Ismael Ortiz Company, párroco de Santa María.
Me decía un amigo, que en nuestra manera de vivir, muchos estamos a un lado de nosotros mismos, en la orilla de nosotros mismos, sin adentrarnos en la interioridad que nos ayudaría a vivir con mayor consciencia y sentido nuestras vidas.
“Duc in altum”, es la expresión que Cristo usó al encontrarse con Pedro y los primeros discípulos. Él subió en la barca de Simón y le ordenó, “Rema mar adentro”. Pedro contestó que había estado toda la noche faenando y no había pescado nada, pero que lo haría de nuevo por tratarse del Maestro. La pesca fue abundante.
“Rema mar adentro”, es una invitación a dejar de vivir en la orilla de nosotros mismos y a entrar decididamente en las profundidades de nuestro ser. Es sentir la llamada a ser más uno mismo, asumiendo las capacidades que tenemos, sin delegar en lo que piensan o hacen los otros. Es, también, una cuestión de confianza en que las cosas pueden ser diferentes cuando asumimos los riesgos necesarios. Es, sentir que “el tiempo apremia”, y entrar en la decisión de vivir el momento presente con la intensidad de lo que será último y definitivo.
Me decía este mismo amigo, que en nuestro mundo actual hay una falta de comunicación y un exceso de palabras, una falta de encuentro y un exceso de presencias. Y esto es así, porque el hablar mucho y el vernos mucho, no supone necesariamente que haya un verdadero encuentro entre personas.
La llamada “Rema mar adentro”, resuena para todos. Cada uno sabrá qué orillas debe dejar para ser fiel a esa invitación para vivir la vida abundante que se nos ofrece. Porque no estamos huecos, porque tenemos vida interior, no es bueno quedarnos en una relación superficial, sin ir al corazón de las personas y de las cosas. ¡Qué triste si nos pasamos la vida en la orilla de nosotros mismos!
Me decía un amigo, que en nuestra manera de vivir, muchos estamos a un lado de nosotros mismos, en la orilla de nosotros mismos, sin adentrarnos en la interioridad que nos ayudaría a vivir con mayor consciencia y sentido nuestras vidas.
“Duc in altum”, es la expresión que Cristo usó al encontrarse con Pedro y los primeros discípulos. Él subió en la barca de Simón y le ordenó, “Rema mar adentro”. Pedro contestó que había estado toda la noche faenando y no había pescado nada, pero que lo haría de nuevo por tratarse del Maestro. La pesca fue abundante.
“Rema mar adentro”, es una invitación a dejar de vivir en la orilla de nosotros mismos y a entrar decididamente en las profundidades de nuestro ser. Es sentir la llamada a ser más uno mismo, asumiendo las capacidades que tenemos, sin delegar en lo que piensan o hacen los otros. Es, también, una cuestión de confianza en que las cosas pueden ser diferentes cuando asumimos los riesgos necesarios. Es, sentir que “el tiempo apremia”, y entrar en la decisión de vivir el momento presente con la intensidad de lo que será último y definitivo.
Me decía este mismo amigo, que en nuestro mundo actual hay una falta de comunicación y un exceso de palabras, una falta de encuentro y un exceso de presencias. Y esto es así, porque el hablar mucho y el vernos mucho, no supone necesariamente que haya un verdadero encuentro entre personas.
La llamada “Rema mar adentro”, resuena para todos. Cada uno sabrá qué orillas debe dejar para ser fiel a esa invitación para vivir la vida abundante que se nos ofrece. Porque no estamos huecos, porque tenemos vida interior, no es bueno quedarnos en una relación superficial, sin ir al corazón de las personas y de las cosas. ¡Qué triste si nos pasamos la vida en la orilla de nosotros mismos!


















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