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Santiago Doménech
Viernes, 29 de diciembre de 2017

España, 2017

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Artículo de opinión del periodista Santiago Doménech.

España. ¿Qué es España? Es una pregunta que me he ido formulado estos últimos días, antes de intentar enmarcar el retrato de la España de 2017. Un año convulso, insólito y agitado.   

 

España es un país que diría que este año ha pedido permiso a su sagrado fútbol, para conceder a la Política el dominio de las discusiones entre cañas y servilletas de Gracias por su Visita. Un país que afirma haber visto crecer brotes verdes desde la moqueta y niega haber visto semillas desde el barro. Un país que aclama la vuelta de cerebros fugados para que intenten orientar a quienes les desterraron. Un país más cualificado pero no más saciado.

 

España es un país de identidad erguida y política encorvada. Un país donde abundan las etiquetas y escasean los matices. Un país que va abriendo la mente mientras va cerrando posturas. Un país que ya no habla de bandos pero sí de banderas. Símbolos altamente inflamables que provocan un gigantesco humo que nubla el horizonte. España es un país enfrentado a garrotazos cuando se siembra la tensión pero unido en el abrazo cuando se perpetra el terror.

 

Pero España, ¿qué es España? Podemos hablar de “país”, de “Estado”, de “pueblo”, de “conjunto de naciones” o de aquello que ponga la Constitución. Conocida como ‘La Venerada’ por quienes ante ella se arrodillan dando la espalda al debate político. Conocida como ‘La Anticuada’ por quienes le señalan los síntomas de una supuesta crisis de los cuarenta.“Otro año más sin reformarla”, lamenta uno. “¡Mejor sigamos esperando!”, propongo yo. No vaya a ser que una nueva Constitución, consensuada por esta generación de políticos en Modo Avión, pase a la historia como la Ley apadrinada por la sordera.

 

España es un país de pensionistas que temen tener que martillar sus huchas y defraudadores que deciden derramar sus buches. Un país cabreado al asumir abismales facturas de luz y amañadas facturas del gas. Un país más realista, con los pies en un suelo de cláusula. Un país más contenido, que de reojo observa las nubes para comprobar cómo ascienden precios de viviendas.

 

España es un país que arropa sus vergüenzas con carteles de bienvenida a personas que siguen llamando a la puerta. Un país que pone voz al amargo silencio de mujeres y que seguirá rompiéndose la garganta para recordar que ‘No’ quiere decir ‘No’. Un país que escucha precisamente ese lema en boca de un resucitado líder que desafió a un enorme espejismo andaluz. Un país que se rinde ante el eterno Chiquito, la ‘Patria’ de Aramburu, la inagotable canción del verano y la visita de la muy honorable Madre de Dragones.

 

España es país de números uno. De renacido Rafa y magnífica Garbiñe. De blanca duodécima. De antiguo Calderón y nuevo Wanda. De laureado delantero que abucheado se va por la puerta trasera. Un país que desempolva los 12+1 de la vitrina, que brilla tanto como el éxito del joven campeón de Cervera.

 

España es país que espero que este año no se esté crispando durante los encuentros navideños, exactamente antes de brindar con cava. Un país que ahora al turrón castiga si contiene veneno de palma.

 

Queridos amigos, así es como uno observa el retrato colectivo de la España de 2017. Veremos cómo dibujamos 2018. ¡Feliz año nuevo!

 

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