Entretenida aunque convencional película de terror.
[caption id="attachment_11029" align="alignleft" width="224" caption="Ilustración de Antonio Pastor"]
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Esta semana vamos a hablar sobre la película The crazies, remake de la cinta de George A. Romero del mismo nombre. En este caso, no se trata exactamente de zombies (la especialidad de Romero), sino de un extraño virus que hace que la gente se vuelva psicópata, aunque sin perder la noción de la realidad. Por lo tanto, la idea inicial no es desacertada, contiene cierta originalidad, ya que no vamos a encontrar al típico grupo de zombies descerebrados caminando despacito y buscando cerebros que devorar.
Sin embargo, la originalidad de la película se queda prácticamente ahí. Pese a que el guión está bien estructurado, y te mete en harina desde el minuto 1 (desde la primera escena, ya sabes de qué va la cosa), la historia es demasiado obvia: sabes en todo momento quién vivirá y quién morirá, sabes cuando va a haber un susto y cuando no. Pese a ello, hay un par de escenas destacables: la pelea entre el sheriff y el forense (armado con una sierra para cráneos), y la secuencia del túnel de lavado.
Timothy Olyphant interpreta al sheriff de un pequeño pueblo de Iowa que debe actuar cuando los habitantes comienzan a volverse locos y a matar a diestro y siniestro. La respuesta al embrollo parece estar en los militares, que aparecen al poco rato para aislar el pueblo y tratar de frenar el contagio del virus, aunque tengan que matar a todo el mundo para lograrlo. Así, el grupo de protagonistas deberá luchar entre dos frentes: psicópatas por un lado y militares (psicópatas también, aunque sin virus) por el otro.
El director hace verdaderos esfuerzos por alejarse de los clichés (como en el hecho de que los infectados no sean bestias sin cerebro, sino que son capaces de organizarse y pensar), pero no puede evitar caer una y otra vez: escenas que ya sabes cómo van a acabar, salvaciones en el último segundo, sustos que se ven venir. Es una lástima porque la capacidad se le ve, pero parece haberse dejado llevar por el camino fácil.
Si buscáis entretenimiento veraniego esta película no os disgustará: una hora y media de gritos, tiros, golpes y carreras. Una película de miedo típica, para lograr entretenimiento típico, pero entretenimiento al fin y al cabo.
Antonio Moreno Crespo
http://laguaridadebelerofonte.blogspot.com
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Esta semana vamos a hablar sobre la película The crazies, remake de la cinta de George A. Romero del mismo nombre. En este caso, no se trata exactamente de zombies (la especialidad de Romero), sino de un extraño virus que hace que la gente se vuelva psicópata, aunque sin perder la noción de la realidad. Por lo tanto, la idea inicial no es desacertada, contiene cierta originalidad, ya que no vamos a encontrar al típico grupo de zombies descerebrados caminando despacito y buscando cerebros que devorar.
Sin embargo, la originalidad de la película se queda prácticamente ahí. Pese a que el guión está bien estructurado, y te mete en harina desde el minuto 1 (desde la primera escena, ya sabes de qué va la cosa), la historia es demasiado obvia: sabes en todo momento quién vivirá y quién morirá, sabes cuando va a haber un susto y cuando no. Pese a ello, hay un par de escenas destacables: la pelea entre el sheriff y el forense (armado con una sierra para cráneos), y la secuencia del túnel de lavado.
Timothy Olyphant interpreta al sheriff de un pequeño pueblo de Iowa que debe actuar cuando los habitantes comienzan a volverse locos y a matar a diestro y siniestro. La respuesta al embrollo parece estar en los militares, que aparecen al poco rato para aislar el pueblo y tratar de frenar el contagio del virus, aunque tengan que matar a todo el mundo para lograrlo. Así, el grupo de protagonistas deberá luchar entre dos frentes: psicópatas por un lado y militares (psicópatas también, aunque sin virus) por el otro.
El director hace verdaderos esfuerzos por alejarse de los clichés (como en el hecho de que los infectados no sean bestias sin cerebro, sino que son capaces de organizarse y pensar), pero no puede evitar caer una y otra vez: escenas que ya sabes cómo van a acabar, salvaciones en el último segundo, sustos que se ven venir. Es una lástima porque la capacidad se le ve, pero parece haberse dejado llevar por el camino fácil.
Si buscáis entretenimiento veraniego esta película no os disgustará: una hora y media de gritos, tiros, golpes y carreras. Una película de miedo típica, para lograr entretenimiento típico, pero entretenimiento al fin y al cabo.
Antonio Moreno Crespo
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