Artículo de opinión de Rafael Adrian Serrano. Candidato a la Alcaldía de Alcoy por UPyD.
Ahora que se está viendo la posibilidad de que los vecinos y entidades de nuestra ciudad puedan conocer y decidir sobre la urbanización de la Plaza de Al-Azrac, es un buen momento para plantearse que lo que es positivo para una plaza lo es más aún para el planteamiento urbanístico de nuestra ciudad en su conjunto y el hecho de la participación buenísimo para la salud democrática en general.
La legislación española está llena de referencias a la necesaria participación ciudadana en los asuntos públicos; la Constitución Española, los Estatutos de Autonomía, la Ley del Suelo etc.
Es evidente y deseable que así sea, ya que en una sociedad democrática, donde se afirma que la soberanía reside en el pueblo, no puede ser que a la hora de la acción política, a la hora de las decisiones que afectan a todos, se pase “soberanamente “del pueblo soberano.
Y eso precisamente es lo que viene ocurriendo en nuestro país y en nuestra ciudad. En Alcoy, las referencias a la participación ciudadana, se quedan en una declaración de intenciones que, a la hora de la verdad, ni se desarrolla ni se fomenta; ni se definen los medios, ni la forma de dicha participación, con lo cual la cosa se queda en nada. Más bien se hace todo lo posible para que la ciudadanía no se entere de lo que se cuece, todo el protagonismo se lo adjudican los partidos políticos y como éstos no hacen más que tirarse los trastos a la cabeza, reina la confusión y llega un momento en el que los ciudadanos ni se enteran ni les quedan ganas de enterarse.
Cuando se critica esta falta de participación, la contestación es que el pueblo ya decide cada cuatro años y que si no está conforme que se aguante hasta las próximas elecciones…. Es la lógica de los viejos partidos, que confunden las elecciones con cheques en blanco, para hacer y deshacer a su antojo, la que los impulsa a enrocarse y a no ceder ni un milímetro del inmenso y despótico poder que han ido acumulando. Las diferencias entre ellos parecen muchas pero, en definitiva, todas se concentran en quien tiene el poder, quien gana las elecciones y a quien le toca esperar en el banquillo hasta la próxima ocasión. Los únicos que presentan alguna iniciativa de consulta ciudadana son los nacionalistas, pero sólo si es para ahondar en los privilegios territoriales de los que ellos son sus más fervientes y sentidos representantes.
Esto es así en general, y también en lo particular. Un buen ejemplo de ello es como se desarrolla en la práctica una cuestión tan importante como es el planeamiento urbanístico.
En Alcoy la inmensa mayoría de los ciudadanos no tiene ni idea del planeamiento urbanístico de nuestra ciudad; y no hablo de las cuestiones técnicas, hablo de la ignorancia sobre las intenciones de ése planeamiento, intenciones que se recogen en los planes generales de ordenación urbana y que, en el colmo de la transparencia, se exponen al público durante unos cuantos días. Y, ojo, estamos hablando de una de las cuestiones más importantes que se dan en un municipio, es decir, opinar y decidir sobre cuánto debe crecer el suelo urbanizado, dónde se prohíbe la construcción, cuántas alturas deben de tener los edificios, si la ciudad debe ser más o menos densa, dónde se sitúan los parques y las zonas industriales, hasta qué punto queremos mantener o variar las zonas históricas de nuestra ciudad, etc. En definitiva, el modelo de ciudad que queremos para nosotros y para nuestros hijos.
Ninguno de los partidos con representación en el Ayuntamiento ha exigido una consulta popular para decidir sobre el modelo de ciudad que queremos. Estoy seguro de que si lo hubieran hecho, el sentido común hubiera tenido una oportunidad y no estaríamos discutiendo aún, a estas alturas, si la Canal sí o no, si la Rosaleda baja o sube de nivel, si el Boulevard para hoy o para mañana o si el hotel en la Font Rotja o en la sala de estar del Sr. Ripoll. Y nos hubiéramos ahorrado mucho de urbanismo desaforado, muchos pleitos con la Justicia, dolores de cabeza y, de paso, disfrutaríamos de unas finanzas municipales mucho menos esqueléticas de las que actualmente tenemos.
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Lo que nosotros queremos, y vamos a exigir desde el Ayuntamiento, es que se cuente con el conocimiento y la voluntad de los vecinos a la hora de desarrollar los planes de ordenación, porque la participación ciudadana es el elemento fundamental para regenerar la democracia y para que todos nos sintamos identificados con el entorno físico y social en el que se desenvuelven nuestras vidas. Y que no nos digan que no puede ser, que es imposible, porque sólo depende de querer devolverle a la gente el protagonismo político que los partidos han monopolizado. De contar con los ciudadanos, sus necesidades y sus anhelos y no sólo con los votos que les permiten mantenerse en el poder cuatro años más.
Ahora que se está viendo la posibilidad de que los vecinos y entidades de nuestra ciudad puedan conocer y decidir sobre la urbanización de la Plaza de Al-Azrac, es un buen momento para plantearse que lo que es positivo para una plaza lo es más aún para el planteamiento urbanístico de nuestra ciudad en su conjunto y el hecho de la participación buenísimo para la salud democrática en general.
La legislación española está llena de referencias a la necesaria participación ciudadana en los asuntos públicos; la Constitución Española, los Estatutos de Autonomía, la Ley del Suelo etc.
Es evidente y deseable que así sea, ya que en una sociedad democrática, donde se afirma que la soberanía reside en el pueblo, no puede ser que a la hora de la acción política, a la hora de las decisiones que afectan a todos, se pase “soberanamente “del pueblo soberano.
Y eso precisamente es lo que viene ocurriendo en nuestro país y en nuestra ciudad. En Alcoy, las referencias a la participación ciudadana, se quedan en una declaración de intenciones que, a la hora de la verdad, ni se desarrolla ni se fomenta; ni se definen los medios, ni la forma de dicha participación, con lo cual la cosa se queda en nada. Más bien se hace todo lo posible para que la ciudadanía no se entere de lo que se cuece, todo el protagonismo se lo adjudican los partidos políticos y como éstos no hacen más que tirarse los trastos a la cabeza, reina la confusión y llega un momento en el que los ciudadanos ni se enteran ni les quedan ganas de enterarse.
Cuando se critica esta falta de participación, la contestación es que el pueblo ya decide cada cuatro años y que si no está conforme que se aguante hasta las próximas elecciones…. Es la lógica de los viejos partidos, que confunden las elecciones con cheques en blanco, para hacer y deshacer a su antojo, la que los impulsa a enrocarse y a no ceder ni un milímetro del inmenso y despótico poder que han ido acumulando. Las diferencias entre ellos parecen muchas pero, en definitiva, todas se concentran en quien tiene el poder, quien gana las elecciones y a quien le toca esperar en el banquillo hasta la próxima ocasión. Los únicos que presentan alguna iniciativa de consulta ciudadana son los nacionalistas, pero sólo si es para ahondar en los privilegios territoriales de los que ellos son sus más fervientes y sentidos representantes.
Esto es así en general, y también en lo particular. Un buen ejemplo de ello es como se desarrolla en la práctica una cuestión tan importante como es el planeamiento urbanístico.
En Alcoy la inmensa mayoría de los ciudadanos no tiene ni idea del planeamiento urbanístico de nuestra ciudad; y no hablo de las cuestiones técnicas, hablo de la ignorancia sobre las intenciones de ése planeamiento, intenciones que se recogen en los planes generales de ordenación urbana y que, en el colmo de la transparencia, se exponen al público durante unos cuantos días. Y, ojo, estamos hablando de una de las cuestiones más importantes que se dan en un municipio, es decir, opinar y decidir sobre cuánto debe crecer el suelo urbanizado, dónde se prohíbe la construcción, cuántas alturas deben de tener los edificios, si la ciudad debe ser más o menos densa, dónde se sitúan los parques y las zonas industriales, hasta qué punto queremos mantener o variar las zonas históricas de nuestra ciudad, etc. En definitiva, el modelo de ciudad que queremos para nosotros y para nuestros hijos.
Ninguno de los partidos con representación en el Ayuntamiento ha exigido una consulta popular para decidir sobre el modelo de ciudad que queremos. Estoy seguro de que si lo hubieran hecho, el sentido común hubiera tenido una oportunidad y no estaríamos discutiendo aún, a estas alturas, si la Canal sí o no, si la Rosaleda baja o sube de nivel, si el Boulevard para hoy o para mañana o si el hotel en la Font Rotja o en la sala de estar del Sr. Ripoll. Y nos hubiéramos ahorrado mucho de urbanismo desaforado, muchos pleitos con la Justicia, dolores de cabeza y, de paso, disfrutaríamos de unas finanzas municipales mucho menos esqueléticas de las que actualmente tenemos.
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Lo que nosotros queremos, y vamos a exigir desde el Ayuntamiento, es que se cuente con el conocimiento y la voluntad de los vecinos a la hora de desarrollar los planes de ordenación, porque la participación ciudadana es el elemento fundamental para regenerar la democracia y para que todos nos sintamos identificados con el entorno físico y social en el que se desenvuelven nuestras vidas. Y que no nos digan que no puede ser, que es imposible, porque sólo depende de querer devolverle a la gente el protagonismo político que los partidos han monopolizado. De contar con los ciudadanos, sus necesidades y sus anhelos y no sólo con los votos que les permiten mantenerse en el poder cuatro años más.




















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