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Dónde entrenar en Alicante este verano sin pagar de más

Cambian los horarios, llegan las visitas y aprieta el calor

Redacció - Jueves, 13 de Agosto de 2026
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El verano en Alicante tiene un efecto curioso sobre las rutinas de entrenamiento: las deshace sin que nadie se dé cuenta. Cambian los horarios, llegan las visitas, aprieta el calor y, entre una cosa y otra, la actividad física se aplaza "hasta septiembre". El problema es que septiembre llega con la forma física de julio perdida y con la sensación de empezar de cero.

La buena noticia es que mantener el hábito durante el verano no exige ni fuerza de voluntad heroica ni gastar más de la cuenta. Exige, sobre todo, adaptar el plan a la ciudad y a la estación. Y Alicante, en eso, juega con ventaja.

 

Adaptar el hábito, no abandonarlo

El error más habitual del verano no es entrenar menos, es dejar de entrenar del todo. Los entrenadores lo repiten cada año: una sesión corta mantiene el hábito vivo, y el hábito es lo que de verdad cuesta recuperar cuando se pierde.

En la práctica, esto significa rebajar expectativas sin rebajar la constancia. Si durante el año entrenas cuatro días a la semana una hora, en verano pueden ser dos o tres sesiones de 30 minutos. El objetivo de julio y agosto no es progresar, es no desconectar. Quien llega a septiembre con esa base activa retoma su rutina en una o dos semanas; quien lo deja todo suele necesitar más de un mes solo para volver al punto de partida.

 

Entrenar al aire libre: lo que Alicante ofrece gratis

La ciudad es un gimnasio abierto si se sabe mirar. Algunas opciones que no cuestan nada:

  • El paseo del Postiguet y la Explanada a primera hora: caminar rápido o correr junto al mar antes de que apriete el sol es el clásico alicantino por algo.
  • Las zonas de calistenia de la playa de San Juan: barras y paralelas para trabajar fuerza con el propio peso corporal, con la arena como amortiguación.
  • Nadar: la temporada de baño convierte la playa en la piscina más grande de la provincia. Veinte minutos de nado continuo son un entrenamiento completo de verdad.
  • El monte Benacantil y el Tossal: subidas cortas y exigentes para quien prefiere el desnivel al llano.

La única regla innegociable de todas ellas es el horario. Al aire libre, en Alicante y en verano, se entrena antes de las diez de la mañana o después de las nueve de la noche. Entre medias, el calor no solo hace la sesión desagradable: la hace poco recomendable.

 

El horario de verano es parte del entrenamiento

Merece la pena decirlo claro: en pleno verano alicantino, el cuándo importa tanto como el qué. Entrenar a mediodía a más de 30 grados eleva el esfuerzo percibido, dispara la deshidratación y convierte cualquier rutina razonable en una mala idea.

Tres ajustes sencillos marcan la diferencia:

  1. Sesiones a primera o última hora, cuando la temperatura da tregua.
  2. Hidratación antes, durante y después, no solo cuando aparece la sed.
  3. Intensidad progresiva: el cuerpo tarda unos días en aclimatarse al calor, así que las primeras sesiones de la temporada deben ser más suaves de lo habitual.

Y cuando ni la primera ni la última hora encajan con el día, la alternativa lógica es entrenar bajo techo con aire acondicionado, que en agosto deja de ser un lujo para ser casi una cuestión de salud.

 

Gimnasio sin atarse: la opción flexible para los meses de calor

Aquí aparece la duda clásica del verano: "¿me compensa pagar un gimnasio si igual me voy quince días de vacaciones?". La respuesta depende menos del precio que de las condiciones. Lo que hay que mirar antes de apuntarse en julio es una sola palabra: permanencia.

Las cuotas con compromiso de varios meses tienen sentido para quien planifica el año entero, pero penalizan justo el uso estacional. Para el verano conviene buscar cuotas mensuales sin permanencia, que permiten apuntarse en julio, entrenar con horarios amplios y aire acondicionado, y darse de baja o pausar sin penalización si los planes cambian. Varias cadenas ofrecen ya este modelo en la ciudad; entre ellas, VivaGym Alicante trabaja con cuotas sin permanencia y clases incluidas, un formato pensado precisamente para no atarse más allá de lo que uno necesita. Es la fórmula que mejor encaja con el verano: pagas los meses que entrenas y ni un euro más.

El criterio general, sea cual sea el gimnasio elegido, es sencillo: sin matrículas infladas, sin compromisos largos y con un horario que permita huir de las horas de calor.

 

Llegar a septiembre en marcha

El verano no tiene por qué ser el enemigo de la rutina. Combinando el mar y el paseo marítimo a primera hora, alguna sesión de fuerza y la opción flexible de gimnasio para los días de calor extremo, se puede pasar julio y agosto activo sin gastar de más.

Y el premio llega en septiembre: mientras media ciudad vuelve a empezar de cero, quien ha mantenido el hábito, aunque sea a medio gas, simplemente sigue donde lo dejó.

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