Artículo de opinión del periodista Rafael Núñez Huesca.
Alcoy son mis fiestas, la Fuente Roja y la Olleta. Alcoy son niños ojipláticos viendo a un paje entrar por su balcón. Alcoy es el entorno natural en el que se inspiran los cuentos. Alcoy es mi familia, mis amigos y la gente que más me importa. Alcoy es todo esto y muchas cosas más, pero hay una cosa que ya no es: mi casa. Ya no vivo en Alcoy, vivo y trabajo a 350 kilómetros de aquí. Y como yo, miles de alcoyanos que tienen que abandonar su casa para montarse la vida fuera. Esto ya no da más de sí. Demograficamente llevamos cuarenta años desangrándonos. El último censo de población nos sitúa en niveles de mediados de los años sesenta, Los Beatles y tal. Los jóvenes se marchan a buscar las oportunidades que su ciudad no les ofrece. Y no vuelven más que a ver a la familia y a que los críos conozcan las fiestas y la Cabalgata. Como el que lleva al niño a un museo. Poco más.
Casi veinte años –primero pesoe, luego pepé- para montar un maldito polígo insutrial que ofreciera algo de oxígeno al empresariado local. Y nanai. Que no. Los mismo con los murciélagos y la autovía. Y así con todo. De coña.
Leo sorprendido que aún hay quijotes dispuestos a invertir pasta en la ciudad, gente que aún cree que esto tiene remedio. Doy por hecho que desde el Ayuntamiento le han puesto la alfombra roja, todas las facilidades del mundo y, como el modisto de Pretty Woman, le habrán hecho mucho la pelota, no vaya a ser que se escape. Es lo que yo haría pero, por lo visto, debo ser un tipo excéntrico.
Los chicos de Esquerra Unida, Salvem el Molinar y La Carrasca, valga la redundancia, dicen que de ninguna manera. Al parecer es intolerable que La Española se traslade en unos terrenos de su propiedad, sin vegetación alguna, con el beneplácito de la Confederación Hidrográfica y con el compromiso por parte de la empresa de “vertido cero”. Intolerable. “Chantajistas” y “especuladores”, les llaman. Llegarán “hasta Bruselas”, dicen. “O están del lado de la especulación o están del lado de seguridad sanitaria y del futuro de Alcoy”, ha llegado a decir el tal Agulló. Cualquier cosa antes de que se creen los 2.000 puestos de trabajo, directos e indirectos, que estiman alcanzará el proyecto.
Y así andamos, pendientes de los amigos de Esquerra Unida. Mientras tanto, no estaría mal que les fueran explicando a los 8.210 parados de la ciudad que lo del “vertido cero” es un trola de la patronal para oprimir al obrero. A ver qué les dicen. De todo menos bonito, me temo.
Alcoy son mis fiestas, la Fuente Roja y la Olleta. Alcoy son niños ojipláticos viendo a un paje entrar por su balcón. Alcoy es el entorno natural en el que se inspiran los cuentos. Alcoy es mi familia, mis amigos y la gente que más me importa. Alcoy es todo esto y muchas cosas más, pero hay una cosa que ya no es: mi casa. Ya no vivo en Alcoy, vivo y trabajo a 350 kilómetros de aquí. Y como yo, miles de alcoyanos que tienen que abandonar su casa para montarse la vida fuera. Esto ya no da más de sí. Demograficamente llevamos cuarenta años desangrándonos. El último censo de población nos sitúa en niveles de mediados de los años sesenta, Los Beatles y tal. Los jóvenes se marchan a buscar las oportunidades que su ciudad no les ofrece. Y no vuelven más que a ver a la familia y a que los críos conozcan las fiestas y la Cabalgata. Como el que lleva al niño a un museo. Poco más.
Casi veinte años –primero pesoe, luego pepé- para montar un maldito polígo insutrial que ofreciera algo de oxígeno al empresariado local. Y nanai. Que no. Los mismo con los murciélagos y la autovía. Y así con todo. De coña.
Leo sorprendido que aún hay quijotes dispuestos a invertir pasta en la ciudad, gente que aún cree que esto tiene remedio. Doy por hecho que desde el Ayuntamiento le han puesto la alfombra roja, todas las facilidades del mundo y, como el modisto de Pretty Woman, le habrán hecho mucho la pelota, no vaya a ser que se escape. Es lo que yo haría pero, por lo visto, debo ser un tipo excéntrico.
Los chicos de Esquerra Unida, Salvem el Molinar y La Carrasca, valga la redundancia, dicen que de ninguna manera. Al parecer es intolerable que La Española se traslade en unos terrenos de su propiedad, sin vegetación alguna, con el beneplácito de la Confederación Hidrográfica y con el compromiso por parte de la empresa de “vertido cero”. Intolerable. “Chantajistas” y “especuladores”, les llaman. Llegarán “hasta Bruselas”, dicen. “O están del lado de la especulación o están del lado de seguridad sanitaria y del futuro de Alcoy”, ha llegado a decir el tal Agulló. Cualquier cosa antes de que se creen los 2.000 puestos de trabajo, directos e indirectos, que estiman alcanzará el proyecto.
Y así andamos, pendientes de los amigos de Esquerra Unida. Mientras tanto, no estaría mal que les fueran explicando a los 8.210 parados de la ciudad que lo del “vertido cero” es un trola de la patronal para oprimir al obrero. A ver qué les dicen. De todo menos bonito, me temo.





















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de Página66.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.107