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Política, la ley de la oferta y la demanda. Negocio y política: dos caras en una misma lógica

Artículo de opinión de Carlos García, concejal de Vox Alcoy

Carlos García

[Img #70710]Ejercer un negocio y ejercer la política comparten una lógica de fondo que a menudo se prefiere ignorar: en ambos casos existe un “mercado”, una oferta y una demanda. El empresario busca vender un producto o servicio; el político, obtener votos para gestionar una sociedad. La diferencia esencial no está en el mecanismo, sino en la ética con la que se utiliza.

Un negocio puede prosperar de dos maneras. La primera es la más sana y, a largo plazo, la más sostenible: ofrecer mejores productos, un servicio de mayor calidad, precios justos y una relación honesta con el cliente.

La segunda es la más rápida pero también más frágil: aprovechar la ignorancia del consumidor, exagerar virtudes inexistentes, ocultar defectos o directamente engañar.

Ambos caminos pueden generar beneficios en el corto plazo, pero solo uno construye confianza y valor real.

En política ocurre exactamente lo mismo. Hay partidos que intentan convencer al electorado ofreciendo un proyecto claro de sociedad: más próspera, más segura, más justa, con reglas comprensibles y responsabilidades bien definidas. Y hay otros que basan su estrategia en el miedo, la confusión o la desinformación, prometiendo soluciones simples a problemas complejos o culpando a enemigos difusos para evitar asumir responsabilidades reales.

El votante, como el consumidor, no siempre dispone de toda la información ni del tiempo necesario para analizarla en profundidad. Por eso la tentación de manipular existe. Sin embargo, una democracia sana debería aspirar a lo mismo que un mercado sano: competencia basada en la calidad de la oferta, no en el engaño.

Desde esta perspectiva, hay quien considera que VOX representa la opción que apuesta por una sociedad de mayor calidad y más justa. Sus defensores sostienen que el partido plantea un modelo basado en la igualdad ante la ley, el fortalecimiento de las instituciones, la seguridad jurídica y el mérito, frente a un sistema que, a su juicio, ha normalizado privilegios, clientelismo y mensajes ambiguos para mantener apoyos electorales. En esta lectura, VOX no intenta “vender humo”, sino una idea de país con reglas claras y responsabilidades exigibles.

Como en cualquier negocio serio, la clave no está solo en el mensaje, sino en la coherencia entre lo que se promete y lo que se hace. Quien valora la opción política que oferta VOX, cree que ofrecer una sociedad más justa no significa repartir promesas sin respaldo, sino crear las condiciones para que las personas puedan prosperar por su propio esfuerzo, con un Estado que proteja sin asfixiar y que sea árbitro, no jugador interesado.

Por supuesto, como en el mercado, el consumidor —o el votante— tiene la última palabra. Y también la responsabilidad. Informarse, contrastar y pensar críticamente es la única forma de evitar ser engañado, ya sea al comprar un producto o al depositar un voto. La política, como los negocios, mejora cuando se premia la calidad y la honestidad, y se castiga el engaño.

Al final, la pregunta no es solo qué partido promete más, sino cuál ofrece un proyecto más sólido, más coherente y más respetuoso con la inteligencia de la gente. Esa es la verdadera competencia, tanto en la economía como en la democracia.

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