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Angelina y los cuernos del brigadier

Redacción - Diumenge, 31 de Octubre del 2010
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El Teatre Calderón vuelve a los 30 con la obra de Jardiel Poncela. (con vídeo) [caption id="attachment_18689" align="alignleft" width="300" caption="Un instante de la representación en el Calderón"][/caption] En la representación que hemos podido ver este fin de semana de "Angelina o el Honor de un Brigadier" en el Teatro Calderón hemos comprobado cómo se puede actualizar toda la escenografía de una obra estrenada en los años 30 sin que pierda ese sabor de teatro de siempre. Cortina levantada antes de empezar con un fondo de telón rojo clásico. En la parte más adelantada de escena, cirios y las candilejas. Arriba, unos tensores de acero que son el soporte visible de una serie de telones pintados que nos traen las distintas estancias, un recurso técnico que da vida a la obra. Después, los personajes, que se presentan uno a uno a la manera más tradicional, pero con un hábil recurso de iluminación con linternas que se vuelve a utilizar a lo largo de la representación, lo que ofrece algunos momentos memorables. El tema, los cuernos. Podríamos decirlo de forma más elegante, podríamos hablar  de “una comedia en verso sobre la deshonra”, pero mejor lo dejamos en cuernos, aunque sean dobles. Don Juan Tenorio, del que hay referencias en el mobiliario, llevado al extremo. En síntesis podríamos decir que la hija de un brigadier, abandona a su prometido y se escapa con el amante de su madre, cuestión que casi todos conocen, menos el brigadier, que deshonrado por la situación de la hija descubre que lleva tiempo deshonrado por el mismo joven, aunque con su mujer. Este argumento es el que Jardiel Poncela situó, seguramente para dotarle de mayor comicidad, en 1880, lo que sirve también para llevar los personajes a la caricatura. En cuanto al reparto, destaca la sincronía de los doce actores que pasan por escena. Especialmente destacan Carolina Lapausa, brillante en el momento de la huída, Soledad Mallol, la madre, y Luis Pérezagua, el médico, sin olvidar al brigadier Chete Lera, a Jacobo Dicenta, el amante de madre e hija y la comicidad del novio oficial, Daniel Huarte. Vemos un vídeo con un fragmento.
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