Artículo de opinión de Bartolomé Sanz Albiñana, doctor en Filología Inglesa.
Pues entraba yo esta tarde a tomarme un gin-tonic en un pub (en Reino Unido, curiosamente no entienden qué es eso, pues ellos lo llaman gin and tonic), y escuché más o menos esta conversación por el oído derecho, el que me funciona perfectamente.
La imagen que se refleja en el espejo de la entrevista al concejal y diputado autonómico Jordi Martínez (El nostre ciutat de 28 de diciembre) es la de un político local que se toma las cosas en serio, y eso, a veces, produce disgustos y dolores de cabeza. Ustedes sabe tan bien como yo que hay gente que va a esos sitios a despotricar sin cesar contra el orden establecido, llenando de improperios y vapuleos sin piedad a todo aquel que aparezca en la prensa. Ustedes saben también que de vez en cuando, incluso se entablan guerras de guerrillas interminables hasta que una de las partes lanza la última granada de mano para dar fin al combate dialéctico. Son pasatiempos que tienen lugar en todos los bares de pueblo y a los que no hay que prestar demasiada atención.
De cualquier modo, todos los contertulios coincidían en que este gobierno local alcoyano está por la transparencia, tratando de huir de corruptelas y opacidades. Ha salido a colación la salida del BLOC, en su día, del gobierno tripartito por ir por libre y salirse un milímetro del trazo del cuaderno escolar previamente marcado y acordado. Uno de los parroquianos ha dicho literamente: “A este alcalde, bromas, pocas con ese tipo de actuaciones. Como debe ser”.
Yo, que estaba leyendo la prensa y no quería acaloramientos mientras me bebía el gin-tonic, cuando he oido lo del Polígono de la Canal se me ha abierto milagrosamente el oído que tengo afectado por el síndrome de Menière. “A los del bipartito les gusta tanto el sillón que no se atreven a mover ficha en ese tema, que tienen medio sedado para que no haya elecciones anticipadas”. Bueno, ya saben que en las tertulias se salta de un tema a otro sin ningún tipo de ligazón. Más o menos como sucede en la vida: un día tienes trabajo y al siguiente estás en la calle, sin saber muy bien el porqué.
Volviendo al tema de la entrevista al concejal Jordi Martínez. Yo he visto que toma notas con buena letra de los temas que se le plantean. Lo de la buena letra es importante para que después no existan las típicas excusas de que no sé bien lo que escribí. También escucha, y pregunta si se tercia. Y si le escribes por el conducto reglamentario, como todo ciudadano debería aprender en la escuela, te contesta. Todo en esta vida lleva un tiempo, así que hay que dárselo para ver si de la buena letra del papel se pasa a la acción con toma de decisiones concretas.
Cuando me acuesto suelo reirme un poco acordándome de los motivos por los cuales en esta ciudad, como en otra cualquiera, se arman trifulcas: acortamiento de la Cabalgata de Reyes, líneas de autobuses, limpieza viaria, poda de árboles, servicios sociales, defecaciones caninas, bicis invadiendo las aceras, pasos de peatones que se pintaron por última vez en la época de los romanos, la sal sobre la calzada cuando nieva y sobre la temperatura insoportable del verano. Y me imagino al alcalde y a sus concejales apóstoles o apóstoles concejales, como quieran ustedes, en su cenáculo privado tratando estos temas. Y ya cuando estoy soñando se me aparece el alcalde rezando de rodillas, en la agonía de la soledad, sudando sangre en su huerto de Getsemaní particular: “Pater, si vis, transfer calicem istum a me: verumtamen non mea voluntas sed tua fiat” (acudan a Lc. 22, 42 para su traducción, por favor).
También, en estado de vigilia, y no sueños, veo a concejales en el gobierno que no toman notas de lo que se les dice, ni contestan escritos, ni correos electrónicos, ni tienen la delicadeza de abrirte su despacho e invitarte a que te sientes, ni te escuchan por los pasillos de la casa consistorial, y con un poco de suerte, cuando les estorbas mientras leen el periódico del día, levantan la cabeza para rumiarte un monosílabo. Pero les puedo asegurar que ese (sin acento, según las nuevas normas ortográficas de la RAE), no es Jordi Martínez.
Y como se acercan los Reyes, en mi carta de este año les escribiré: “Desearía que, para aliviar el paro de este país se creara por decreto ley la figura o la función de work shadowing, consistente en observar directamente al concejal, ministro o al Bárcenas de turno qué es lo que hacen realmente en su puesto de trabajo cuando dicen que trabajan por la ciudad y tratan de mejorar la vida de los ciudadanos”.
Pues entraba yo esta tarde a tomarme un gin-tonic en un pub (en Reino Unido, curiosamente no entienden qué es eso, pues ellos lo llaman gin and tonic), y escuché más o menos esta conversación por el oído derecho, el que me funciona perfectamente.
La imagen que se refleja en el espejo de la entrevista al concejal y diputado autonómico Jordi Martínez (El nostre ciutat de 28 de diciembre) es la de un político local que se toma las cosas en serio, y eso, a veces, produce disgustos y dolores de cabeza. Ustedes sabe tan bien como yo que hay gente que va a esos sitios a despotricar sin cesar contra el orden establecido, llenando de improperios y vapuleos sin piedad a todo aquel que aparezca en la prensa. Ustedes saben también que de vez en cuando, incluso se entablan guerras de guerrillas interminables hasta que una de las partes lanza la última granada de mano para dar fin al combate dialéctico. Son pasatiempos que tienen lugar en todos los bares de pueblo y a los que no hay que prestar demasiada atención.
De cualquier modo, todos los contertulios coincidían en que este gobierno local alcoyano está por la transparencia, tratando de huir de corruptelas y opacidades. Ha salido a colación la salida del BLOC, en su día, del gobierno tripartito por ir por libre y salirse un milímetro del trazo del cuaderno escolar previamente marcado y acordado. Uno de los parroquianos ha dicho literamente: “A este alcalde, bromas, pocas con ese tipo de actuaciones. Como debe ser”.
Yo, que estaba leyendo la prensa y no quería acaloramientos mientras me bebía el gin-tonic, cuando he oido lo del Polígono de la Canal se me ha abierto milagrosamente el oído que tengo afectado por el síndrome de Menière. “A los del bipartito les gusta tanto el sillón que no se atreven a mover ficha en ese tema, que tienen medio sedado para que no haya elecciones anticipadas”. Bueno, ya saben que en las tertulias se salta de un tema a otro sin ningún tipo de ligazón. Más o menos como sucede en la vida: un día tienes trabajo y al siguiente estás en la calle, sin saber muy bien el porqué.
Volviendo al tema de la entrevista al concejal Jordi Martínez. Yo he visto que toma notas con buena letra de los temas que se le plantean. Lo de la buena letra es importante para que después no existan las típicas excusas de que no sé bien lo que escribí. También escucha, y pregunta si se tercia. Y si le escribes por el conducto reglamentario, como todo ciudadano debería aprender en la escuela, te contesta. Todo en esta vida lleva un tiempo, así que hay que dárselo para ver si de la buena letra del papel se pasa a la acción con toma de decisiones concretas.
Cuando me acuesto suelo reirme un poco acordándome de los motivos por los cuales en esta ciudad, como en otra cualquiera, se arman trifulcas: acortamiento de la Cabalgata de Reyes, líneas de autobuses, limpieza viaria, poda de árboles, servicios sociales, defecaciones caninas, bicis invadiendo las aceras, pasos de peatones que se pintaron por última vez en la época de los romanos, la sal sobre la calzada cuando nieva y sobre la temperatura insoportable del verano. Y me imagino al alcalde y a sus concejales apóstoles o apóstoles concejales, como quieran ustedes, en su cenáculo privado tratando estos temas. Y ya cuando estoy soñando se me aparece el alcalde rezando de rodillas, en la agonía de la soledad, sudando sangre en su huerto de Getsemaní particular: “Pater, si vis, transfer calicem istum a me: verumtamen non mea voluntas sed tua fiat” (acudan a Lc. 22, 42 para su traducción, por favor).
También, en estado de vigilia, y no sueños, veo a concejales en el gobierno que no toman notas de lo que se les dice, ni contestan escritos, ni correos electrónicos, ni tienen la delicadeza de abrirte su despacho e invitarte a que te sientes, ni te escuchan por los pasillos de la casa consistorial, y con un poco de suerte, cuando les estorbas mientras leen el periódico del día, levantan la cabeza para rumiarte un monosílabo. Pero les puedo asegurar que ese (sin acento, según las nuevas normas ortográficas de la RAE), no es Jordi Martínez.
Y como se acercan los Reyes, en mi carta de este año les escribiré: “Desearía que, para aliviar el paro de este país se creara por decreto ley la figura o la función de work shadowing, consistente en observar directamente al concejal, ministro o al Bárcenas de turno qué es lo que hacen realmente en su puesto de trabajo cuando dicen que trabajan por la ciudad y tratan de mejorar la vida de los ciudadanos”.



















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