Cagada en las piscinas de Alcoy, Smart City: mucha digitalización lleva a la deshumanización
Artículo de opinión de Alejandro Roselló, profesor catedrático de filosofía del IES Cotes Baixes y vecino de Alcoy
Siempre hay algún guarro gracioso que se caga en las piscinas en verano. El año pasado en Alcoy fueron varios. En este verano aún incipiente la cagada ya ha sido lanzada por parte de nuestro consistorio, en el empeño ciego de nuestro Ayuntamiento de convertir a toda costa a Alcoy en una Smart City o “ciudad inteligente”. Su reconocimiento oficial como tal en el 2018 fue visto como algo pionero en España y en el mundo entero. Pero desde el año 2021 la cosa se ha ido de madre, la implantación digital y el funcionamiento avanzado en plataformas y en gestión de datos se ha instalado en nuestra ciudad, ante el disgusto cada vez más extendido de los ciudadanos. Y así llegamos a la nueva temporada de verano del 2026 con el Ayuntamiento de Alcoy eliminando las taquillas físicas y el pago en efectivo directo en los accesos de sus cinco piscinas municipales, implantando un sistema obligatorio de compra telemática con validación mediante códigos QR. ¿Y no sería más sensato que pudieran convivir, al menos por un tiempo, ambos sistemas de pago? Pocos alcoyanos maldicen tan bien enfadados, veremos cómo acaba esto al final del verano. Pero lo que parece claro es que esta nueva cagada digital por parte de nuestro Ayuntamiento ha sido la gota que ha colmado el vaso del hartazgo en muchos alcoyanos, y la que me lleva a escribir estas palabras críticas al respecto.
Una Smart City es un área urbana que utiliza tecnologías de la información y la comunicación (TIC), sensores digitales y el Internet de las cosas (IoT) para -supuestamente- gestionar de forma eficiente sus recursos, infraestructuras y servicios públicos. Su objetivo principal, en teoría, es optimizar el funcionamiento de la ciudad (tráfico, energía, agua, residuos, accesos, etc.) para “mejorar” la calidad de vida de sus habitantes mediante la toma de decisiones algorítmicas basada en datos en tiempo real.
A muchos alcoyanos esto nos ha ido mosqueando, cada vez más, porque el ciudadano de a pie en realidad no ha sido beneficiado con estas medidas tecnológicas, más bien al contrario en nuestro caso: el fiasco de la calle Entenza como Smart Street y el éxodo comercial del centro, la ruina del parque tecnológico de vanguardia Rodes y la carga y obsolescencia de la enorme inversión tecnológica, el Sandbox Urbano y las cámaras de vigilancia por todos lados, la plataforma FIWARE y los Nodos IoT, las “Smart Zones” de carga y descarga totalmente digitalizadas, la flota de drones del Ayuntamiento y la chorrada de AL-COIN, la moneda municipal digital, son sólo algunos ejemplos de cómo la digitalización acelerada en Alcoy lleva a la deshumanización de los servicios públicos de nuestra ciudad, al reducir el contacto humano cotidiano y al crear barreras invisibles de exclusión social. La llamada “brecha digital” va en aumento de una forma exponencial en nuestra ciudad, marginando a colectivos vulnerables y personas mayores que necesitan atención presencial en ciertos servicios básicos, como darse un baño en una ola de calor en pleno verano.
Al parecer al Ayuntamiento de Alcoy le gusta mucho la etiqueta de Smart City, y la pone por todas partes. Pero fomentar la burocracia fría algorítmica por encima de la empatía y las necesidades reales de sus ciudadanos no es para nada propio de una “Ciudad Inteligente”. De poco sirve que el Ayuntamiento se haga la foto internacional en un “histórico” manifiesto para blindar los derechos de la gente mayor cuando, en la praxis del día a día, dificulta e impide el acceso de las personas mayores a la piscina. Con una población significativamente envejecida, el salto digital que está operando en muchas ciudades del mundo, se convierte en Alcoy es un salto mortal para la tercera edad con esta digitalización acelerada de los servicios urbanos por parte de nuestros mandatarios.
La tecnología excesiva en los servicios sociales ya no ayuda, ya no incluye, al contrario, se vuelve un filtro separador al presentar dificultades insalvables para la tercera edad y para cualquier colectivo sin competencias digitales. La cita previa para hacer cualquier trámite, como el padrón, es un muro digital de filtros en Alcoy: la selección de departamentos al abrir la página web, el lenguaje burocrático técnico, la doble validación asincrónica (SMS/Email), etc. son obstáculos que ir superando para el que no es nativo digital. Así que muchos de nuestros abuelos se quedarán en casa este verano por no poder pagar su entrada en taquilla como toda la vida al contado. Así de claro. El año pasado fui con mi hijo a las piscinas de Alcoy varias veces, la mayoría de forma improvisada, como creo que hace mucha otra gente. Pues eso, ya veremos qué pasa este verano. ¿Estarás las piscinas alcoyanas medio vacías este mes de agosto?
El dislate es evidente en nuestra ciudad, como en muchas otras: la teórica eficiencia tecnológica de una “Ciudad Inteligente” lleva paradójicamente en la práctica a la exclusión social de sus ciudadanos. Más allá de la propaganda política de unos y otros; más allá de la vigilancia masiva y el control social, de la pérdida de privacidad y la comercialización de datos; más allá del analfabetismo y borreguismo digital y la falta de participación real del alcoyano, más allá de la muy cuestionable sostenibilidad y la gentrificación verde digital, el tecnocentrismo de Alcoy, nuestra querida “Ciudad Inteligente”, nos lleva a una desconexión humana y a una soledad forzada ante este laberinto digital. Y nos puede llevar también al absurdo existencial en un bucle administrativo kafkiano: funcionarios disponibles en oficinas vacías que niegan la atención al ciudadano porque no se presenta con el código de cita previa generado en la web; y cuando el ciudadano afectado quiere quejarse de la falta de atención presencial necesita dominar Internet para poder protestar contra la exclusión del propio Internet.
¿Qué anciano va hacer la gymkana obligada en pleno verano de ir al Centro de Deportes para pagar en efectivo el ticket con el que poder ir después a la piscina? Los bonos se los sacarán con antelación los asiduos, no los que van a las piscinas de Alcoy de forma puntual. Las taquillas de las piscinas no deberían prohibir aceptar pagar allí mismo en efectivo. La hoja de reclamaciones en papel tampoco se puede obtener in situ en la entrada del recinto. ¿Y nuestro derecho ciudadano a pagar en efectivo y al contado un servicio público cuando así queramos? Las piscinas también son llamadas en las olas de calor de verano los “refugios climáticos” para los más pobres y menos adinerados. Negar la entrada directa con pago efectivo a un recurso de protección social es un delito de salud pública y se puede denunciar. Telemáticamente, claro… Es la invisibilidad de datos por parte de los ancianos y sectores de población más vulnerables: los más ancianos y dependientes, al igual que no van a ir al Centro de Deportes a comprar el ticket del baño, tampoco van a ir al Ayuntamiento a quejarse…
Espero que ahora se comprenda la idea de base mejor: que las máquinas sustituyan a las personas en las ventanillas de acceso a nuestros servicios públicos en Alcoy no es una tontería, sino un síntoma. La enfermedad, que viene ya de lejos y va en acelerado aumento en el mundo entero, recibe el nombre de transhumanismo tecnológico, y se pretende vender como el espíritu inevitable de nuestro tiempo. Pero no es cierto. El espíritu humano no puede ser reducido a un algoritmo, tú no eres un dato. Y no, a pesar de las promesas de eficiencia y sostenibilidad, lo digital no es natural, ni ecológico ni sostenible, por muy verde que lo pinten, ni ayuda a las personas de la calle ni evita colas, por mucho que digan nuestros políticos de turno. Lo que quiero decir aquí es simple de decir: los problemas de la ciudadanía no se solucionan con más tecnología, así sólo se agravan y maquillan. La dependencia tecnológica es cada vez más brutal, a nivel individual y social, y con esta dependencia digital no sólo aumenta nuestra vulnerabilidad sino también peligra nuestra propia humanidad. Da igual hablar de ciberseguridad cuando tienes miedo de cruzar un parque de Alcoy por la noche.
El smartphone, los trámites online, la cita previa, todo ese zurullo tecnológico ignora las necesidades reales de los usuarios a los que dice beneficiar. La inversión millonaria de la digitalización de nuestra ciudad no esconde los problemas estructurales de base sin resolver: el impacto negativo en el comercio local, la pérdida de plazas de aparcamiento y de movilidad urbana, la dificultad de ciertos trámites y accesos, etc. Nuestros dirigentes no escuchan las quejas y demandas vecinales, aunque simulen hacerlo. Esta desconexión de nuestros políticos locales con las prioridades ciudadanas no es nada nuevo, desde luego. Pero ahora con la moto de ser pioneros en la digitalización de nuestra ciudad nos quieren vender a todos un falso vellocino de oro. El precio de las entradas a las piscinas han subido, los impuestos del Ayuntamiento siguen en aumento, el desempleo juvenil es galopante, siguen cerrados muchos locales en el centro, la falta de transparencia institucional empieza a oler mal, la especulación nefasta con el suelo y la construcción, los desastres urbanísticos, y qué más cosas que no sabemos. En fin, a todo ello se suma ahora el desencanto vecinal al querer hacer de Alcoy, con la ayuda interesada de fondos europeos, un laboratorio urbano digital de referencia mundial. Alcoy, Smart City, es el ensayo de un experimento.
El fracaso de otras “ciudades inteligentes” como Toronto (Canadá) o Songdo (Corea del Sur), entre otras, tendrían que ser un aviso para navegantes. Además, para un municipio mediano como Alcoy (sobre 62.000 habitantes) implantar “infraestructuras inteligentes” de tal calibre supone una locura presupuestaria que hace a nuestro municipio dependiente de por vida de subvenciones europeas o nacionales. La inversión inicial millonaria se queda en nada ante el “peaje contínuo” del mantenimiento de dicha tecnología. El error de cálculo es de primaria: el pago de las licencias anuales, los contratos de soporte técnico a los sensores y a las cámaras, mantener el Parque Tecnológico de Rodes y llegar a hacerlo parte del “tejido productivo” alcoyano, los drones que sobrevuelan nuestra ciudad de noche… La solvencia y rentabilidad de la inversión tecnológica en nuestro municipio se convierte así en una letal paradoja: para ahorrar en el futuro, hay que gastar mucho ahora. Mentira. Nuestro Ayuntamiento está cautivo, atado de pies y manos, a préstamos y ayudas de fuera, y a las desideratas de las grandes empresas tecnológicas proveedoras, como Telefónica. La inversión se convierte en deuda: es parte de la obsolescencia tecnológica. Y el truño flota en medio de la piscina pública sin que puedan hacer uso libre de ella el resto de los bañistas…
En fin, para qué seguir, esta última ocurrencia “inteligente” de nuestro consistorio de digitalizar el acceso a las piscinas de nuestra ciudad supone un duro golpe a nuestro mayores, y a la alcoyanía en general. Otra ostia para aumentar aún más la brecha digital. En realidad, la eliminación de las taquillas en la entrada de las piscinas es una medida paralela a la eliminación de las oficinas de atención física en favor de las sedes electrónicas. Las aplicaciones de gestión de citas médicas o aplicaciones móviles para el transporte público son parejas al código QR para ir a darte un baño a la piscina del Preventorio. La deshumanización de la digitalización no es una percepción subjetiva mía o de unos pocos, es el resultado de un engranaje administrativo pasado por el filtro del algoritmo que olvida la presencia humana como algo fundamental en las interacciones de nuestra vida cotidiana. La rabia contenida, la frustración disimulada, la ansiedad tácita que nos pueden generar todas estas medidas tecnológicas que a menudo nos desbordan podrán ser gestionadas por un servicio digital de atención ciudadana con IA. No pasa nada. El edadismo en el diseño de todas estas medidas impuestas hace que no haya tiempos de adaptación, ni un periodo de transición ni una consulta general ciudadana, ni nada. ¿Presupuestos Participativos? Me río.
El recelo y disgusto vecinal sigue en aumento con estas medidas abusivas de este filotecnológico Ayuntamiento. El cabreo popular que genera esta última medida sobre la entrada a nuestras piscinas puede hacernos reflexionar un poco a todos sobre la deriva tecnológica a la que se está dirigiendo nuestra ciudad, como laboratorio del ensayo digital europeo: muchas pruebas previas no saldrán buenas. Alcoy, como Smart City de punta de lanza, puede escenificar el campo de batalla de las ciudades medianas que no se pliegan a esta deshumanización digital, cuando la tecnología es mal usada y se convierte en una barrera excluyente y no en una ayuda ciudadana o en un soporte inclusivo. La cagada de este verano en las piscinas alcoyanas es considerable. Hay también una sutil pereza administrativa de nuestro Ayuntamiento pues con la entrada telemática y el pago con tarjeta evita el cuadre de cajas y el manejo físico del dinero por parte de los operarios, pero a costa de traspasar toda la carga de trabajo y el esfuerzo burocrático al propio ciudadano. Lo dicho, es ilegal negar el acceso a una piscina pública por no dejarte pagar allí en efectivo.
La legislación española, la Ley de Consumidores, el Código Civil sigue amparando el derecho a pagar en efectivo, mucho más tratándose de un servicio público. Las administraciones públicas españolas no pueden imponer la tarjeta de crédito como único medio de pago in situ. El Ayuntamiento de Alcoy se libra de marrones legales centralizando la recaudación en metálico en las oficinas del Centro de Deportes pero fastidia así a sus ciudadanos. Mi propuesta al Ayuntamiento es ésta: que recule y recupere también la opción de pagar en metálico en la entrada del recinto como todos los años, y que el ciudadano elija libremente la opción de pago, la nueva digital o la de todos los años. Eso se llama inclusión, pensar en el ciudadano y hacer un buen uso de las tecnologías, cosa que no parece que haga nuestro consistorio municipal con sus prisas por lucir con brillo la medalla de Smart City.






















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