
Llevamos más de cinco años escuchando las mismas excusas en ferias, redes sociales y conversaciones de bar. "Es que para ir a la montaña hace falta una inversión bestial" o "Eso es para gente que está como una cabra, entrenando todos los días". La cosa es que, tras organizar más de 120 salidas grupales y hablar con cientos de principiantes, hemos descubierto que el mayor enemigo de la aventura no es la falta de condición física, sino una colección de mitos tan arraigados que parecen verdad absoluta. Y lo peor es que nosotros mismos caímos en la trampa al principio.
Mira, en 2021, antes de lanzar este proyecto, hicimos una encuesta a 237 personas. El 73% asociaba el deporte outdoor con un desembolso superior a los 500 euros en equipo. El 68% creía que sufriría una lesión grave si intentaba una ruta sencilla sin ser un experto. Estos datos nos dieron una bofetada de realidad: estábamos ante un problema de percepción, no de logística. Vamos, que la montaña se había convertido en un club exclusivo en la imaginación colectiva, y era hora de cambiar el relato.
¿Crees que necesitas equipo caro para empezar?
Este es el campeón de los mitos. La industria, con sus catálogos llenos de chaquetas de 400 euros y botas con tecnología alienígena, ha hecho un trabajo excelente vendiendo la idea de que sin inversión no hay seguridad. Lo que descubrimos tras analizar los recibos de nuestras primeras 50 salidas fue devastador: habíamos gastado una media de 320 euros por persona en equipo que, sencillamente, no era necesario para rutas de iniciación. (Spoiler: la mitad de ese material sigue nuevo en el armario).
Donde realmente se decide la partida es en entender la diferencia entre "equipo técnico" y "equipo suficiente". Para una ruta de 2-3 horas por un camino forestal señalizado, no necesitas una chaqueta impermeable con membrana GORE-TEX de última generación. Un cortavientos barato y una sudadera térmica de deportes (la de toda la vida) cumplen la misma función el 90% de los días del año en nuestra geografía. Te lo digo por experiencia: mi primera chaqueta "técnica" costó 280 euros y la usé tres veces en dos años; la chaqueta de chándal de 30 euros, en cambio, me ha acompañado en más de 40 salidas.
La realidad: alternativas asequibles y efectivas
Vamos a poner números concretos sobre la mesa, porque las generalidades no sirven. Hicimos un test práctico el verano pasado: equipamos a un grupo de 10 principiantes con material de marcas blancas de decatlón y a otro con equipo de gama alta. La ruta era un sendero circular de 8 km con 300 m de desnivel. Los resultados, medidos con pulsómetros y encuestas de confort, fueron idénticos. La diferencia de precio, sin embargo, fue abismal: 175 euros frente a 890 euros por persona.
La lista de reemplazos inteligentes es larga, pero te damos tres claves que cambian el juego:
Calzado: En lugar de botas de trekking rígidas (100-150€), opta por zapatillas de trail running de temporadas pasadas. Encuentras modelos excelentes por 40-60€, y para la mayoría de terrenos no técnicos son más que suficientes.
Ropa: El algodón es tu enemigo en invierno, pero en verano una camiseta de algodón y un pantalón de jogger cómodo son perfectamente válidos. Invierte solo en unas buenas medias técnicas (10-15€ el par) para evitar ampollas.
Mochila: Nada de comprar una mochila de 50 litros con armazón. Una mochila escolar o de deporte de 20-30 litros, que ya tengas en casa, sirve para llevar agua, un bocadillo y una chaqueta.
Lo que nuestra experiencia de estos años nos enseñó es una regla simple: gasta primero en salir, después en equiparte. Tu primera inversión debería ser el combustible para el coche o el billete de autobús, no el forro polar más ligero del mercado.
¿Solo los expertos pueden disfrutar de la montaña?
Otro clásico. Parece que si no tienes el perfil de un alpinista del Himalaya, tu sitio es el sofá. La realidad, y los datos de federaciones, lo desmienten totalmente. En España, según el último informe de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME), más del 60% de las personas que salen al monte lo hacen por senderos señalizados de dificultad baja o media-baja, y solo un 12% realiza actividades que requieren verdadera pericia técnica.
Total, que la inmensa mayoría del paisaje montañoso es accesible con un nivel de forma física normal. No hace falta correr maratones. De hecho, en nuestras salidas guiadas, el perfil más común es una persona de 35-50 años que camina de forma ocasional. El ritmo lo marca el grupo, y siempre hay paradas. La montaña no es una carrera, es una experiencia. Hemos visto a personas con sobrepeso, familias con niños pequeños y adultos mayores completar rutas maravillosas simplemente porque eligieron el itinerario adecuado para sus capacidades.
Ahí está la trampa que todos caemos al principio: confundimos "montaña" con "alta montaña" o "alpinismo". La primera puede ser una colina verde con vistas a tu ciudad, se recorre en una hora. El segundo es otra historia. Nosotros mismos tuvimos que recalibrar nuestra oferta después de ver que las rutas "fáciles" que proponíamos eran, para un novato, auténticas expediciones. Ahora, nuestra recomendación estrella para una primera vez es un paseo de no más de 5 km y 150 m de desnivel. Funciona el 100% de las veces.
Consecuencias de creer en estos mitos: desmotivación y exclusión
¿Qué pasa cuando alguien que tiene curiosidad por la naturaleza se topa con estos dos muros de entrada? Lo hemos visto una y otra vez: abandono antes de empezar. La desmotivación es inmediata. Piensan "esto no es para mí" y cierran la puerta a una actividad con beneficios brutales para la salud física y mental. Es una exclusión autoimpuesta, pero alimentada por un discurso tóxico de purismo outdoor que solo celebra lo épico y lo extremo.
Las consecuencias van más allá del ocio. Estamos hablando de salud pública. El sedentarismo es un problema grave, y la montaña es un gimnasio natural, gratuito y antidepresivo de primera categoría. Al cerrar esa puerta con mitos, perdemos una herramienta poderosa. En nuestro grupo, tenemos casos documentados de personas que, tras empezar a salir regularmente a caminar, redujeron su medicación para la ansiedad o mejoraron marcadores de tensión arterial en solo tres meses. Y no hicieron nunca una ruta clasificada como "difícil".
La otra gran consecuencia es económica. La gente que sí se lanza, pero cree en el mito del equipo caro, gasta una fortuna en artilugios que no usará o que no necesita, generando deuda y frustración cuando ese gasto no se traduce en una experiencia mágica. Es un círculo vicioso: gasto para motivarme, la experiencia es dura porque no estoy en forma (por empezar con algo muy difícil), me desmotivo, y el equipo acaba en Wallapop con una pérdida del 60%.
Alternativa: aventuras outdoor accesibles y realistas
La buena noticia es que existe un camino intermedio, y está lleno de gente normal pasándoselo en grande. La alternativa se basa en tres pilares: proximidad, simplicidad y comunidad. No hace falta ir a los Picos de Europa. Casi todas las ciudades españolas tienen parques naturales, sierras o vías verdes a menos de una hora en coche. Esos son tus campos de entrenamiento y disfrute.
Nosotros impulsamos este concepto desde nuestros inicios, y puedes explorar muchas ideas en nuestro blog sobre aventuras outdoor. Allí desglosamos rutas específicas, con tracks GPS descargables, fotos reales del terreno y estimaciones de tiempo realistas (no las de los folletos). La clave es empezar con objetivos risiblemente fáciles. ¿Tu primera aventura? Llegar a un mirador a 45 minutos caminando desde el parking. Punto. Nada de cumbres, nada de etapas largas.
La comunidad es el lubricante que todo lo facilita. Buscar grupos de salida en tu localidad (hay cientos en Facebook o Meetup) elimina la barrera del "voy solo y me pierdo". Estos grupos suelen ser increíblemente acogedores con los novatos, comparten coche y, sobre todo, normalizan el ir con equipo modesto. Ver a otros con tus mismas dudas (y tu mismo calzado) es terapéutico.
Cómo planificar tu primera salida sin complicaciones
Olvida las listas interminables de 50 cosas imprescindibles. Para tu primera vez, solo necesitas resolver cinco puntos. Nosotros usamos esta checklist en todas las iniciaciones y tiene un 100% de efectividad para que la experiencia sea positiva.
1. La ruta: Elige un sendero circular, señalizado (PR o SL), de menos de 6 km y con menos de 200 m de desnivel acumulado. Usa apps como Wikiloc o AllTrails y fíjate en las fotos recientes de otros usuarios para ver el estado real del camino.
2. La compañía: Ve con al menos otra persona. La seguridad básica y la motivación se multiplican.
3. El tiempo: Mira la previsión meteorológica detallada de la zona exacta, no de la capital de provincia. Si hay más de un 40% de probabilidad de lluvia, pospón. Tu primer recuerdo no debe ser un aguacero.
4. El equipo mínimo: Ropa cómoda que no sea algodón (si hace frío), calzado con buen dibujo (ni zapatillas de lona planas ni botas nuevas), una mochila con 1 litro de agua por persona y algo de comida (fruta, barritas, bocadillo).
5. La actitud: Tu objetivo es disfrutar del paseo y volver. No es llegar el primero, ni hacer la foto más épica. Es crear un recuerdo agradable para querer repetir.
Para profundizar en la elección del material sin caer en gastos absurdos, tenemos un recurso muy consultado: nuestros consejos sobre marcas de deporte outdoor, donde analizamos calidad-precio real, no especificaciones técnicas de catálogo. Spoiler: la marca más cara no es sinónimo de mejor experiencia para un principiante.
Al final, la montaña es democrática. No pide CV ni certificado de ingresos. Pide respeto, curiosidad y un primer paso. Nosotros, como equipo, nos equivocamos al principio complicándolo todo en exceso. Hoy, nuestra mayor satisfacción es ver a alguien que dijo "esto no es para mí" enviarnos, seis meses después, una foto desde una cumbre sencilla, sonriendo como un niño, con el mismo equipo con el que empezó. Esa es la verdad que los mitos ocultan.























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