A raíz de un reportaje publicado en El Mundo.
[caption id="attachment_44737" align="alignleft" width="300" caption="Ximo Romá"]
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La polémica surgida a partir del anuncio sobre la no renovación de la concesión a la empresa que gestiona el Teatre Calderón está derivando hacia terrenos que van más allá de la gestión y de la política.
Tras las reservas por el cambio que han expuesto buena parte de las entidades que utilizan este espacio escénico, se han ido sumando acciones y reacciones en uno y otro sentido que en pocas ocasiones aportan valor sobre la decisión y que van más allá de los aspectos contractuales de las partes.
Conjeturas sobre el modelo de automóvil de algún empleado de la empresa gestora, sobre sus honorarios o la forma y cantidad de asistencia previa a las instalaciones culturales de los nuevos responsables son argumentos esgrimidos a favor o en contra, dejando de lado si se ha cumplido o no el contrato o si la gestión ha sido la adecuada, independientemente del modelo escogido para el futuro por razones económicas o políticas.
Estamos en un contexto de batalla en el que, además de los contendientes reconocidos participan más elementos externos que están echando leña al fuego de la confusión entre lo contratado, los resultados, el ideario, la economía y lo personal, con argumentos que rozan el fango en el que lo ético se utiliza como escudo que pone en evidencia descuidos del Ayuntamiento en el control del contrato con la gestora del teatro.
La muestra la hemos tenido este domingo en el reportaje publicado en las páginas de Alicante del periódico El Mundo. La publicación ha revelado que la empresa de la que es socia la esposa del director del Calderón, Ximo Romá, facturó al teatro cerca de 260.000 euros en 2011. Esta mercantil se dedica a la organización de actividades culturales y trabaja con otros teatros.
Aunque se trata de una cuestión ajena al Ayuntamiento, ya que es la concesionaria del Calderón quien tiene la potestad de escoger sus proveedores siempre que se cumpla el contrato, la concejala de Cultura, Anna Serrano, ha anunciado, de nuevo en una entrevista, la intención de reunirse con Romá, quien en el reportaje de El Mundo no le ha dado más trascendencia a la relación con esta empresa, sobre la que ha afirmado que se trata de una contratación justificada.
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La polémica surgida a partir del anuncio sobre la no renovación de la concesión a la empresa que gestiona el Teatre Calderón está derivando hacia terrenos que van más allá de la gestión y de la política.
Tras las reservas por el cambio que han expuesto buena parte de las entidades que utilizan este espacio escénico, se han ido sumando acciones y reacciones en uno y otro sentido que en pocas ocasiones aportan valor sobre la decisión y que van más allá de los aspectos contractuales de las partes.
Conjeturas sobre el modelo de automóvil de algún empleado de la empresa gestora, sobre sus honorarios o la forma y cantidad de asistencia previa a las instalaciones culturales de los nuevos responsables son argumentos esgrimidos a favor o en contra, dejando de lado si se ha cumplido o no el contrato o si la gestión ha sido la adecuada, independientemente del modelo escogido para el futuro por razones económicas o políticas.
Estamos en un contexto de batalla en el que, además de los contendientes reconocidos participan más elementos externos que están echando leña al fuego de la confusión entre lo contratado, los resultados, el ideario, la economía y lo personal, con argumentos que rozan el fango en el que lo ético se utiliza como escudo que pone en evidencia descuidos del Ayuntamiento en el control del contrato con la gestora del teatro.
La muestra la hemos tenido este domingo en el reportaje publicado en las páginas de Alicante del periódico El Mundo. La publicación ha revelado que la empresa de la que es socia la esposa del director del Calderón, Ximo Romá, facturó al teatro cerca de 260.000 euros en 2011. Esta mercantil se dedica a la organización de actividades culturales y trabaja con otros teatros.
Aunque se trata de una cuestión ajena al Ayuntamiento, ya que es la concesionaria del Calderón quien tiene la potestad de escoger sus proveedores siempre que se cumpla el contrato, la concejala de Cultura, Anna Serrano, ha anunciado, de nuevo en una entrevista, la intención de reunirse con Romá, quien en el reportaje de El Mundo no le ha dado más trascendencia a la relación con esta empresa, sobre la que ha afirmado que se trata de una contratación justificada.




















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