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Redacción
Lunes, 7 de mayo de 2018

Sobre el respeto

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Artículo de opinión de Evarist Carbonell, miembro de Ciudadanos Alcoy.

Dice la Real Academia Española de la Lengua (RAE) respecto de este  término, en sus acepciones primera y segunda, “veneración, acatamiento que se hace a alguien” y “miramiento, consideración, deferencia”.

 

Estas definiciones difícilmente pueden dar en la diana respecto de aquello que pide una persona cuando solicita respeto, pero respeto respecto de qué o respecto de quien, sería la cuestión que cabría plantear.

 

Toda persona tiene un derecho intrínseco a que se la respete como tal, solamente por el hecho de serlo y en este sentido no tiene ningún sentido que a una persona se le pierda dicho respeto, pues por su sola condición de persona lo merece.

 

Otra cuestión más discutible sería el respeto que hay que tener frente al ejercicio que esas personas puedan hacer dentro de su profesión o en el ejercicio de sus actos, tanto públicos como privados y en este sentido, el respeto hay que ganárselo, por lo que no se puede exigir a la población el respeto frente a una determinada acción emanada de la condición de una determinada persona. Se debe respetar a todas las personas pero sus actos y decisiones pueden no ser respetadas, aunque sí acatadas, y por tanto se puede opinar y dar opinión respecto de esos hechos, palabras, acciones, etc.

 

Acatar una cuestión no significa respetarla, pues el acatamiento se puede deber a la posición dominante de la persona que la emite y así, el empleado acata las órdenes que le da su jefe aunque no necesariamente esa acción de acatamiento implicará que respeta la decisión, ya que esta puede ser injusta, pero el simple hecho de que la persona de la cual emana la orden esté situada jerárquicamente por encima del que la ejecuta hace que sea realizada. Eso no significa que la persona ejecutante asuma e interiorice la orden recibida ya que esta puede ser contraria a su ética, a su moral o a los principios de vida y creencias propios.

 

Y por supuesto se tiene el derecho a la discrepancia, derecho a poder opinar y decir aquello que se piensa respecto de la orden recibida o respecto de la opinión de otra u otras personas. Se puede leer un artículo de opinión o cualquier otro tipo de documento, y se puede estar de acuerdo o no con el autor o autores, que merecen por el hecho de ser personas todo el respeto, pero se puede discrepar y en ese caso se debe dar argumentación respecto de la cuestión con la que no se está de acuerdo. En eso está la riqueza del ser humano, en poder discrepar del otro, siempre respetándolo como persona. Y se puede discrepar de todo, incluso de aquello a lo que se le ha dado una condición de infalibilidad o de respeto necesario, cuestión esta que no viene determinada por ningún ser superior, si no por los propios hombres a los que les viene muy bien el investir a sus palabras de magnificencia.

 

Quien habla o escribe para dar su opinión o para sacar unas conclusiones, a partir de unas premisas puede equivocarse, y si se equivoca, es deber del resto de ciudadanos hacérselo ver para que pueda salir de su error, si así lo considera o bien, mantenerse en su opinión a pesar de poder estar equivocado. En esto los humanos somos muy proclives a querer mantener nuestras opiniones y/o argumentaciones aunque se nos den pruebas fehacientes de nuestro error. Pruebas y argumentaciones que se deben dar, siempre desde el respeto hacia la persona.

 

Hay que respetar plenamente a la persona pero sus opiniones, acciones, etc. han de hacerse merecedores de ese respeto. Desgraciadamente, en este momento que nos ha tocado vivir, son muchas las personas e instituciones que demandan respeto hacía sus decisiones, aunque estas decisiones no sean compartidas por cientos de miles de otras personas. Y aquí estriba otro de los problemas, que el disentimiento por parte de la mayoría de la población tampoco implica que haya error en los planteamientos o en las decisiones de quien las emite.

 

Por lo tanto, acatemos aquello a lo que estemos obligados, aunque no lo compartamos pero opinemos y argumentemos, siempre desde el respeto, para de esta manera poder conseguir mejores axiomas, que nos permitan avanzar en una sociedad que pretende progresar para que sus ciudadanos tengan mejores condiciones de vida de las que se tuvieron en el pasado o incluso de las que se tienen en este momento. La sociedad está llamada a evolucionar y nunca a involucionar.

 

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