Ester Jordá Solbes. Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Alcoy.
La Peste negra o bubónica fue una devastadora epidemia que asoló Europa en el siglo XIV. Esta enfermedad es causada por la bacteria ‘Yersinia pestis’ que se contagia por las pulgas con la ayuda de la rata negra (‘Rattus rattus’) y entró en Europa a través de Italia (concretamente las ciudades de Génova, Venecia y Messina sobre 1347-1348) Aproximadamente murieron 25 millones de personas sólo en el continente europeo.
Otro factor a tener en cuenta para comprender la rápida expansión y el descontrol con esta epidemia es la sinrazón humana.
La Iglesia Católica comenzó una dura campaña contra los gatos en su afán de terminar con todos los restos del paganismo y antiguas creencias (como las egipcias) que veneraban a este animal. Por lo tanto, lo asociaron a la brujería y afirmaron que eran parientes de Satanás por sus hábitos nocturnos. Eso motivó que se quemaran vivos en múltiples homilías o que se les tirara desde barrancos o campanarios como acto central durante las festividades locales. Así pues, durante la Edad Media muchos ciudadanos hostigados por los religiosos exterminaron los gatos en muchas poblaciones lo que motivó que estos animales se desplazaran al campo y abandonaran los núcleos urbanos.
Sin depredadores naturales, las ratas empezaron a reproducirse desmedidamente contagiando a los seres humanos de peste y a otros animales de diversas enfermedades. ¿Qué hizo el hombre entonces? Culpar al gato y por si acaso al perro por lo que en plena epidemia volvieron a masacrar a los pocos animales que ya quedaban dando campo libre a las ratas y multiplicando el efecto devastador de la peste.
Hasta que se no descubrió que era la rata la portadora de esta enfermedad Europa entera perdió sus gatos viviendo situaciones extremas en las que poblaciones completas desaparecieron y cientos de barcos navegaron por el Mediterráneo con toda su tripulación muerta.
Cuando finalmente el gato se restauró como un controlador natural de plagas ciudades como Venecia (donde murieron las dos terceras partes de la población) decidieron otorgarle su máximo respeto a los mininos. Respeto que llega hasta hoy día pues en la ciudad del agua tienen casetas a modo de refugio y comida especialmente para ellos. Incluso en nuestro vocabulario hay restos de ese agradecimiento al gato por librar (y prevenir) a Europa de la peste como el refrán popular “matar un gato son 14 años de mala suerte”.
De la historia aprendemos que hacer el bien al prójimo (incluidos los animales) siempre va a repercutir en nuestro bienestar.
Ester Jordá Solbes
Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Alcoy
La Peste negra o bubónica fue una devastadora epidemia que asoló Europa en el siglo XIV. Esta enfermedad es causada por la bacteria ‘Yersinia pestis’ que se contagia por las pulgas con la ayuda de la rata negra (‘Rattus rattus’) y entró en Europa a través de Italia (concretamente las ciudades de Génova, Venecia y Messina sobre 1347-1348) Aproximadamente murieron 25 millones de personas sólo en el continente europeo.
Otro factor a tener en cuenta para comprender la rápida expansión y el descontrol con esta epidemia es la sinrazón humana.
La Iglesia Católica comenzó una dura campaña contra los gatos en su afán de terminar con todos los restos del paganismo y antiguas creencias (como las egipcias) que veneraban a este animal. Por lo tanto, lo asociaron a la brujería y afirmaron que eran parientes de Satanás por sus hábitos nocturnos. Eso motivó que se quemaran vivos en múltiples homilías o que se les tirara desde barrancos o campanarios como acto central durante las festividades locales. Así pues, durante la Edad Media muchos ciudadanos hostigados por los religiosos exterminaron los gatos en muchas poblaciones lo que motivó que estos animales se desplazaran al campo y abandonaran los núcleos urbanos.
Sin depredadores naturales, las ratas empezaron a reproducirse desmedidamente contagiando a los seres humanos de peste y a otros animales de diversas enfermedades. ¿Qué hizo el hombre entonces? Culpar al gato y por si acaso al perro por lo que en plena epidemia volvieron a masacrar a los pocos animales que ya quedaban dando campo libre a las ratas y multiplicando el efecto devastador de la peste.
Hasta que se no descubrió que era la rata la portadora de esta enfermedad Europa entera perdió sus gatos viviendo situaciones extremas en las que poblaciones completas desaparecieron y cientos de barcos navegaron por el Mediterráneo con toda su tripulación muerta.
Cuando finalmente el gato se restauró como un controlador natural de plagas ciudades como Venecia (donde murieron las dos terceras partes de la población) decidieron otorgarle su máximo respeto a los mininos. Respeto que llega hasta hoy día pues en la ciudad del agua tienen casetas a modo de refugio y comida especialmente para ellos. Incluso en nuestro vocabulario hay restos de ese agradecimiento al gato por librar (y prevenir) a Europa de la peste como el refrán popular “matar un gato son 14 años de mala suerte”.
De la historia aprendemos que hacer el bien al prójimo (incluidos los animales) siempre va a repercutir en nuestro bienestar.
Ester Jordá Solbes
Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Alcoy



















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