Aureli Tormos, Pdte. Associació d’Amics del CEC, Museu I Patrimoni Cultural del Comtat.
Hace poco leíamos un comentario de un arquitecto, dibujante y columnista de diario, que es fundador, animador e impulsor de la Fundación Santa María la Real dedicada a la protección del románico español, un arte en peligro, que decía (parafraseando a Unamuno): “una buena ruina es un patrimonio, o sea, una esperanza”. Bien, Peridis, o sea José María Pérez, persona de reconocido prestigio y trayectoria profesional por su defensa del patrimonio cultural y arquitectónico del románico español, creador de escuelas taller de jóvenes en paro que inspiró una corriente hoy todavía en uso, todavía proseguía al decir que al patrimonio “no sólo se le puede cuidar, sino que es una gran riqueza en un país turístico … (una fábrica se puede ir a China, pero no el acueducto de Segovia)”.
Bravo, compartimos sus ideales, lástima que no conozcan lo suficiente su trabajo por estos lares, (los que sepan de su existencia es posible que sea tan sólo por su tira cómica diaria) dónde, demasiadas veces, desde la administración local pública, se dedican con mucho éxito por cierto, a la tarea de reducir hasta sus cimientos cualquier vestigio, resto, ruina, edificio, mueble o inmueble que sea susceptible de ser considerado patrimonio cultural arquitectónico, ¿patrimonio, para qué?. Parece que el único significado de la palabra patrimonio que conozcan sea aquel relacionado con el capital monetario.

Si hace poco nos indignamos con el derribo de más de siete metros de muralla catalogada BIC en la calle Dolors, si hace no muchos años logramos impedir el derribo “in extremis” de una torre de la muralla, si padecemos cada vez que pasamos por delante el atentado sufrido al Castell de Penella, si observamos diariamente el deterioro por falta de mantenimiento e interés (no debe de lucir mucho, por lo visto), de edificios tan emblemáticos como es el castillo que preside y tutela nuestro pueblo, si vemos día tras día como el casco antiguo, cómo el Raval o la Vila, se van degradando y reduciendo a ruinas cuando las lluvias aparecen, si hemos de soportar día si día también los intentos de perversión y ataques al Palau Comtal, si vemos cómo se caen los edificios con elementos BIC delante de sus narices, si lamentamos que varios elementos arquitectónicos de nuestro patrimonio se hayan enfondado y permanezcan ocultos bajo toneladas de escombros y rellenos, ahora debemos de llorar e indignarnos un poco más si cabe con el derribo: consentido, autorizado, permitido, tolerado, concedido, facultado, asentido… llámenlo como quieran, de un acueducto del siglo XVIII que se mantenía en vigor en el camino de Penella.
Dirán que es legal, y seguramente lo será, como tantas cosas que vemos diariamente en las noticias y que nos sublevan. Dirán que no está catalogado (vamos, que no tiene pedigrí, así es más fácil ¿verdad?), que los camiones de bomberos no podían pasar, dirán que era un peligro, ¡dirán el que querrán!, pero es una burda patraña. ¿Ya no hay otra opción? ¿a quién va a beneficiar?, ¿tantos camiones pasan por ese camino, y a dónde conduce, que transportan, a qué polígono o industria fantasma debe guiar?, ¿no hubiese sido más fácil rebajar la cota del camino para ganar altura, respetando el elemento patrimonial?. Ya les contesto yo: NO. Arquitectos, aparejadores, y técnicos en patrimonio municipales, amén de equipo de gobierno entero incluido, cabezas bien pensantes y responsables de las decisiones y de la protección de nuestro patrimonio, han decidido por su cuenta lo que es bueno o no para él (es posible que no sea una decisión mancomunada, pero el silencio ante tal hecho premeditado, si lo ha sido). Por supuesto sin consultar p.e., al Consejo de Cultura Local, sin consultar si quiera por cortesía, a las entidades significadas en la defensa del Patrimonio Cultural contestano… es decir, ¡porque nos da la gana!, que para eso mandamos. Bien, pues con eso lo dicen todo, con esa actitud se definen, se retratan, se evidencian. Es lo que tenemos, es lo que hay.
Pues, sin que sirva de sugerencia, (no sea que se lo tomen muy a pecho y se decidan a intervenir), todavía queda mucho patrimonio en pié, todavía es ingente la labor de preservarlo, ponerlo en valor, cuidarlo, recuperarlo, catalogarlo…es una gran riqueza para una comarca como la nuestra, con potencial turístico y cultural de primer orden… por favor les digo: ¡no lo toquen, no hagan nada, déjenlo como está!, no se les ocurra meter mano, dejemos y esperemos que lleguen otros con más sentido, responsabilidad y sensibilidad, que hagan su trabajo como es menester.
Hagan un gran servicio a la comunidad y al patrimonio arquitectónico y cultural contestano, busquen otros temas en que ocupar su tiempo y esfuerzo, seguro que los encuentran.
Nuestro sufrido y paciente patrimonio suspira y dice: “virgencita que me quede como estoy”.
Hace poco leíamos un comentario de un arquitecto, dibujante y columnista de diario, que es fundador, animador e impulsor de la Fundación Santa María la Real dedicada a la protección del románico español, un arte en peligro, que decía (parafraseando a Unamuno): “una buena ruina es un patrimonio, o sea, una esperanza”. Bien, Peridis, o sea José María Pérez, persona de reconocido prestigio y trayectoria profesional por su defensa del patrimonio cultural y arquitectónico del románico español, creador de escuelas taller de jóvenes en paro que inspiró una corriente hoy todavía en uso, todavía proseguía al decir que al patrimonio “no sólo se le puede cuidar, sino que es una gran riqueza en un país turístico … (una fábrica se puede ir a China, pero no el acueducto de Segovia)”.
Bravo, compartimos sus ideales, lástima que no conozcan lo suficiente su trabajo por estos lares, (los que sepan de su existencia es posible que sea tan sólo por su tira cómica diaria) dónde, demasiadas veces, desde la administración local pública, se dedican con mucho éxito por cierto, a la tarea de reducir hasta sus cimientos cualquier vestigio, resto, ruina, edificio, mueble o inmueble que sea susceptible de ser considerado patrimonio cultural arquitectónico, ¿patrimonio, para qué?. Parece que el único significado de la palabra patrimonio que conozcan sea aquel relacionado con el capital monetario.

Si hace poco nos indignamos con el derribo de más de siete metros de muralla catalogada BIC en la calle Dolors, si hace no muchos años logramos impedir el derribo “in extremis” de una torre de la muralla, si padecemos cada vez que pasamos por delante el atentado sufrido al Castell de Penella, si observamos diariamente el deterioro por falta de mantenimiento e interés (no debe de lucir mucho, por lo visto), de edificios tan emblemáticos como es el castillo que preside y tutela nuestro pueblo, si vemos día tras día como el casco antiguo, cómo el Raval o la Vila, se van degradando y reduciendo a ruinas cuando las lluvias aparecen, si hemos de soportar día si día también los intentos de perversión y ataques al Palau Comtal, si vemos cómo se caen los edificios con elementos BIC delante de sus narices, si lamentamos que varios elementos arquitectónicos de nuestro patrimonio se hayan enfondado y permanezcan ocultos bajo toneladas de escombros y rellenos, ahora debemos de llorar e indignarnos un poco más si cabe con el derribo: consentido, autorizado, permitido, tolerado, concedido, facultado, asentido… llámenlo como quieran, de un acueducto del siglo XVIII que se mantenía en vigor en el camino de Penella.
Dirán que es legal, y seguramente lo será, como tantas cosas que vemos diariamente en las noticias y que nos sublevan. Dirán que no está catalogado (vamos, que no tiene pedigrí, así es más fácil ¿verdad?), que los camiones de bomberos no podían pasar, dirán que era un peligro, ¡dirán el que querrán!, pero es una burda patraña. ¿Ya no hay otra opción? ¿a quién va a beneficiar?, ¿tantos camiones pasan por ese camino, y a dónde conduce, que transportan, a qué polígono o industria fantasma debe guiar?, ¿no hubiese sido más fácil rebajar la cota del camino para ganar altura, respetando el elemento patrimonial?. Ya les contesto yo: NO. Arquitectos, aparejadores, y técnicos en patrimonio municipales, amén de equipo de gobierno entero incluido, cabezas bien pensantes y responsables de las decisiones y de la protección de nuestro patrimonio, han decidido por su cuenta lo que es bueno o no para él (es posible que no sea una decisión mancomunada, pero el silencio ante tal hecho premeditado, si lo ha sido). Por supuesto sin consultar p.e., al Consejo de Cultura Local, sin consultar si quiera por cortesía, a las entidades significadas en la defensa del Patrimonio Cultural contestano… es decir, ¡porque nos da la gana!, que para eso mandamos. Bien, pues con eso lo dicen todo, con esa actitud se definen, se retratan, se evidencian. Es lo que tenemos, es lo que hay.
Pues, sin que sirva de sugerencia, (no sea que se lo tomen muy a pecho y se decidan a intervenir), todavía queda mucho patrimonio en pié, todavía es ingente la labor de preservarlo, ponerlo en valor, cuidarlo, recuperarlo, catalogarlo…es una gran riqueza para una comarca como la nuestra, con potencial turístico y cultural de primer orden… por favor les digo: ¡no lo toquen, no hagan nada, déjenlo como está!, no se les ocurra meter mano, dejemos y esperemos que lleguen otros con más sentido, responsabilidad y sensibilidad, que hagan su trabajo como es menester.
Hagan un gran servicio a la comunidad y al patrimonio arquitectónico y cultural contestano, busquen otros temas en que ocupar su tiempo y esfuerzo, seguro que los encuentran.
Nuestro sufrido y paciente patrimonio suspira y dice: “virgencita que me quede como estoy”.



















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