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Redacción
Martes, 22 de mayo de 2018
BENESTAR FISIOTERAPIA

Estrés, el veneno de nuestro siglo

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FISIOTERAPIA. El estrés provoca una serie de consecuencias físicas que se pueden tratar.

Una persona desarrolla estrés cuando existe un desequilibrio entre la carga psicológica soportada, es decir, aspectos como los problemas familiares o laborales, la pérdida de un ser querido, discusiones o enfrentamientos, miedos... y la capacidad de enfrentarse a estas dificultades.

 

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Según nos explica Adolfo Sancho de Benestar Fisioterapia, el grado de estrés depende de la capacidad de cada individuo para responder a las presiones externas. Hoy en día este desequilibrio se da en multitud de personas debido a que la situación socioeconómica actual nos somete a una presión excesiva, pues añadimos problemas como la hipoteca, el miedo a perder el trabajo, los mayores o los hijos a nuestro cargo... que la mayoría no somos capaces de digerir y por tanto somos víctimas del estrés.

 

Aquí no se van a encontrar métodos para enfrentarnos a este estrés, ni de qué debemos hacer o cómo debemos comportarnos para ser más capaces de dominar estas situaciones en nuestro día a día, ya que en estos aspectos quien más puede orientar o ayudar es un psicólogo.

 

Como fisioterapeuta, existen una serie de consecuencias físicas que se sufren al estar sometidos a un estrés constante, y que limitan la capacidad vital de forma muy considerable, aunque no nos demos cuenta de ello.

 

En primer lugar, el estrés es uno de los factores de riesgo cardiovascular más importantes. El estrés aumenta la actividad del sistema nervioso simpático o estado de alerta y produce un aumento de catecolaminas en sangre, lo que a su vez provoca un incremento del colesterol y azúcar sanguíneos, así como un aumento de la presión arterial y una rigidez en las fluctuaciones del ritmo cardiaco.

 

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Este aumento de actividad del sistema nervioso simpático, se traduce en un estado de alerta permanente que nos dificulta el dormir, que hace que el sueño no sea reparador y que por tanto tengamos un estado de fatiga constante, que aparezcan tensiones musculares en partes del cuerpo como la mandíbula, los hombros o el cuello. Que la concentración de catecolaminas en sangre sea elevada nos hace desarrollar un síndrome metabólico que consiste en un aumento de colesterol y azúcar en sangre, con las consecuencias que todos sabemos y con la consiguiente toma de medicamentos.

 

Que el corazón esté trabajando constantemente por encima de su ritmo normal hace que todos los ligamentos que lo sujetan a la columna vertebral, esternón y diafragma se tensen y se fibrosen bloqueando todo el tórax, la columna dorsal y el diafragma. Como consecuencia, los órganos abdominales no funcionarán correctamente ya que necesitan del movimiento diafragmático para poder funcionar al 100%, además nuestra respiración se verá dificultada tanto por el bloqueo diafragmático como por la rigidez torácica.

 

Entonces empezaran a aparecer problemas digestivos, de estreñimiento, renales, pero sobre todo problemas cardiacos y respiratorios. Aparecerán arritmias cardiacas, anginas de pecho, infartos de miocardio como consecuencia de que el corazón necesita hacer un esfuerzo extra para poder seguir bombeando sangre a todo el cuerpo y llega un momento en el que se fatiga y aparececen todos estos síntomas.

 

Además debemos sumarle que los pulmones no son capaces de llenarse del oxígeno suficiente, ya que se encuentran comprimidos en un tórax no flexible y por tanto nuestra sangre será menos oxigenada con lo que nuestros músculos, nuestro cerebro y nuestras vísceras estarán trabajando con menos oxígeno del necesario. El corazón es nuestro musculo principal y ello originará que 'pidan' más sangre, obligando a nuestro corazón a bombear más rápido y más fuerte, es decir, que se produzca un aumento de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial.

 

Estos problemas de rigidez torácica y sus consecuencias se mantendrán en el tiempo, aunque ya no tengamos estrés o ansiedad, mientras no hayamos realizado un trabajo de liberación fascial sobre nuestro tórax, cuello, cabeza, diafragma y órganos internos, como son el corazón, los pulmones, el hígado o el estómago.

 

La medicación para regular la tensión arterial y el colesterol suele ser crónicas o sea para toda la vida y en lugar de ir reduciéndose las dosis, estas van aumentando; seguramente será porque la medicación sola no libera nuestro sistema cardiovascular, seguramente será porque nuestro corazón necesita además la ayuda de la terapia manual de un fisioterapeuta, como apunta Adolfo Sancho de Benestar Fisioterapia.

 

En resumen, el estrés es el veneno silencioso que nos resta vitalidad, bienestar y días de vida, y que sufrimos la inmensa mayoría de los humanos sin darle importancia, ni prestarle la atención debida. Si tienes taquicardia, tensión arterial elevada, te ahogas al mínimo esfuerzo, notas rigidez en su cuello, no puedes dormir o no descansas bien por las noches, seguramente eres una víctima más de este veneno. Adolfo lo tiene claro "hágaselo mirar, su corazón lo agradecerá”.

 

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