El artista Solbes Arjona nos muestra su casa-estudio (con vídeo).
“Si no fuera por el piano, por el arte, ¿qué sería de las personas?”. Con estas palabras, precursoras de lo que ha de venir, nos da la bienvenida el artista aborigen de la hospitalidad perpetua.
Hacía años, más bien décadas, que un servidor tenía la invitación cursada y pendiente. La urgencia se merienda demasiadas veces nuestros deberes importantes.
La casa-estudio de Solbes Arjona, Manolo, en el carrer El Tap es lugar de encuentro en el que la pintura, la música, la estética y hasta la economía se tornan a diario en conversación continua a través de quienes, como Lucio y Teresa el día de nuestra visita, llaman a su puerta para impregnarse de aroma a óleo, barniz y cultura.

EXPONE EN ALICANTE
El próximo martes 18 de septiembre inaugura en la Lonja del Pescado, en el puerto de Alicante. La exposición que impulsa la Diputación de Alicante, consta de más de 155 cuadros. Se va a llamar ‘Oleocentum’, un juego de términos que funden ciudad y pintura.
Las paredes de la sala de exposiciones se van a llenar de Solbes Arjona. Pero la verdadera exposición ha permanecido oculta en el interior del estudio del artista en forma de laberinto. Uno sobre otro, mantenidos por el justo equilibrio que la gravedad permite, las obras a exponer han esperado pacientemente tomando luz y creando un nuevo universo de color, de Arjona.

PINTOR DEL TERRITORIO SERPIS
Es, como nos cuenta poco después de llegar, su cueva del arte “Altamiro y yo”, el lugar de creación de este “pintor del territorio Serpis”.
Arjona es marca por sí mismo. Solbes Arjona es la firma. Pocos en Alcoy pueden asegurar que no conocen al pintor. Por eso el artista se retrata hasta el límite del abstracto “¿quién toca el piano, yo no sé, serán unos dedos que saben más que yo”. Manolo Arjona se ríe de sí mismo y se define de mil maneras hasta construir un calidoscopio en el que su pintura, el arte, la cultura, Alcoy y las fiestas se funden en un imaginario sin fronteras.
“La pintura para mí, no sólo significa que yo quiera llegar a ningún sitio, sino significa que la persona tiene la conciencia de mirar hacia atrás y ver a un niño que todavía sigue siendo niño y tonto además, que todavía sigue creyendo que la única virtualidad que existe en el mundo es verlo a través de la óptica del arte, y como por supuesto eso no tiene validez en el mundo pragmático y arribista que estamos ahora hay un espacio muy reducido en el que un aborigen vive como un aborigen”. Todo en una frase, pintura, arte y sociedad.
El entorno para Solbes Arjona es algo más que es espacio del transcurrir diario. Por eso define Alcoy como “enigmático, carismático, estupendo, creativo, artesanal”. Sin embargo, es crítico en el aspecto artístico cuando afirma que vive inmerso en “una sociedad que no tiene ni una sola galería, que los compradores de arte han desaparecido, que los coleccionistas son arcaicos y retrógrados, que las casas parecen las casas de Bélmez”. Y es que el artista no entiende el hecho de que “no tenemos un museo, ni una galería de arte, cuando somos muy cualificados en el mundo de la pintura, cuando tenemos exponentes”.

ARJONA Y LA FESTA
Se define como “machorro del abstracto”, cuya supervivencia, sobrevivencia como artista, le llega a través de “unas fiestas que yo admiro por encima de todo”. No la considera obra menor, “todo sale de la misma mano”, enfatiza al explicar que se trata de “jugar y, con toda dignidad, ofrecer un patrimonio yo creo que bestial”.
Dice que debe haber más de 1.000 cuadros de temática festera, a la que ahora añade la Cabalgata. “He superado a la fiesta, he superado la iconografía, todavía ellos no han llegado a este punto”, afirma al tiempo que se lamenta de que esas imágenes permanezcan todavía en su estudio “no deberían estar aquí, deberían estar en su correspondiente casa y de paso la supervivencia sería más amable con los artistas, que estamos creando y dignificando el patrimonio de un pueblo”.
Solbes Arjona dedica unos quince días al año a crear iconografía festera. Son fechas de creatividad intensa, de producción, aunque no se extienden, porque, como asegura “mi mano no soporta la obediencia, ni mi cerebro tampoco”.
Cuenta que a sus 67 años ha comprendido que “todo lo que salga de mis manos ha de tener, como mínimo, la categorización de creatividad”. Reconoce que es su obligación como pintor porque “la tentativa es audaz, la osadía en el mundo del arte debe ser ilimitada”.
Solbes Arjona explica que “en vez de hundirme en una controversia por el caché, por el triunfo, esa mano se ha multiplicado y he empezado a comprender que la cosa va en serio, que no tengo tiempo que perder y que el ridículo histórico no lo pienso hacer”.
Por eso promete, sin abandonar la ironía abstracta de su retrato, “seguir pintando, seguir escribiendo y seguir tocando el piano cada vez peor”, porque, como dice, “o me cualifico como pintor estupendo o soy un tonto de remate”.
Vídeo
“Si no fuera por el piano, por el arte, ¿qué sería de las personas?”. Con estas palabras, precursoras de lo que ha de venir, nos da la bienvenida el artista aborigen de la hospitalidad perpetua.
Hacía años, más bien décadas, que un servidor tenía la invitación cursada y pendiente. La urgencia se merienda demasiadas veces nuestros deberes importantes.
La casa-estudio de Solbes Arjona, Manolo, en el carrer El Tap es lugar de encuentro en el que la pintura, la música, la estética y hasta la economía se tornan a diario en conversación continua a través de quienes, como Lucio y Teresa el día de nuestra visita, llaman a su puerta para impregnarse de aroma a óleo, barniz y cultura.

EXPONE EN ALICANTE
El próximo martes 18 de septiembre inaugura en la Lonja del Pescado, en el puerto de Alicante. La exposición que impulsa la Diputación de Alicante, consta de más de 155 cuadros. Se va a llamar ‘Oleocentum’, un juego de términos que funden ciudad y pintura.
Las paredes de la sala de exposiciones se van a llenar de Solbes Arjona. Pero la verdadera exposición ha permanecido oculta en el interior del estudio del artista en forma de laberinto. Uno sobre otro, mantenidos por el justo equilibrio que la gravedad permite, las obras a exponer han esperado pacientemente tomando luz y creando un nuevo universo de color, de Arjona.

PINTOR DEL TERRITORIO SERPIS
Es, como nos cuenta poco después de llegar, su cueva del arte “Altamiro y yo”, el lugar de creación de este “pintor del territorio Serpis”.
Arjona es marca por sí mismo. Solbes Arjona es la firma. Pocos en Alcoy pueden asegurar que no conocen al pintor. Por eso el artista se retrata hasta el límite del abstracto “¿quién toca el piano, yo no sé, serán unos dedos que saben más que yo”. Manolo Arjona se ríe de sí mismo y se define de mil maneras hasta construir un calidoscopio en el que su pintura, el arte, la cultura, Alcoy y las fiestas se funden en un imaginario sin fronteras.
“La pintura para mí, no sólo significa que yo quiera llegar a ningún sitio, sino significa que la persona tiene la conciencia de mirar hacia atrás y ver a un niño que todavía sigue siendo niño y tonto además, que todavía sigue creyendo que la única virtualidad que existe en el mundo es verlo a través de la óptica del arte, y como por supuesto eso no tiene validez en el mundo pragmático y arribista que estamos ahora hay un espacio muy reducido en el que un aborigen vive como un aborigen”. Todo en una frase, pintura, arte y sociedad.
El entorno para Solbes Arjona es algo más que es espacio del transcurrir diario. Por eso define Alcoy como “enigmático, carismático, estupendo, creativo, artesanal”. Sin embargo, es crítico en el aspecto artístico cuando afirma que vive inmerso en “una sociedad que no tiene ni una sola galería, que los compradores de arte han desaparecido, que los coleccionistas son arcaicos y retrógrados, que las casas parecen las casas de Bélmez”. Y es que el artista no entiende el hecho de que “no tenemos un museo, ni una galería de arte, cuando somos muy cualificados en el mundo de la pintura, cuando tenemos exponentes”.

ARJONA Y LA FESTA
Se define como “machorro del abstracto”, cuya supervivencia, sobrevivencia como artista, le llega a través de “unas fiestas que yo admiro por encima de todo”. No la considera obra menor, “todo sale de la misma mano”, enfatiza al explicar que se trata de “jugar y, con toda dignidad, ofrecer un patrimonio yo creo que bestial”.
Dice que debe haber más de 1.000 cuadros de temática festera, a la que ahora añade la Cabalgata. “He superado a la fiesta, he superado la iconografía, todavía ellos no han llegado a este punto”, afirma al tiempo que se lamenta de que esas imágenes permanezcan todavía en su estudio “no deberían estar aquí, deberían estar en su correspondiente casa y de paso la supervivencia sería más amable con los artistas, que estamos creando y dignificando el patrimonio de un pueblo”.
Solbes Arjona dedica unos quince días al año a crear iconografía festera. Son fechas de creatividad intensa, de producción, aunque no se extienden, porque, como asegura “mi mano no soporta la obediencia, ni mi cerebro tampoco”.
Cuenta que a sus 67 años ha comprendido que “todo lo que salga de mis manos ha de tener, como mínimo, la categorización de creatividad”. Reconoce que es su obligación como pintor porque “la tentativa es audaz, la osadía en el mundo del arte debe ser ilimitada”.
Solbes Arjona explica que “en vez de hundirme en una controversia por el caché, por el triunfo, esa mano se ha multiplicado y he empezado a comprender que la cosa va en serio, que no tengo tiempo que perder y que el ridículo histórico no lo pienso hacer”.
Por eso promete, sin abandonar la ironía abstracta de su retrato, “seguir pintando, seguir escribiendo y seguir tocando el piano cada vez peor”, porque, como dice, “o me cualifico como pintor estupendo o soy un tonto de remate”.
Vídeo




















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de Página66.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.20