Ramón Requena, editor de pagina66.com
No, el orden de la pregunta que titula este artículo no es un fallo del corrector del Word. Tampoco intento imitar burdamente al maestro Yoda de la Guerra de las Galaxias. Es que acabo de leerle a mi hijo un cuento, de Giovanni Rodari, en el que un niño siempre hacía las preguntas al revés. Nadie comprendía al protagonista del relato. Nadie le contestaba. Hasta que de viejo murió y los científicos más expertos investigaron la razón y llegaron a la conclusión de construía las preguntas al revés porque nunca aprendió a ponerse los calcetines al derecho.
No sé si será por las muchas horas trabajando, por los cambios en el tiempo o porque creo que me quedo sin vacaciones, pero la cuestión es que el niño que preguntaba al revés me ha hecho reflexionar porqué las cosas son como son y a la vez me han vuelto a la cabeza las tablas salariales que ayer, que por aquello de las rebajas en los sueldos de alcalde, concejales, asesores y técnicos varios, tuvo a bien en enviarnos Elena, del gabinete de prensa del gobierno municipal.
Reviso los sueldos: 60.000, 50.000, 40.000… y no soy capaz de saber si me parece bien o me parece mal. Ni tan siquiera estoy seguro de que el 8%, el 7%, el 6% de rebaja sea poco, mucho o todo lo contrario. Desde siempre he opinado que era bueno que los gestores de la cosa pública cobrasen bien por dos razones. La primera, obvia; a mejor sueldo, menor tentación de meter la mano, aunque bien pensado el problema de la corrupción no suele ser personal sino de partido. La segunda, la importante; está claro que si no se paga bien a los encargados de lo común, será difícil que los mejores quieran dejar el ámbito privado, aunque sea por unos años. Pero ¿cuánto es suficiente?
Quizás, como se recomienda en las nuevas teorías de organización empresarial, debamos ajustar los salarios a objetivos alcanzados. Claro que esta idea es como las preguntas del niño del cuento de Rodari, que en lugar de preguntar por qué los muebles tenían cajones se cuestionaba por qué los cajones tenían muebles. Y es que tengo que confesar un problema: cuando conduzco me cuesta distinguir entre la izquierda y la derecha. De todas formas, si lo pensamos bien, las preguntas hechas al revés tienen más sentido del que parece. A lo mejor la pregunta correcta sería ¿no sería mejor realizar otro tipo de gestos de contención del derroche público más coherentes y útiles?
No, el orden de la pregunta que titula este artículo no es un fallo del corrector del Word. Tampoco intento imitar burdamente al maestro Yoda de la Guerra de las Galaxias. Es que acabo de leerle a mi hijo un cuento, de Giovanni Rodari, en el que un niño siempre hacía las preguntas al revés. Nadie comprendía al protagonista del relato. Nadie le contestaba. Hasta que de viejo murió y los científicos más expertos investigaron la razón y llegaron a la conclusión de construía las preguntas al revés porque nunca aprendió a ponerse los calcetines al derecho.
No sé si será por las muchas horas trabajando, por los cambios en el tiempo o porque creo que me quedo sin vacaciones, pero la cuestión es que el niño que preguntaba al revés me ha hecho reflexionar porqué las cosas son como son y a la vez me han vuelto a la cabeza las tablas salariales que ayer, que por aquello de las rebajas en los sueldos de alcalde, concejales, asesores y técnicos varios, tuvo a bien en enviarnos Elena, del gabinete de prensa del gobierno municipal.
Reviso los sueldos: 60.000, 50.000, 40.000… y no soy capaz de saber si me parece bien o me parece mal. Ni tan siquiera estoy seguro de que el 8%, el 7%, el 6% de rebaja sea poco, mucho o todo lo contrario. Desde siempre he opinado que era bueno que los gestores de la cosa pública cobrasen bien por dos razones. La primera, obvia; a mejor sueldo, menor tentación de meter la mano, aunque bien pensado el problema de la corrupción no suele ser personal sino de partido. La segunda, la importante; está claro que si no se paga bien a los encargados de lo común, será difícil que los mejores quieran dejar el ámbito privado, aunque sea por unos años. Pero ¿cuánto es suficiente?
Quizás, como se recomienda en las nuevas teorías de organización empresarial, debamos ajustar los salarios a objetivos alcanzados. Claro que esta idea es como las preguntas del niño del cuento de Rodari, que en lugar de preguntar por qué los muebles tenían cajones se cuestionaba por qué los cajones tenían muebles. Y es que tengo que confesar un problema: cuando conduzco me cuesta distinguir entre la izquierda y la derecha. De todas formas, si lo pensamos bien, las preguntas hechas al revés tienen más sentido del que parece. A lo mejor la pregunta correcta sería ¿no sería mejor realizar otro tipo de gestos de contención del derroche público más coherentes y útiles?


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de Página66.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.210