Artículo de Borja Montaño, doctor en Economía Aplicada.
Últimamente siempre que escribo un artículo lo hago para hablar de un cambio, sin duda estamos en tiempo de hacer las cosas de un modo diferente ¿Será por la proximidad de las elecciones? Recientemente el Gobierno y la oposición han llevado a cabo una reforma constitucional en la que se establece el pago de la deuda como una prioridad absoluta. En diversos medios periodísticos se ha defendido la medida aludiendo a que esta pone la estabilidad presupuestaria por encima de todo, y bueno si entendemos estabilidad por equilibrio entre las partidas de gasto e ingreso es efectivamente así. Lo cierto es que en referencia a la gestión del presupuesto en todos los niveles de la administración pública parece como si hubiésemos olvidado lo que sabemos de política económica. Yo me siento responsable de explicar y subrayar ciertas cuestiones que hemos de tener en cuenta. ¿Por qué existe el sector público en la dimensión económica? Supongamos que un Gobierno de un país ficticio decide recaudar 100 unidades monetarias y después gastar de nuevo estas 100 unidades monetarias. Muchos pensaréis ¿Y por qué no se está quieto? ¿Qué sentido tiene recaudar una cantidad y luego volverla a gastar? En los modelos macroeconómicos que emulan el funcionamiento de la economía se estudian los efectos de cambios en el gasto público y en los impuestos. Uno de los modelos más empleados por reunir buenas condiciones en tanto a realismo y sencillez es el conocido como IS-LM. En este modelo se estudia el equilibrio entre el mercado monetario y el de bienes y servicios. La ecuación del PIB según ese modelo es:
Y = C + I + G + XN
Siendo:
Y: nivel de renta
I: inversión
G: gasto público
XN: exportaciones netas
Cuando se desglosan cada uno de los componentes (ya que por ejemplo el consumo depende del nivel de renta, de los impuestos fijos y variables, de la propensión marginal al consumo…) se llega a una conclusión fundamental.
Un incremento del nivel de gasto y de impuestos en la misma magnitud genera un incremento de la renta. Es decir, en lugar de anularse como parece obvio a simple vista, cuando el sector público ingresa y gasta la misma cantidad de dinero (ojo, desde un punto de vista teórico, por supuesto dejando de lado corrupción y despilfarro absurdo) el impacto sobre la economía es positivo. La visión general de todos los expertos económicos es que un presupuesto público debe de servir además para hacer de contrapeso al ciclo económico, y desde un punto de vista teórico, esta medida no sería del todo entendible. Pero, seamos conscientes de que nuestro político medio en materia económica está enfermo, tiene “deuditis crónica”. Hemos olvidado todo, si un día lo supimos. Si tenemos en cuenta el paradigma de que todas nuestras administraciones se vienen endeudando como costumbre, es una excelente medida la de ponerle un techo a la deuda, y en este sentido le doy mi más sincera enhorabuena a Gobierno y oposición por llevarla a cabo. Ahora bien ¿Y si un día nuestro político entra en razón? ¿Por qué vamos a atarles los brazos a los políticos futuros? Ya bastante era con haber perdido la política monetaria ¿y ahora vamos a mermar la fiscal? En mi opinión es una buena medida si se le pone fecha de caducidad, es como meter a un delincuente en la cárcel para que se reforme, pero nosotros le estamos poniendo la perpetua, y esto quizás es menos cabal. ¿Cuánto tiempo tardaremos en deshacer esta reforma? Hagan sus apuestas, yo seré el primero en la porra, apuesto a diez años.
Últimamente siempre que escribo un artículo lo hago para hablar de un cambio, sin duda estamos en tiempo de hacer las cosas de un modo diferente ¿Será por la proximidad de las elecciones? Recientemente el Gobierno y la oposición han llevado a cabo una reforma constitucional en la que se establece el pago de la deuda como una prioridad absoluta. En diversos medios periodísticos se ha defendido la medida aludiendo a que esta pone la estabilidad presupuestaria por encima de todo, y bueno si entendemos estabilidad por equilibrio entre las partidas de gasto e ingreso es efectivamente así. Lo cierto es que en referencia a la gestión del presupuesto en todos los niveles de la administración pública parece como si hubiésemos olvidado lo que sabemos de política económica. Yo me siento responsable de explicar y subrayar ciertas cuestiones que hemos de tener en cuenta. ¿Por qué existe el sector público en la dimensión económica? Supongamos que un Gobierno de un país ficticio decide recaudar 100 unidades monetarias y después gastar de nuevo estas 100 unidades monetarias. Muchos pensaréis ¿Y por qué no se está quieto? ¿Qué sentido tiene recaudar una cantidad y luego volverla a gastar? En los modelos macroeconómicos que emulan el funcionamiento de la economía se estudian los efectos de cambios en el gasto público y en los impuestos. Uno de los modelos más empleados por reunir buenas condiciones en tanto a realismo y sencillez es el conocido como IS-LM. En este modelo se estudia el equilibrio entre el mercado monetario y el de bienes y servicios. La ecuación del PIB según ese modelo es:
Y = C + I + G + XN
Siendo:
Y: nivel de renta
I: inversión
G: gasto público
XN: exportaciones netas
Cuando se desglosan cada uno de los componentes (ya que por ejemplo el consumo depende del nivel de renta, de los impuestos fijos y variables, de la propensión marginal al consumo…) se llega a una conclusión fundamental.
Un incremento del nivel de gasto y de impuestos en la misma magnitud genera un incremento de la renta. Es decir, en lugar de anularse como parece obvio a simple vista, cuando el sector público ingresa y gasta la misma cantidad de dinero (ojo, desde un punto de vista teórico, por supuesto dejando de lado corrupción y despilfarro absurdo) el impacto sobre la economía es positivo. La visión general de todos los expertos económicos es que un presupuesto público debe de servir además para hacer de contrapeso al ciclo económico, y desde un punto de vista teórico, esta medida no sería del todo entendible. Pero, seamos conscientes de que nuestro político medio en materia económica está enfermo, tiene “deuditis crónica”. Hemos olvidado todo, si un día lo supimos. Si tenemos en cuenta el paradigma de que todas nuestras administraciones se vienen endeudando como costumbre, es una excelente medida la de ponerle un techo a la deuda, y en este sentido le doy mi más sincera enhorabuena a Gobierno y oposición por llevarla a cabo. Ahora bien ¿Y si un día nuestro político entra en razón? ¿Por qué vamos a atarles los brazos a los políticos futuros? Ya bastante era con haber perdido la política monetaria ¿y ahora vamos a mermar la fiscal? En mi opinión es una buena medida si se le pone fecha de caducidad, es como meter a un delincuente en la cárcel para que se reforme, pero nosotros le estamos poniendo la perpetua, y esto quizás es menos cabal. ¿Cuánto tiempo tardaremos en deshacer esta reforma? Hagan sus apuestas, yo seré el primero en la porra, apuesto a diez años.




















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