Artículo de opinión de Alex Roselló Nadal, profesor IES Cotes Baixes.
Se dice que se podría erradicar la pobreza extrema en el mundo con apenas un 5% del actual gasto militar. Se ha calculado que hay un multimillonario por casi cada millón de pobres, esto es, apenas 500ricos tienen tanto como el resto de la humanidad. ¿Es esto posible?
Es tan macabro y desproporcionado como ponerse unas botas militares con punta de metal y coger carrerilla para pegar una patada a un gusano. Por desgracia, estas brutales desigualdades lejos de menguar siguen creciendo: los ricos se hacen más ricos a cambio de que los pobres se vuelvan paupérrimos. Actualmente se calcula que el 20% de los países ricos consume casi el 85% de los recursos mundiales y produce el 95% de los residuos tóxicos. ¿Cómo podemos permitir tal barbaridad? Fácil: el otro no soy yo, así que no es mi problema. Pero esto está cambiando, no nos queda otra. Los indignados norteamericanos lo tiene claro: somos el 99%.
No, los seres humanos somos de carne y hueso, no somos porcentajes, ni unos y ceros; y los niños y niñas menos. Pues aunque pocos hayan reparado en ello, el 20 de noviembre se celebra –también- el Día Mundial de la Infancia. ¿Quieres algunas cifras enajenantes? Se dice
que 1 niño muere de hambre cada 4 segundos y todavía en China y otros lugares se matan a las niñas como atroz método de planificación familiar. 4 de cada 10 niños en el mundo sufren desnutrición mientras la obesidad infantil es un problema creciente en países ricos como EEUU. 5 de cada 6 niñas no reciben ningún tipo de educación y morirán analfabetas; mientras en países como España nuestros alumnos se aburren en clase y aumenta el absentismo y abandono escolar.
Millones de niños en el mundo trabajan hasta 18 horas al día por menos de 1 euro para empresas y marcas que todos consumimos, como Coca-cola, que fomenta la explotación infantil en las plantaciones de caña de azúcar de El Salvador. Se calcula que hay más de 300.000 niños soldados en conflictos armados en más de 30 países, obligados a cometer atrocidades como matar a los compañeros que intenten desertar. Muchas niñas en el mundo son vendidas por sus propios padres por cuatro chavos para ser explotadas en el negocio del
turismo sexual, sustentado por los pervertidos de los países civilizados, que cada vez son más. Todavía hoy se practica la mutilación genital femenina en más de 30 países y corren el riesgo de sufrir ablación 5 niñas cada minuto. ¿Cómo podemos vivir en un mundo así? Muy fácil: ese niño y esa niña es sólo para mí otro número anónimo y desconocido más. Nada más. Es lo que tiene la forma impersonal: evita responsabilidad.
Pero, ¿podrías tú vivir con 1 euro al día? ¿Puedes imaginar ahora mismo a tu hijo jugando con una pistola y no con el mando de la play? ¿Y muriéndose por deshidratación y diarrea? ¿Y el dolor de tu hija cuando le extirpan el clítoris o cuando la violan? Imposible imaginarlo… Si cada 4 segundos –se dice- muere 1 niño en el mundo, ¿cuántos la han cascado ya mientras tú te entretienes con estas palabras y otras pajas mentales más? Una cifra, una cantidad, ¿nada más? Ya puedes, lector, volver a tus preocupaciones domésticas pues aquí no existe más que un juez: el de tu propia conciencia. Que la tuya descanse en paz.
Se dice que se podría erradicar la pobreza extrema en el mundo con apenas un 5% del actual gasto militar. Se ha calculado que hay un multimillonario por casi cada millón de pobres, esto es, apenas 500ricos tienen tanto como el resto de la humanidad. ¿Es esto posible?
Es tan macabro y desproporcionado como ponerse unas botas militares con punta de metal y coger carrerilla para pegar una patada a un gusano. Por desgracia, estas brutales desigualdades lejos de menguar siguen creciendo: los ricos se hacen más ricos a cambio de que los pobres se vuelvan paupérrimos. Actualmente se calcula que el 20% de los países ricos consume casi el 85% de los recursos mundiales y produce el 95% de los residuos tóxicos. ¿Cómo podemos permitir tal barbaridad? Fácil: el otro no soy yo, así que no es mi problema. Pero esto está cambiando, no nos queda otra. Los indignados norteamericanos lo tiene claro: somos el 99%.
No, los seres humanos somos de carne y hueso, no somos porcentajes, ni unos y ceros; y los niños y niñas menos. Pues aunque pocos hayan reparado en ello, el 20 de noviembre se celebra –también- el Día Mundial de la Infancia. ¿Quieres algunas cifras enajenantes? Se dice
que 1 niño muere de hambre cada 4 segundos y todavía en China y otros lugares se matan a las niñas como atroz método de planificación familiar. 4 de cada 10 niños en el mundo sufren desnutrición mientras la obesidad infantil es un problema creciente en países ricos como EEUU. 5 de cada 6 niñas no reciben ningún tipo de educación y morirán analfabetas; mientras en países como España nuestros alumnos se aburren en clase y aumenta el absentismo y abandono escolar.
Millones de niños en el mundo trabajan hasta 18 horas al día por menos de 1 euro para empresas y marcas que todos consumimos, como Coca-cola, que fomenta la explotación infantil en las plantaciones de caña de azúcar de El Salvador. Se calcula que hay más de 300.000 niños soldados en conflictos armados en más de 30 países, obligados a cometer atrocidades como matar a los compañeros que intenten desertar. Muchas niñas en el mundo son vendidas por sus propios padres por cuatro chavos para ser explotadas en el negocio del
turismo sexual, sustentado por los pervertidos de los países civilizados, que cada vez son más. Todavía hoy se practica la mutilación genital femenina en más de 30 países y corren el riesgo de sufrir ablación 5 niñas cada minuto. ¿Cómo podemos vivir en un mundo así? Muy fácil: ese niño y esa niña es sólo para mí otro número anónimo y desconocido más. Nada más. Es lo que tiene la forma impersonal: evita responsabilidad.
Pero, ¿podrías tú vivir con 1 euro al día? ¿Puedes imaginar ahora mismo a tu hijo jugando con una pistola y no con el mando de la play? ¿Y muriéndose por deshidratación y diarrea? ¿Y el dolor de tu hija cuando le extirpan el clítoris o cuando la violan? Imposible imaginarlo… Si cada 4 segundos –se dice- muere 1 niño en el mundo, ¿cuántos la han cascado ya mientras tú te entretienes con estas palabras y otras pajas mentales más? Una cifra, una cantidad, ¿nada más? Ya puedes, lector, volver a tus preocupaciones domésticas pues aquí no existe más que un juez: el de tu propia conciencia. Que la tuya descanse en paz.




















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