Artículo de opinión de Jorge Sedano, concejal no adscrito.
Generalizar es una de las actitudes más injustas y, al mismo tiempo, arraigadas en nuestra sociedad. Y no es bueno generalizar.
Pero entiendo y comparto la indignación de la gente y la situación de desencanto social generalizado a causa de lo que está ocurriendo en España en este momento.
Desencanto, desconfianza y hasta “asco” producen en el ciudadano los escándalos de espionaje chapucero y bananero. Asco ante el caso Bárcenas y cía, demasiada “cia”, y asco al escuchar al jefe de la “operación Faisán” dando lecciones de moral política. Asco del 3% del peaje político catalán y los ERES de nuestro “Chaves” andaluz”, asco de los sinvergüenzas que no solo han quebrado bancos sino que han arruinado la vida de pequeños ahorradores y jubilados impunemente con las “preferentes” y ahora encima piden indemnizaciones millonarias sin ningún pudor. De la monarquía… (pobre Reina, por ella y sólo por ella, sigo siendo monárquico descafeinado todavía).
Tengo la impresión que mucha gente lo está pasando tan mal que está incluso empezando a estar “harta de estar harta”. Gente que está harta de sufrir el azote del paro directa e indirectamente, harta de la imagen de la “clase política”, en la que me incluyo, harta de la lentitud y la manipulación partidista de la justicia, harta de ver como se desahucia a gente honrada por no poder hacer frente a su hipoteca y harta de que paguen la crisis los mismos de siempre… y no les falta razón.
Algo muy grave está ocurriendo en nuestro país, el ciudadano está perdiendo a borbotones la confianza en la política, en los políticos y las instituciones. Los políticos representamos para los ciudadanos no una solución, sino uno de sus mayores problemas según las encuestas.
Decía al principio que no es bueno generalizar, porque al generalizar se distorsiona la realidad y los árboles no nos dejan ver el bosque. En política, que es donde se centra mi reflexión, no vale todo y no vale todo porque en política hay mucha gente honrada y con principios solidos ya que “la vocación de servicio, desde mi experiencia, es la norma general entre los políticos y no la excepción” y hoy, en este ambiente enrarecido, no está de más decir que en política lo que abunda es gente sana con nombres y apellidos.
Alcaldes trabajadores, honrados y amigos como los son Rafa Briet y Rafa Climent, alcaldes de Cocentaina y Muro, como también es una gran alcaldesa Mari Sari en Benimarfull, entregada en cuerpo y alma a su pueblo, o Luis en Beniarrés y tantos y tantos alcaldes y concejales que lo están pasando muy mal en la gestión del día a día y lo están dando todo por sus pueblos y, en muchos casos, en los pueblos muy pequeños, incluso sin cobrar nada a cambio (aunque Montoro, como siempre, no se entera).
Y quiero defender hoy, públicamente y sin complejos, el trabajo responsable de Manolo Gomicia, Teniente de Alcalde socialista de nuestro ayuntamiento y la sensatez de Paco Blay, concejal del Bloc, la cordialidad y el esfuerzo de gente como Jordi Tormo concejal de L´Entesa, o el coraje y profesionalidad de Lucia Granados , concejal del PP que, como la mayoría de concejales de todos los partidos de nuestro ayuntamiento intentan dar lo mejor de sí mismos. Sí es verdad, “de todo hay en la viña del Señor”, si lo sabré yo, pero predomina lo bueno y lo muy bueno en nuestro ayuntamiento. Y sé lo que digo.
La política está llena de gente cargada de ilusión, honrada y trabajadora, como lo han sido la inmensa mayoría de concejales que han pasado por nuestro ayuntamiento sin otro afán que dar lo mejor de sí mismos. Bravo por ese líder luchador de la izquierda que fue Paco Valor, bravo por ese gran concejal que fue Josep Pérez i Tomás (por el que siempre he tenido una sana admiración personal) , bravo por mi Rafa Sanus; bravo Rafa, tú también, como tantos y tantos concejales que han pasado por nuestro ayuntamiento, a lo largo de los años, representáis la cara buena de la política.
Todos tenemos la impresión de que estamos viviendo un momento oscuro y difícil de nuestra etapa democrática. Estamos en una especie de túnel oscuro donde no se vislumbra la salida y donde todo es gris oscuro, la política, la monarquía, la banca, la justicia mediatizada por la política, las organizaciones sindicales, la excesiva bipolarización política de los medios de comunicación a nivel nacional; hasta la Iglesia está en crisis, (pobre Papa si dijera lo que piensa), pero pese a todo yo hoy sigo siendo optimista. Yo sigo creyendo, hoy más que nunca, en el trabajo sindical serio y responsable de ese luchador incansable que es Paco Molina y sigo creyendo en los jóvenes jueces que he conocido en Alcoy y creo en esos pedazos de profesionales de la comunicación local que son Quique Ruiz y Xesca y por supuesto sigo creyendo, como creyente, en esos dos pilares de la Iglesia real del pueblo: mi querida María Elisa Verdú y una de las personas más importantes en mi vida, aunque él lo intuye pero no lo sabe, D. Vicente Balaguer.
Yo soy político, con muchos defectos y supongo que con alguna virtud, pero soy político y me siento muy orgulloso de serlo. Me siento orgulloso de que los alcoyanos me hayan permitido poder representarlos y trabajar por nuestra ciudad desde algo tan noble como es la política local. La política ha sido para mí la etapa especialmente más dura y al mismo tiempo gratificante de mi vida. He dicho “dura”, especialmente, porque ha sido muy dura para mi familia que es la que realmente ha sufrido de verdad y más se ha sacrificado para que yo dispusiera de tiempo para dedicarlo a mi ciudad.
Soy político y por tanto, no hay excusa que valga, soy parte integrante del problema, como bien dicen los españoles en las encuestas. Y visto lo visto y después de reivindicar el orgullo de ser político en estos tiempos tan turbulentos, también creo que es el momento, con sinceridad y humildad de pedir perdón.
Pido perdón, como político, por la parte alícuota de responsabilidad que me corresponde para que los ciudadanos tengan hoy esta nefasta imagen nuestra. Y yo quiero asumir parte de esa culpa de la que soy responsable.
Perdón por no haber cumplido determinadas promesas electorales. Perdón por si durante el desempeño de mis responsabilidades no he atendido a alguien con la sensibilidad que se merecía en ese momento.
Perdón a quienes haya podido ofender o defraudar con mis decisiones políticas. Gobernar no es fácil y tomar decisiones tampoco y por eso yo en algunas ocasiones he pedido, y se me ha dado, comprensión. Pero hoy toca, hoy creo que toca pedir perdón, y yo pido perdón.
Que a nadie le quepa la menor duda, vamos a salir de esta difícil situación muy pronto, estoy completamente seguro. España es un gran país, nuestra juventud es de las más preparadas de Europa (son datos objetivos) y todos vamos a tener que reflexionar para construir un futuro diferente, un futuro basado en el esfuerzo colectivo y encaminado a recobrar la confianza en la política y las instituciones, un futuro basado en las personas, en ti.
Generalizar es una de las actitudes más injustas y, al mismo tiempo, arraigadas en nuestra sociedad. Y no es bueno generalizar.
Pero entiendo y comparto la indignación de la gente y la situación de desencanto social generalizado a causa de lo que está ocurriendo en España en este momento.
Desencanto, desconfianza y hasta “asco” producen en el ciudadano los escándalos de espionaje chapucero y bananero. Asco ante el caso Bárcenas y cía, demasiada “cia”, y asco al escuchar al jefe de la “operación Faisán” dando lecciones de moral política. Asco del 3% del peaje político catalán y los ERES de nuestro “Chaves” andaluz”, asco de los sinvergüenzas que no solo han quebrado bancos sino que han arruinado la vida de pequeños ahorradores y jubilados impunemente con las “preferentes” y ahora encima piden indemnizaciones millonarias sin ningún pudor. De la monarquía… (pobre Reina, por ella y sólo por ella, sigo siendo monárquico descafeinado todavía).
Tengo la impresión que mucha gente lo está pasando tan mal que está incluso empezando a estar “harta de estar harta”. Gente que está harta de sufrir el azote del paro directa e indirectamente, harta de la imagen de la “clase política”, en la que me incluyo, harta de la lentitud y la manipulación partidista de la justicia, harta de ver como se desahucia a gente honrada por no poder hacer frente a su hipoteca y harta de que paguen la crisis los mismos de siempre… y no les falta razón.
Algo muy grave está ocurriendo en nuestro país, el ciudadano está perdiendo a borbotones la confianza en la política, en los políticos y las instituciones. Los políticos representamos para los ciudadanos no una solución, sino uno de sus mayores problemas según las encuestas.
Decía al principio que no es bueno generalizar, porque al generalizar se distorsiona la realidad y los árboles no nos dejan ver el bosque. En política, que es donde se centra mi reflexión, no vale todo y no vale todo porque en política hay mucha gente honrada y con principios solidos ya que “la vocación de servicio, desde mi experiencia, es la norma general entre los políticos y no la excepción” y hoy, en este ambiente enrarecido, no está de más decir que en política lo que abunda es gente sana con nombres y apellidos.
Alcaldes trabajadores, honrados y amigos como los son Rafa Briet y Rafa Climent, alcaldes de Cocentaina y Muro, como también es una gran alcaldesa Mari Sari en Benimarfull, entregada en cuerpo y alma a su pueblo, o Luis en Beniarrés y tantos y tantos alcaldes y concejales que lo están pasando muy mal en la gestión del día a día y lo están dando todo por sus pueblos y, en muchos casos, en los pueblos muy pequeños, incluso sin cobrar nada a cambio (aunque Montoro, como siempre, no se entera).
Y quiero defender hoy, públicamente y sin complejos, el trabajo responsable de Manolo Gomicia, Teniente de Alcalde socialista de nuestro ayuntamiento y la sensatez de Paco Blay, concejal del Bloc, la cordialidad y el esfuerzo de gente como Jordi Tormo concejal de L´Entesa, o el coraje y profesionalidad de Lucia Granados , concejal del PP que, como la mayoría de concejales de todos los partidos de nuestro ayuntamiento intentan dar lo mejor de sí mismos. Sí es verdad, “de todo hay en la viña del Señor”, si lo sabré yo, pero predomina lo bueno y lo muy bueno en nuestro ayuntamiento. Y sé lo que digo.
La política está llena de gente cargada de ilusión, honrada y trabajadora, como lo han sido la inmensa mayoría de concejales que han pasado por nuestro ayuntamiento sin otro afán que dar lo mejor de sí mismos. Bravo por ese líder luchador de la izquierda que fue Paco Valor, bravo por ese gran concejal que fue Josep Pérez i Tomás (por el que siempre he tenido una sana admiración personal) , bravo por mi Rafa Sanus; bravo Rafa, tú también, como tantos y tantos concejales que han pasado por nuestro ayuntamiento, a lo largo de los años, representáis la cara buena de la política.
Todos tenemos la impresión de que estamos viviendo un momento oscuro y difícil de nuestra etapa democrática. Estamos en una especie de túnel oscuro donde no se vislumbra la salida y donde todo es gris oscuro, la política, la monarquía, la banca, la justicia mediatizada por la política, las organizaciones sindicales, la excesiva bipolarización política de los medios de comunicación a nivel nacional; hasta la Iglesia está en crisis, (pobre Papa si dijera lo que piensa), pero pese a todo yo hoy sigo siendo optimista. Yo sigo creyendo, hoy más que nunca, en el trabajo sindical serio y responsable de ese luchador incansable que es Paco Molina y sigo creyendo en los jóvenes jueces que he conocido en Alcoy y creo en esos pedazos de profesionales de la comunicación local que son Quique Ruiz y Xesca y por supuesto sigo creyendo, como creyente, en esos dos pilares de la Iglesia real del pueblo: mi querida María Elisa Verdú y una de las personas más importantes en mi vida, aunque él lo intuye pero no lo sabe, D. Vicente Balaguer.
Yo soy político, con muchos defectos y supongo que con alguna virtud, pero soy político y me siento muy orgulloso de serlo. Me siento orgulloso de que los alcoyanos me hayan permitido poder representarlos y trabajar por nuestra ciudad desde algo tan noble como es la política local. La política ha sido para mí la etapa especialmente más dura y al mismo tiempo gratificante de mi vida. He dicho “dura”, especialmente, porque ha sido muy dura para mi familia que es la que realmente ha sufrido de verdad y más se ha sacrificado para que yo dispusiera de tiempo para dedicarlo a mi ciudad.
Soy político y por tanto, no hay excusa que valga, soy parte integrante del problema, como bien dicen los españoles en las encuestas. Y visto lo visto y después de reivindicar el orgullo de ser político en estos tiempos tan turbulentos, también creo que es el momento, con sinceridad y humildad de pedir perdón.
Pido perdón, como político, por la parte alícuota de responsabilidad que me corresponde para que los ciudadanos tengan hoy esta nefasta imagen nuestra. Y yo quiero asumir parte de esa culpa de la que soy responsable.
Perdón por no haber cumplido determinadas promesas electorales. Perdón por si durante el desempeño de mis responsabilidades no he atendido a alguien con la sensibilidad que se merecía en ese momento.
Perdón a quienes haya podido ofender o defraudar con mis decisiones políticas. Gobernar no es fácil y tomar decisiones tampoco y por eso yo en algunas ocasiones he pedido, y se me ha dado, comprensión. Pero hoy toca, hoy creo que toca pedir perdón, y yo pido perdón.
Que a nadie le quepa la menor duda, vamos a salir de esta difícil situación muy pronto, estoy completamente seguro. España es un gran país, nuestra juventud es de las más preparadas de Europa (son datos objetivos) y todos vamos a tener que reflexionar para construir un futuro diferente, un futuro basado en el esfuerzo colectivo y encaminado a recobrar la confianza en la política y las instituciones, un futuro basado en las personas, en ti.




















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