encuadernadas en piel y papel biblia; la magnífica biblioteca de la editorial Sopena, encuadernada en tela azul y con letras doradas; la editorial Afrodisio Aguado; la editorial Espasa Calpe, con el importante y completísimo Diccionario Espasa, la Colección Austral y el Summa Artis; la editorial Dosat; la Novela Rosa; la editorial Saturnino Calleja, en la que destacan los conocidos Cuentos de Calleja; las ediciones Hymsa; la editorial Gustavo Gili, y las más importantes y prestigiosas editoriales de toda España.

 

La influencia de la actividad de Justo Llácer y su aportación al desarrollo cultural de Alcoy ha sido reconocida por varias publicaciones como:   

 

-“Alcoyanos de fábula” de Ricardo Canalejas Romá en el que se hace mención a la Librería Llácer, incluyendo una foto de la tienda en la portada de la segunda parte.

 

-“Historia de Alcoy” de Julio Berenguer, en el que figura como librero y distribuidor de prensa y publicaciones.

 

Es indudable que este auge cultural fue debido a una enseñanza primaria y secundaria de alto nivel y que impartieron importantes maestros y pedagogos, entre los que citamos a:

 

- Las escuelas primarias de San Vicente Paul (Las Paulas) y Nuestra Señora del Carmen (Las Carmelitas).

 

- Academia de Rafael Simó Alós, en la que se han formado destacadas personalidades, y que contó con la colaboración de María Visedo.

 

- Escuela Pública de Ribera.

 

- Escuelas Salesianas.

 

- Academia Luis Vives, conocida como Tecnos.

 

- Instituto de Enseñanza Media, que estaba ubicado junto a la glorieta en la Plaza San Francisco, y que luego se trasladó a la Escuela Industrial, en la que impartieron enseñanzas catedráticos de altísimo nivel  como: José Boluda San José, Salvador Segura, Eduardo Nagore, Demetrio T. Gonzalo, Enrique Villar, Miguel Angel Martin  y quien la dirigió durante muchos años y eficacia Guillermo Berenguer.

 

La Escuela Industrial de Alcoy, que fue pionera en España, estuvo dirigida en su inicio por el Ingeniero de Caminos Canales y Puertos Juan Subercase, luego director de la prestigiosa Escuela de Ingenieros de Caminos Canales y Puertos, que fue la única que existía en España en esa época y que estaba situada en el Parque del Retiro de Madrid.

 

Desde el punto de vista contable, Justo contó con la colaboración de Enrique Pérez, lo que le permitió a dedicarse de lleno a la actividad comercial y en atender y aconsejar a su numerosa y selecta clientela.

 

Espero que estas notas testimoniales aporten datos para un mayor conocimiento para la Historia de mi querido Alcoy.

 

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Artículo escrito por Justo Llácer Barrachina, Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Caminos.

 

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