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Adiós a la Filosofía

Redacción - Dimarts, 07 de Gener del 2014
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Artículo de opinión de Bartolomé Sanz Albiñana, doctor en filología inglesa. En mis tiempos de sexto de Bachillerato y Preu cualquier alumno era capaz de leer dos líneas de santo Tomás de Aquino y, acto seguido, sin demasiada dificultad, hacer una interpretación más o menos acertada que ocupaba las dos caras de un folio. Cualquier tipo de escritura requiere práctica, pero si se atiende demasiado a la realidad circundante, esa escritura se torna perversa. La escritura pura e inocente no existe. Así, en esta vida, mientras unos tragan sapos, otros escupen verí —a mi padre, no obstante, siempre le oí decir viri—. No resulta extraño a estas alturas que Snowden esté en proceso de beatificación por parte de quienes atentan contra el orden establecido por poner a nuestro alcance un mundo nuevo y hasta ahora desconocido. El proceso de beatificación de santa Teresa se alargó 36 años y el de san Josemaría Escrivá de Balaguer se ventiló en un plis-plas. Existen santos de diversas categorías y cielos para santos diferentes. Hace unos años, el exconseller de Educación Font de Mora, con el fin de convertir la Educación para la Ciudadanía en una asignatura María y de que tuviera la misma consideración que la Religión, la FEN y la Gimnasia de mi adolescencia, tuvo la ocurrencia de que se impartiera en inglés. Todos recordarán que el pifoscio que se armó dentro y fuera de los centros docentes fue de tal envergadura que el asunto llegó al Tribunal Superior de Justicia que sentenció la anulación de la obligatoriedad de impartir la polémica materia “en extranjero”. Esa misma lotería le hubiera podido tocar a la Filosofia, pero con la LOMCE, de reciente aprobación, Sócrates, Platón y Aristóteles pasan a mejor vida sin pasar por el tamiz de una lengua extranjera. En aras de lo práctico, rentable e inmediato, se va arrinconando o desterrando todo aquello con signo esotérico y que pueda llevar a un callejón sin salida. Y como tener espíritu crítico resulta un peligro social en estos momentos, pues se ha decidido prescindir de todo lo que facilite a los humanos descifrar la realidad con el fin de evitar futuros conflictos sociales. En el pasado un filósofo o teólogo se podía pasar unos cuantos años en la cárcel mientras la maquinaria burocrática papelera iba acumulando legajos y más legajos hasta la vista de la causa. Recordemos lo que le sucedió a fray Luis de León. En el nuevo orden social el filósofo resulta un ser inofensivo cuyo discurso no entiende nadie, de modo que si tiene intención de hacerlo extensible y comprensible al resto de la sociedad, el sistema ya no lo encierra entre cuatro paredes sino que pone a su alcance publicaciones que compran cuatro adeptos pero que solo una minoría entiende algo de lo que allí se dice. El sistema ha sido programado para que cuanto menos se entienda, mejor, y además todos más felices. En el fondo lo que se prefiere ahora es promocionar a los turiferarios y darles toda clase de facilidades para que no compliquen la vida del prójimo, y desterrar a los alborotadores que cuentan verdades a los rebaños tranquilos y que lo único que hacen es crear desasosiego y un clima desapacible. Al gobierno, a cualquier gobierno, no le interesa lo más mínimo que los ciudadanos piensen y tomen conciencia de que no solo existen para acatar órdenes. Si uno mira a su alrededor y, no hace falta hacerlo muy críticamente, pronto se percata de que la filosofía imperante, cada vez con más adeptos, es la filosofía de la bazofia, telebasura y de todo lo baladí, que pretende aniquilar paulatinamente la cultura de la reflexión. Así pues, dedicar un poco de tiempo a la agricultura del espíritu, según feliz metáfora de Valentín de Foronda, es lo realmente importante para la educación, que a menudo no precisa ni de escuelas ni de maestros. Pero tal y como van las cosas, en un futuro los filósofos no solo pasarán a ser un cuerpo docente a extinguir, sino que se convertirán en una especie humana en peligro de extinción, pues sus enseñanzas no sirven para hacer los presupuestos del Estado, extirpar muelas, ni para llenar un plato de lentejas, tres ejemplos de cosas rentables, prácticas y de uso inmediato. Eso sí, los padres y madres inteligentes y con medios seguramente mandarán a sus vástagos con la merienda bajo el brazo a peripatear con estos maestros con el fin de que la sabiduría y la luz no queden recluidas definitivamente en una cueva. Quitan la Filosofía en el momento que más falta hace y que podría contribuir a entender un poco los reveses de la vida. Sinceramente, a estas alturas mucha gente se habría quitado la vida de no tener alguna filosofía de la vida a la que aferrarse. Unos encuentran esa filosofía acudiendo los domingos a una parroquia (religión) y otros, a centros benéficos (subsistencia). Argumentar pasa a un segundo plano cuando lo realmente importante es llenar el estómago un día más.
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