El Ballet Nacional de Cuba ha actuado en el Calderón.
Los aplausos del final tras la representación en el Teatre Calderón de La Cenicienta han servido a más de uno como momento de regreso a la realidad. Durante algo más de dos horas el Ballet Nacional de Cuba ha llevado al público al interior del cuento más veces contado.
La coreografía con que Pedro Consuegra ha hecho realidad en forma de movimiento el la música de Johann Strauss hijo, no ha necesitado más que la extraordinaria plasticidad de los bailarines del Ballet Nacional de Cuba para contarnos el cuento clásico de Johann Strauss.
Más de 20 intérpretes sobre la escena del Calderón que han destacado por su perfecta ejecución, su técnica, su sentido artístico y la capacidad de asombrar a la vez de mantener al público con la sonrisa y los ojos bien abiertos durante la mayor parte del espectáculo.
“Una maravilla”, “lo mejor de lo mejor” o “bonito de verdad” han sido alguno de los comentarios más escuchados durante el trayecto de la butaca al exterior de unos espectadores que todavía estaban encantados, como Cenicienta antes de sonar las 12.


Los aplausos del final tras la representación en el Teatre Calderón de La Cenicienta han servido a más de uno como momento de regreso a la realidad. Durante algo más de dos horas el Ballet Nacional de Cuba ha llevado al público al interior del cuento más veces contado.
La coreografía con que Pedro Consuegra ha hecho realidad en forma de movimiento el la música de Johann Strauss hijo, no ha necesitado más que la extraordinaria plasticidad de los bailarines del Ballet Nacional de Cuba para contarnos el cuento clásico de Johann Strauss.
Más de 20 intérpretes sobre la escena del Calderón que han destacado por su perfecta ejecución, su técnica, su sentido artístico y la capacidad de asombrar a la vez de mantener al público con la sonrisa y los ojos bien abiertos durante la mayor parte del espectáculo.
“Una maravilla”, “lo mejor de lo mejor” o “bonito de verdad” han sido alguno de los comentarios más escuchados durante el trayecto de la butaca al exterior de unos espectadores que todavía estaban encantados, como Cenicienta antes de sonar las 12.























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