El Loco se ha mostrado “A solas” en el Calderón.
[caption id="attachment_41599" align="alignleft" width="300" caption="Loquillo en el concierto del Calderón"]
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Intenso e íntimo, pero también profundo, elegante y maduro son algunos de los adjetivos que podemos aplicar al concierto de Loquillo en un Teatro Calderón entregado.
“A solas”, como se llama esta gira, con una escenografía elegante, sin más elementos que los necesarios, el Loco ha demostrado, una vez más, que es de esos artistas a los la experiencia del tiempo vivido y pasado consagran al cantante incluso por encima de sus canciones.
Un “bienvenidos” al principio ha sido el simple saludo con el que ha conseguido Loquillo conectar con su público en Alcoy para comenzar presentar su último trabajo, “Su nombre era el de todas las mujeres”, que se ha convertido en su tercer disco de poemas, basados en textos de de Luis Alberto de Cuenca. Además, repaso a buena parte de su repertorio más poético, dejando en la puerta su Cadillac y otros de sus clásicos himnos.
Bernardo Atxaga, John Keats, Gil de Biedma, Jacques Brel y Luis Alberto de Cuenca han puesto las palabras en este concierto en el que el patio de butacas del Calderón se ha llenado de teléfonos y tablets para guardar también en la memoria móvil alguno de los elegantes momentos del recital en el que han acompañado al Loco Jaime Stinus y Josu García en las guitarras, Alfonso Alcalá en el bajo y en el, contrabajo, Julia de Castro con el violín, Santi Comet en los teclados y Laurent Castagnet en la batería.
Loquillo, de negro, con taburete y gafas en algunos temas porque “tenemos una edad y yo tengo dos”, ha recordado que “en esta profesión tenemos la obligación de arriesgar porque la vida es de los que arriesgan”, aunque quizás el secreto esté en la profesionalidad que ha procurado un espectáculo cuidado y bien construido.
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Intenso e íntimo, pero también profundo, elegante y maduro son algunos de los adjetivos que podemos aplicar al concierto de Loquillo en un Teatro Calderón entregado.
“A solas”, como se llama esta gira, con una escenografía elegante, sin más elementos que los necesarios, el Loco ha demostrado, una vez más, que es de esos artistas a los la experiencia del tiempo vivido y pasado consagran al cantante incluso por encima de sus canciones.
Un “bienvenidos” al principio ha sido el simple saludo con el que ha conseguido Loquillo conectar con su público en Alcoy para comenzar presentar su último trabajo, “Su nombre era el de todas las mujeres”, que se ha convertido en su tercer disco de poemas, basados en textos de de Luis Alberto de Cuenca. Además, repaso a buena parte de su repertorio más poético, dejando en la puerta su Cadillac y otros de sus clásicos himnos.
Bernardo Atxaga, John Keats, Gil de Biedma, Jacques Brel y Luis Alberto de Cuenca han puesto las palabras en este concierto en el que el patio de butacas del Calderón se ha llenado de teléfonos y tablets para guardar también en la memoria móvil alguno de los elegantes momentos del recital en el que han acompañado al Loco Jaime Stinus y Josu García en las guitarras, Alfonso Alcalá en el bajo y en el, contrabajo, Julia de Castro con el violín, Santi Comet en los teclados y Laurent Castagnet en la batería.
Loquillo, de negro, con taburete y gafas en algunos temas porque “tenemos una edad y yo tengo dos”, ha recordado que “en esta profesión tenemos la obligación de arriesgar porque la vida es de los que arriesgan”, aunque quizás el secreto esté en la profesionalidad que ha procurado un espectáculo cuidado y bien construido.




















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