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Las Primeras Comuniones y los intereses creados

Redacción - Dilluns, 17 de Maig del 2010
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Ismael Ortiz Company, párroco de Santa María. En mayo predomina el color blanco de las Primeras Comuniones. Llevo años observando las Primeras Comuniones. Al igual que las bodas, no se escapan de llos tentáculos dominantes de la sociedad de producción y consumo . Generalizar siempre será injusto. Meter todo en un mismo saco sería inapropiado y poco inteligente.  Son varios los factores que intervienen con sus diferentes intereses. Los niños son los protagonistas, pero muchas veces lo son más sus propios padres y el entorno familiar. Ahí está la parroquia con las programaciones propias de la catequesis de infancia. Si la familia no participa en la vida de la parroquia, la Primera Comunión suele convertirse en estación de término. Si la prioridad no es el crecimiento en la vida cristiana de los hijos, con el acto social terminará la relación con la parroquia. Con el paso del tiempo se han ido creando muchos intereses alrededor del hecho de las Primeras Comuniones. Lo secundario ha ido cobrando fuerza desplazando lo esencial. Desde las parroquias nos puede dar la impresión de que luchamos contra un gigante con los pies de barro cuando mandan los intereses comerciales. Si alguna vez se ha intentado un cambio razonado en función de los criterios de la Iglesia, el comercio ha protestado al verse amenazado en sus propios intereses. Cuando las familias de los niños están más abocadas a lo externo, las cosas tienen dificil solución. La misma sociedad que favorece el estilo consumista, es la que protesta por los gastos que suponen las Primeras Comuniones. Como en las bodas, los gastos en los que se embarca una economía familiar nada tiene que ver con la celebración religiosa. La Iglesia siempre ha ofrecido una llamada a la sobriedad ante la que muchas familas hacen oídos sordos. Es posible que lo que no consigue el razonamiento de esa “catequesis de la sobriedad” lo consiga la actual situación de crisis económica que vivimos. Lo triste es que nos pase desapercibida la crisis: la de los valores. Hay interesantes excepciones, pero en general manda la utilización de un servicio religioso de la Iglesia sobre un planteamiento de vida cristiana que celebra los sacramentos en coherencia con la fe que se profesa. En lo que toca a la Iglesia, intentamos hacer las cosas lo mejor posible, sin despreciar a nadie. Pero nos gustaría que las cosas fueran de otra manera. Todos somos en parte responsables del actual estado de cosas. Todos tendríamos que buscar una mayor coherencia en el tema que nos ocupa. En contra de lo que piensan muchos, la prioridad de la Iglesia en la catequesis y celebración de los sacramentos no es la cantidad de personas que participan, sino la calidad e integridad de lo que se hace. Si queremos ganar identidad, hemos de acentuar la exigencia sin miedo a perder relevancia social. Al respecto, algunos dicen que si se exigimos mucho perderemos “clientela”. Pero es mejor verlo de otra forma: si se exige lo que se debe, estarán los que deban estar. Y el mejor servicio a los demás, incluso a los que no están en la Iglesia, siempre será hacer lo que debamos hacer, y no lo que los demás quieren que hagamos para satisfacer sus personales intereses.
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