Los drones, esos artilugios aéreos que vuelan sin tripulación, cada vez están más presentes en nuestro día a día.
La palabra dron es una adaptación del inglés ‘drone’, que significa zángano. Sus primeros usos fueron militares como aviones dirigidos a control remoto o mediante programación.
Actualmente podemos encontrar drones hasta en las jugueterías. Profesionalmente, se utilizan mucho en producciones de vídeo y fotografía. De hecho muchos fotógrafos sociales los utilizan en sus trabajos de bodas y cada vez es más habitual que documentales y reportajes incluyan planos aéreos realizados con estas aeronaves pequeñas sin tripulación.
Hay muchos más usos, algunos sorprendentes. La multinacional de venta por internet Amazon ha realizado pruebas de entrega de paquetes mediante drones y ha solicitado a las autoridades estadounidenses un pasillo libre para sus vuelos. Se utilizan también en búsqueda de personas, como repetidor de señal de internet en áreas concretas, para fumigar en agricultura, en investigaciones arqueológicas, como apoyo a socorristas de playa o para el reparto del pan, tal y como plantea una tahona de Somo, en Cantabria.
Las grandes corporaciones están posicionándose alrededor del negocio de los drones en el mundo. Tanto Google, como Facebook o el mencionado Amazon estudian las posibilidades de negocio de estos artefactos.
La nueva herramienta abre también posibilidades de empleo. Los drones abren nuevas tareas entre las que están los pilotos, que deben contar con licencia. Aunque ya hay academias que los preparan, hay empresas como Endesa, que prepara pilotos para revisar el tendido eléctrico, trabajo que hasta ahora realizaban helicópteros.
¿Cuál será el futuro? ¿Habrá atascos en el aire?



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