Artículo de opinión de Alejandro Roselló.
Junto a los ya conocidos eufemismos bélicos (“daños colaterales”) y el empacho de los nuevos neologismos financieros (“prima de riesgo”), existe una tendencia por la cual –ya desde la escuela- se tratan a las personas como números: se cosifica al individuo particular y se le hace masa para que cuadre en encuestas y estadísticas generalizadoras, las cuales se toman como criterio para casi todo y, a menudo, como excusa para las más diversas tropelías. El uso en boga de la forma impersonal “se dice que…” a menudo esconde una estrategia de fondo nada inocente: la deshumanización del otro.
Feuerbach hablaba de “alienación religiosa” y Marx de “alienación socioeconómica”. Quizá un combinado de ambas, una especie de “alienación tecnócrata”, es la que nos está tocando los bemoles ahora; una nueva forma de control, dominio y usurpación del poder de los estados democráticos y sus ciudadanos: reverenciar los deseos de los mercados como un poder omnívoro implacable, adorar al capital como a un Dios vengativo y caprichoso al que –a la vez- amar y temer. Ya ha pasado en Grecia e Italia. ¿Pasará en nuestro país? ¿Pero quién gana dinero si quiebra España? Afanosos se multiplican los agoreros.
Las agencias de calificación y la Merkel ya presionan y meten prisas; los mercados se agobian antes de tiempo y mientras la prima sigue subiendo, la bolsa sigue cayendo. Pero Rajoy dice que no se coronará hasta que los villancicos lleguen como su investidura por Navidad. Tijeretazos y copagos –me temo- traerán este año los Reyes Magos.
Junto a los ya conocidos eufemismos bélicos (“daños colaterales”) y el empacho de los nuevos neologismos financieros (“prima de riesgo”), existe una tendencia por la cual –ya desde la escuela- se tratan a las personas como números: se cosifica al individuo particular y se le hace masa para que cuadre en encuestas y estadísticas generalizadoras, las cuales se toman como criterio para casi todo y, a menudo, como excusa para las más diversas tropelías. El uso en boga de la forma impersonal “se dice que…” a menudo esconde una estrategia de fondo nada inocente: la deshumanización del otro.
Feuerbach hablaba de “alienación religiosa” y Marx de “alienación socioeconómica”. Quizá un combinado de ambas, una especie de “alienación tecnócrata”, es la que nos está tocando los bemoles ahora; una nueva forma de control, dominio y usurpación del poder de los estados democráticos y sus ciudadanos: reverenciar los deseos de los mercados como un poder omnívoro implacable, adorar al capital como a un Dios vengativo y caprichoso al que –a la vez- amar y temer. Ya ha pasado en Grecia e Italia. ¿Pasará en nuestro país? ¿Pero quién gana dinero si quiebra España? Afanosos se multiplican los agoreros.
Las agencias de calificación y la Merkel ya presionan y meten prisas; los mercados se agobian antes de tiempo y mientras la prima sigue subiendo, la bolsa sigue cayendo. Pero Rajoy dice que no se coronará hasta que los villancicos lleguen como su investidura por Navidad. Tijeretazos y copagos –me temo- traerán este año los Reyes Magos.



















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