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Redacción
Jueves, 10 de mayo de 2018
BENESTAR FISIOTERAPIA

¿A quién no le han dolido las rodillas alguna vez?

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FISIOTERAPIA. Es una de las partes del cuerpo más inestable y de las que más peso soporta.

Como es natural, con el paso del tiempo todas las cosas se desgastan. Pues eso mismo es lo que sucede en las articulaciones de nuestro cuerpo, que conforme va pasando el tiempo se van deteriorando y los cartílagos que las protegen van perdiendo su grosor, de forma que empieza a rozar hueso contra hueso, es decir, sufrimos artrosis, como explica Adolfo Sancho, de Benestar Fisioterapia.

 

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Hoy en día, además del paso del tiempo, tenemos otros factores que favorecen la aparición de la artrosis, como son una nutrición deficiente, la falta de ejercicio físico y el sedentarismo o el sobrepeso. La rodilla es la articulación más inestable del cuerpo y además es una de las que más peso soporta, dos factores que hacen que sea una de las articulaciones que más frecuentemente se ve afectada por la degeneración artrósica.

 

Cuando el cuerpo detecta esta degeneración en la rodilla, activa un mecanismo de defensa que consiste en intentar bloquear la rodilla y restarle movimiento, mediante el espasmo, un acortamiento o perdida de elasticidad, de los músculos que se insertan en la cara posterior de la rodilla, los isquiotibiales y los gemelos, principalmente. Esta pérdida de elasticidad muscular provoca una sobretensión en los tendones de los músculos afectados.

 

Es lo que a su vez ocasiona que muchas personas de avanzada edad caminen con las rodillas ligeramente flexionadas, y que sean incapaces de estirar las piernas completamente. Bien, pues cuando un tendón está sometido a una tensión anormal, empieza a transmitir señales nociceptivas negativas, de dolor, al sistema nervioso, lo que es un aviso de que está sufriendo y espera una solución a su problema. Además este exceso de tensión también se transmite a la inserción del tendón sobre el hueso, es decir, el punto donde el tendón se engancha al hueso, creando una irritación del periostio, la capa mas externa del propio hueso, que a su vez empieza a transmitir información nociceptiva al sistema nervioso para informarle de su estado de sufrimiento.

 

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También hemos de tener en cuenta que cuando un músculo se espasma, las arterias que lo recorren se espasman, dificultando la irrigación sanguínea de la zona, y provocando un déficit de oxígeno y nutrientes en los tejidos de alrededor, lo que suma otra información nociceptiva en la zona de la rodilla, en este caso.

 

La artrosis provoca una serie de procesos de los que hemos oído hablar muy poco, y que son los responsables de la mayor parte del dolor que sentimos en una articulación artrósica, sobre todo en fases iniciales, ya que cuando el cuerpo manda una señal nociceptiva, si no se soluciona el problema que la provoca, esta será cada vez de mayor intensidad, lo que significará más dolor.

 

Por tanto, sabemos que la artrosis no se cura, al menos hoy en día, pero conlleva una serie de procesos que si son solucionados, como es devolver elasticidad a los músculos espasmados, mejorar el aporte sanguíneo a la zona dañada, rebajar las tensiones a nivel de las inserciones musculares… disminuirán nuestro dolor considerablemente, mejorando así nuestra calidad de vida, algo para lo que es necesario poner en manos de un fisioterapeuta como nos explica Adolfo Sancho, de Benestar Fisioterapia.

 

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