Rafael Álvarez ha traído “Mujeres de Shakespeare” al Calderón.

No sé si habrá otro intérprete capaz de permanecer durante dos horas sobre el escenario y entretener, divertir y fascinar a un teatro con la obra, los temas y los personajes de Shakespeare como argumento.
Rafael Álvarez “El Brujo”, con el exacto repunte de Javier Alejano al violín ha construido un espectáculo dinámico, de simple y cuidada escenografía en la que la precisión acompaña a un aparente ir y venir.
Sobre las tablas del Calderón, la muchas del Brujo junto a Shakespeare, los ingleses, Rosalinda, los versos de humor, Catalina, los cuernos, las monarquías, Beatriz, los yernos, Julieta y hasta Fernando Fernán Gómez en el Teatro Circo de Alcoy con ratón incluido “porque en los teatros había ratones, que volverán como esto siga así”.
Siguiendo el hilo del sesudo estudio de Harold Bloom sobre el dramaturgo inglés “el problema de Shakespeare es que es inglés”, el soneto 127 y la Carta de San Pablo a los corintios (o a los romanos) y tras un entretenido prólogo, Rafael Álvarez “El Brujo” ha ido y venido del teatro hasta traer en juego continuo con el público la actualidad y las contradicciones sociales trufando de humor del XXI el universo del autor de Hamlet.
Una obra “de teatro no subvencionado” en la que la ironía gobierna apoyada en los dobles sentidos, las dobles traducciones y la interacción con el público y sus aplausos “democráticamente representativos”, quizás tras comprobar que de ocurrir realmente aquello de “me he ido del tema”, Rafael Álvarez “El Brujo” puede cumplir lo dicho “si no, hago otra obra, tengo siete, lo mismo sigo por El Lazarillo”.

No sé si habrá otro intérprete capaz de permanecer durante dos horas sobre el escenario y entretener, divertir y fascinar a un teatro con la obra, los temas y los personajes de Shakespeare como argumento.
Rafael Álvarez “El Brujo”, con el exacto repunte de Javier Alejano al violín ha construido un espectáculo dinámico, de simple y cuidada escenografía en la que la precisión acompaña a un aparente ir y venir.
Sobre las tablas del Calderón, la muchas del Brujo junto a Shakespeare, los ingleses, Rosalinda, los versos de humor, Catalina, los cuernos, las monarquías, Beatriz, los yernos, Julieta y hasta Fernando Fernán Gómez en el Teatro Circo de Alcoy con ratón incluido “porque en los teatros había ratones, que volverán como esto siga así”.
Siguiendo el hilo del sesudo estudio de Harold Bloom sobre el dramaturgo inglés “el problema de Shakespeare es que es inglés”, el soneto 127 y la Carta de San Pablo a los corintios (o a los romanos) y tras un entretenido prólogo, Rafael Álvarez “El Brujo” ha ido y venido del teatro hasta traer en juego continuo con el público la actualidad y las contradicciones sociales trufando de humor del XXI el universo del autor de Hamlet.
Una obra “de teatro no subvencionado” en la que la ironía gobierna apoyada en los dobles sentidos, las dobles traducciones y la interacción con el público y sus aplausos “democráticamente representativos”, quizás tras comprobar que de ocurrir realmente aquello de “me he ido del tema”, Rafael Álvarez “El Brujo” puede cumplir lo dicho “si no, hago otra obra, tengo siete, lo mismo sigo por El Lazarillo”.



















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