Juanjo Garrido joyero ha sabido adaptarse al paso del tiempo. (con vídeo)
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Juanjo Garrido[/caption]
En el paleolítico el hombre ya usaba objetos naturales minerales y animales como ornamento personal con el objetivo de reforzar su imagen o su personalidad.
Algunas piedras empezaron a diferenciarse como herramientas y armas para convertirse en talismanes y adornos, es decir, en joyas.
Huesos de dientes, conchas o caracoles, objetos fáciles de encontrar, fueron las primeras alhajas. No obstante, la singularidad de las piedras preciosas empezó a coger fuerza.
El mundo de la joyería ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, de todas las épocas, adaptando sus formas, su contenido, pero manteniendo su esencia. En este camino hasta la actualidad los artesanos han significado un papel muy importante.
Hoy en día las gemas mantienen su simbolismo entre la sociedad. La joyería está socialmente más extendida que nunca y las joyas y piedras preciosas son admiradas por mayor número de personas que nunca.

En un parte de este largo camino dentro del mundo de la joyería se incorporó hace 50 años el sello Garrido. Primero fue el padre y luego el hijo.
Una tradición que se mantiene en el tiempo y que ha ido evolucionando en Alcoy. Hoy Juanjo Garrido, joyero, regenta una joyería que como bien reconoce el mismo, es en apariencia muy diferente a la que el heredó cuando decidió hacerse cargo del negocio familiar.
Sus primeros pasos los realizó en la calle Sant Francesc. Ahí empezó a enamorarse de una profesión que con el tiempo ha hecho suya.
EL TALLER, UN LUGAR SAGRADO
Juanjo aún recuerda como su curiosidad le ayudó a descubrir algunos detalles de esta profesión cuando sus ojos apenas llegaban a sobrepasar la mesa de trabajo en la que su padre soplando con una pipa moldeaba sus piezas.
Recuerda como el taller de su padre era como un templo sagrado, donde entrar sin permiso era algo parecido a un sacrilegio. Juanjo hoy tiene su propio taller, donde realiza sus propios trabajos, no tanto como le gustaría, ya que la venta al público ha ganado durante los últimos años un protagonismo que antaño no tenía.
A ello hay que sumar la transformación de un sector donde existe una gran comercialización de diseños y colecciones.
Con el paso del tiempo, a Juanjo Garrido le picó la curiosidad por ahondar un poco más en el mundo de las joyas. No fue fácil, pero decidió estudiar gemología y convertirse en el gemólogo que hoy es.

Una pasión que ha ido creciendo con el paso de los años y que le ha ayudado a apreciar el valor y la belleza de lo que día a día pasa por sus manos. Como bien apunta el propio Juanjo ni todos los joyeros son gemólogos ni todos los gemólogos tienen porqué joyeros.
Para este joyero que se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos, el futuro de la joyería se encuentra alrededor de su autor, en la singularidad, en la especialización.
Es decir, cree que es importante que cada autor, cada joyero, cada diseñador, cada artesano, cada empresa, tenga un especial protagonismo en un sector, en un tipo, o en un estilo o colección diferente. Que el público sepa a donde tiene que ir para conseguir lo que concretamente quiere.
Vemos el vídeo
Juanjo Garrido[/caption]
En el paleolítico el hombre ya usaba objetos naturales minerales y animales como ornamento personal con el objetivo de reforzar su imagen o su personalidad.
Algunas piedras empezaron a diferenciarse como herramientas y armas para convertirse en talismanes y adornos, es decir, en joyas.
Huesos de dientes, conchas o caracoles, objetos fáciles de encontrar, fueron las primeras alhajas. No obstante, la singularidad de las piedras preciosas empezó a coger fuerza.
El mundo de la joyería ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, de todas las épocas, adaptando sus formas, su contenido, pero manteniendo su esencia. En este camino hasta la actualidad los artesanos han significado un papel muy importante.
Hoy en día las gemas mantienen su simbolismo entre la sociedad. La joyería está socialmente más extendida que nunca y las joyas y piedras preciosas son admiradas por mayor número de personas que nunca.

En un parte de este largo camino dentro del mundo de la joyería se incorporó hace 50 años el sello Garrido. Primero fue el padre y luego el hijo.
Una tradición que se mantiene en el tiempo y que ha ido evolucionando en Alcoy. Hoy Juanjo Garrido, joyero, regenta una joyería que como bien reconoce el mismo, es en apariencia muy diferente a la que el heredó cuando decidió hacerse cargo del negocio familiar.
Sus primeros pasos los realizó en la calle Sant Francesc. Ahí empezó a enamorarse de una profesión que con el tiempo ha hecho suya.
EL TALLER, UN LUGAR SAGRADO
Juanjo aún recuerda como su curiosidad le ayudó a descubrir algunos detalles de esta profesión cuando sus ojos apenas llegaban a sobrepasar la mesa de trabajo en la que su padre soplando con una pipa moldeaba sus piezas.
Recuerda como el taller de su padre era como un templo sagrado, donde entrar sin permiso era algo parecido a un sacrilegio. Juanjo hoy tiene su propio taller, donde realiza sus propios trabajos, no tanto como le gustaría, ya que la venta al público ha ganado durante los últimos años un protagonismo que antaño no tenía.
A ello hay que sumar la transformación de un sector donde existe una gran comercialización de diseños y colecciones.
Con el paso del tiempo, a Juanjo Garrido le picó la curiosidad por ahondar un poco más en el mundo de las joyas. No fue fácil, pero decidió estudiar gemología y convertirse en el gemólogo que hoy es.

Una pasión que ha ido creciendo con el paso de los años y que le ha ayudado a apreciar el valor y la belleza de lo que día a día pasa por sus manos. Como bien apunta el propio Juanjo ni todos los joyeros son gemólogos ni todos los gemólogos tienen porqué joyeros.
Para este joyero que se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos, el futuro de la joyería se encuentra alrededor de su autor, en la singularidad, en la especialización.
Es decir, cree que es importante que cada autor, cada joyero, cada diseñador, cada artesano, cada empresa, tenga un especial protagonismo en un sector, en un tipo, o en un estilo o colección diferente. Que el público sepa a donde tiene que ir para conseguir lo que concretamente quiere.
Vemos el vídeo




















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