Un año sin las Fiestas de Moros y Cristianos
Poema de Justo Llácer, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Caminos
Este año no veremos
sobre su caballo blanco
en el Barranco del Sinc
a Sant Jordi cabalgando.
Desde que era muy pequeño
yo San Jorge he celebrado
pues para todo alcoyano
es un festejo sagrado.
Aunque mi mente ya olvida,
aún recuerdo, con tristeza,
que no pudo celebrarse
en los años que hubo guerra.
Ni sus flechas, ni su lanza
vencieron al coronavirus
que está destrozando al mundo
y dando algún patatús
¡Walí! ¡Walí! Mata al virus
que se cebó en la ciudad
y que mata sin clemencia
y sin respetar la edad.
Y una vez hayas matado,
con tu lanza y con tus flechas,
a ese depravado virus,
celebremos las Fiestas.
Y con tu ayuda, patrón,
venceremos, con tus flechas
al coronavirus ruin
y veremos nuestras fiestas.
Ni el enemigo, ni la ciencia
consiguió en laboratorios
encontrar, hasta el momento,
un tratamiento notorio.
Por eso hay que apelar
a nuestro santo patrón
y que venga con su espada
a derrotar la infección.
Y ahora recordaremos
los momentos más solemnes
que reflejan las Entradas
con su capitán al frente.
Y las dulces chirimías
que no cesan de tocar
orientales melodías
que ayudan a desfilar.
Los timbales y atabales
las comparsas acompañan
y desfilan a su ritmo
y al alcoyano entusiasman.
Y la pompa y el boato
que al capitán acompañan
reciben fuertes aplausos
del público, al que entusiasman.
Y esta calle, tan fastuosa,
está llena de entusiasmo
durante todas las fiestas
de los Moros y Cristianos.
Y los pequeños aplauden,
con el mayor entusiasmo
el maravilloso desfile
de este impresionante acto.
El empaque de la estafeta
y los dos embajadores
que deletrean altivos
su misión de vencedores.
Cuando el reloj va marcando
que el desfile ya se acaba
el pueblo alcoyano goza
de esta gran fiesta alcoyana.
Y cuida su morería
con músicas orientales
y en los desfiles redoblan
añafiles y atabales.
Y cuando el cabo de escuadra
alza su alfanje de guerra
saludando al alcoyano
con su estampa tan guerrera.
Al tiempo que dan las cinco
el capitán llega a la plaza
siguiendo una tradición
que se cumple a rajatabla.
Y mira al Barranc del Sinc
por si aparece San Jorge
y así arengar a su tropa
a que defienda su corte.
Y llegó, por fin, la lucha
con recios arcabuceros
que van librando en la plaza
su batalla de guerreros.
Y cuando el combate acaba
aparece en las almenas,
arrojando las saetas
Sant Jordiet, ¡qué hermosa escena!





















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