El fracaso del valenciano en la PAU: una máquina de triturar expedientes
Artículo de opinión de Carlos García, concejal de Vox Alcoy
Las notas de la última Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) nos han dejado la habitual radiografía de celebración y titulares amables. En Alcoy y las comarcas de L’Alcoià i El Comtat volvemos a rozar el 100% de aprobados, con historias brillantes como la de la alumna del IES Pare Vitòria que ha logrado una de las mejores calificaciones de toda la Comunidad Valenciana. El talento de nuestras aulas es innegable. Sin embargo, detrás de la euforia de los porcentajes agregados se esconde una anomalía sistémica que ya no se puede ignorar: el examen de Valencià se ha convertido en una trampa de arena para las medias académicas de nuestros estudiantes.
Mientras que asignaturas como Inglés rozan el notable alto de media, el examen de “Valencià, Llengua i Literatura II”, ha vuelto a tocar fondo con una nota media autonómica de un raquítico 5,41. Es, con diferencia, la calificación más baja de todo el bloque obligatorio. En los tribunales de la provincia de Alicante, la media ni siquiera consigue asomarse al 6. ¿Cómo se explica que alumnos excelentes, criados y escolarizados en zonas de fuerte arraigo lingüístico como la nuestra, tropiecen sistemáticamente en la misma piedra?
Este problema trasciende las fronteras de nuestra comunidad y se consolida como una brecha estructural en toda España. Las estadísticas publicadas por portales de referencia como Educaweb, demuestran que las regiones sin lenguas cooficiales juegan con una ventaja estadística implacable en el acceso universitario. En las Islas Baleares, la media de la fase general se hunde hasta los 6,41 puntos, mientras que en Cataluña se situa en 6,46 puntos. En el País Vasco, la asignatura de “Euskara eta Literatura II” registró un total del 24% de los alumnos que suspendieron este examen específico. .
La respuesta no está en la incapacidad de los estudiantes, sino en un diseño de prueba penalizador y desconectado de la realidad pedagógica. La aplicación a rajatabla de los nuevos criterios de corrección, donde las faltas de ortografía o los errores sintácticos restan hasta dos puntos directos en las lenguas, ha transformado la prueba en un campo de minas. No se evalúa la madurez literaria ni la competencia comunicativa; se busca el error con lupa en un examen que marca el futuro de los estudiantes.
Este escenario dibuja un agravio comparativo flagrante para los alumnos alcoyanos. Un estudiante de una comunidad monolingüe compite por una plaza universitaria dividiendo su nota de la fase general entre cuatro asignaturas. El alumno de Alcoy tiene que hacerlo entre cinco, cargando obligatoriamente con el lastre de una materia ultra politizada que desploma su media de admisión. Hablamos de décimas cruciales que deciden si un joven se queda a estudiar Ingeniería en el Campus de Alcoy de la UPV o si se ve desplazado de la carrera de sus sueños.
Es hora de que la Conselleria de Educación y los coordinadores universitarios dejen de mirar hacia otro lado. Defender nuestro valenciano no consiste en convertir su evaluación en un examen de oposición judicial que castigue el expediente de quienes la hablan y la estudian. Si el valenciano en la PAU sigue funcionando como un factor de desventaja competitiva y un quebradero de cabeza para las familias, el sistema habrá fracasado en su labor más sagrada: garantizar la equidad y el futuro de nuestros jóvenes.






















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