Pixar nos enamora por enésima vez.
[caption id="attachment_13680" align="alignleft" width="231" caption="Ilustración de Antonio Pastor"]
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Un verano más, la factoría Pixar demuestra lo que es hacer buen cine. Son los nuevos reyes magos, los únicos capaces de devolvernos la ilusión a los cinéfilos. Resulta increíble la capacidad de esta gente para mantener un nivel de calidad estratosférico en absolutamente todas sus películas. Por supuesto que todos tenemos nuestras favoritas, pero, ¿sería alguien capaz de decir que alguna peli de Pixar es mala? Yo no, desde luego.
En esta ocasión, se trata de un regreso a los orígenes de la factoría. Hace 15 años nos soprendieron con una maravilla de película acerca de unos juguetes y sus aventuras cuando nadie les miraba. Tras una enorme secuela que en absoluto desmerecía a la original, tocaba cerrar el círculo. Andy, el niño dueño de los juguetes, se ha hecho mayor, y deben encontrar un nuevo hogar. Acabarán llegando a una guardería, teóricamente el mejor lugar el mundo para ellos, pero allí nada es lo que parece.
En mi opinión, el gran mérito de Pixar es que, poseyendo el estudio de animación más avanzado del mundo, con sofisticadísimos sistemas capaces de crear personajes y escenarios tan realistas que casi nos parece estar viendo una película de acción real, no se conforman con eso. Y la prueba es que en Toy Story 3, como en el resto de sus películas, la clave está en el guión. Es una historia que lo tiene todo: te atrapa lo suficiente para que no te aburras en ningún momento, te divierte sin cansarte, te emociona sin caer en la lágrima fácil. Lo tiene todo, pero todo en su justa medida. Además, el mérito se incrementa al tratarse de una película enormemente coral, en la que todos los personajes tienen su desarrollo y en algunos casos, su momento de gloria.
¿Los momentos estelares? Muchos: la gloriosa huida del señor Patata, el modo flamenco de Buzz Lightyear, los homenajes a La gran evasión y al cine de mafiosos, la evocación del pasado de Sonrisas (el payaso)... incontables momentos de una película que no dejará indiferente a nadie. Qué sería de nosotros sin Pixar.
Antonio Moreno Crespo
http://laguaridadebelerofonte.blogspot.com
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Un verano más, la factoría Pixar demuestra lo que es hacer buen cine. Son los nuevos reyes magos, los únicos capaces de devolvernos la ilusión a los cinéfilos. Resulta increíble la capacidad de esta gente para mantener un nivel de calidad estratosférico en absolutamente todas sus películas. Por supuesto que todos tenemos nuestras favoritas, pero, ¿sería alguien capaz de decir que alguna peli de Pixar es mala? Yo no, desde luego.
En esta ocasión, se trata de un regreso a los orígenes de la factoría. Hace 15 años nos soprendieron con una maravilla de película acerca de unos juguetes y sus aventuras cuando nadie les miraba. Tras una enorme secuela que en absoluto desmerecía a la original, tocaba cerrar el círculo. Andy, el niño dueño de los juguetes, se ha hecho mayor, y deben encontrar un nuevo hogar. Acabarán llegando a una guardería, teóricamente el mejor lugar el mundo para ellos, pero allí nada es lo que parece.
En mi opinión, el gran mérito de Pixar es que, poseyendo el estudio de animación más avanzado del mundo, con sofisticadísimos sistemas capaces de crear personajes y escenarios tan realistas que casi nos parece estar viendo una película de acción real, no se conforman con eso. Y la prueba es que en Toy Story 3, como en el resto de sus películas, la clave está en el guión. Es una historia que lo tiene todo: te atrapa lo suficiente para que no te aburras en ningún momento, te divierte sin cansarte, te emociona sin caer en la lágrima fácil. Lo tiene todo, pero todo en su justa medida. Además, el mérito se incrementa al tratarse de una película enormemente coral, en la que todos los personajes tienen su desarrollo y en algunos casos, su momento de gloria.
¿Los momentos estelares? Muchos: la gloriosa huida del señor Patata, el modo flamenco de Buzz Lightyear, los homenajes a La gran evasión y al cine de mafiosos, la evocación del pasado de Sonrisas (el payaso)... incontables momentos de una película que no dejará indiferente a nadie. Qué sería de nosotros sin Pixar.
Antonio Moreno Crespo
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