Ramón Requena, editor de pagina66.com
Los ochenta dieron para mucho. Unir en un mismo edificio dos instituciones dependientes del IMPIVA que ayudaran a fortalecer la economía comarcal fue una idea ambiciosa con visión de futuro. Una idea innovadora. El tiempo ha pasado y aunque la canción dice que veinte años no es nada, las personas vamos modificando los objetivos iniciales.
AITEX ha crecido de manera significativa, mejorando su posición cada día pese a trabajar para un sector con una complicada situación. Frente a la permanente crisis textil, los profesionales de AITEX han sabido buscar las alternativas necesarias para ofrecer cada vez más servicios y convertirse en referente de investigación y desarrollo creativo. Ocupan, en la antigua sede de Papeleras Reunidas, la primera y cuarta planta, el patio interior y cualquier zona que permita ser ampliada, aunque sea con un techo de uralita. Los pasillos y escaleras de todo el edificio son un trasiego de batas blancas con cubetas y probetas en mano. Ahora piden nueva ubicación. Se quieren marchar para poder seguir creciendo.
La situación del CEEI es distinta. Proyectado como incubadora de empresas y proveedora de servicios, ha visto crecer en su seno a innumerables compañías en este tiempo, especialmente en la década de los 90. Durante la mayor parte de estos años ha ocupado el espacio de las plantas segunda y tercera, casi todo destinado tradicionalmente a las empresas que se han desarrollado bajo el amparo y consejo de los distintos equipos de técnicos que han pasado por la institución. Ahora mismo, su superficie se reduce a casi toda la segunda planta y ha perdido parte de su presencia entre los emprendedores de la comarca.
En unos meses, la Escola d’Art i Superior de Disseny abandonará las instalaciones que ocupa en la tercera planta, para acomodarse en su nuevo edificio.
¿Qué hacer ahora con esta construcción modernista?
Las alternativas son innumerables. Independientemente de la que se elija, se debería tener en cuenta el origen industrial del edificio y evitar que se establezcan allí organizaciones con funciones meramente burocráticas. El Bambú debe continuar fomentando el desarrollo económico de la pequeña empresa como articuladora de nuestra sociedad. Quizás la solución más inmediata sería ampliar el CEEI.
Para ello, la institución del IMPIVA debería recuperar su inicial objetivo de apoyar la puesta en marcha de nuevas iniciativas empresariales mediante la estrecha colaboración con los emprendedores, especialmente, con los que ocupamos espacio en sus instalaciones.
Se podría así recuperar el espacio que en un principio se destinó a vivero de empresas, para lo que sería necesario rescatar parte de la complicidad inicial con las denominadas “empresas CEEI”, proyectos que en todo momento tenían la orientación y consejo de quienes trabajaban por mejorar el tejido empresarial en la comarca.
Los ochenta dieron para mucho. Unir en un mismo edificio dos instituciones dependientes del IMPIVA que ayudaran a fortalecer la economía comarcal fue una idea ambiciosa con visión de futuro. Una idea innovadora. El tiempo ha pasado y aunque la canción dice que veinte años no es nada, las personas vamos modificando los objetivos iniciales.
AITEX ha crecido de manera significativa, mejorando su posición cada día pese a trabajar para un sector con una complicada situación. Frente a la permanente crisis textil, los profesionales de AITEX han sabido buscar las alternativas necesarias para ofrecer cada vez más servicios y convertirse en referente de investigación y desarrollo creativo. Ocupan, en la antigua sede de Papeleras Reunidas, la primera y cuarta planta, el patio interior y cualquier zona que permita ser ampliada, aunque sea con un techo de uralita. Los pasillos y escaleras de todo el edificio son un trasiego de batas blancas con cubetas y probetas en mano. Ahora piden nueva ubicación. Se quieren marchar para poder seguir creciendo.
La situación del CEEI es distinta. Proyectado como incubadora de empresas y proveedora de servicios, ha visto crecer en su seno a innumerables compañías en este tiempo, especialmente en la década de los 90. Durante la mayor parte de estos años ha ocupado el espacio de las plantas segunda y tercera, casi todo destinado tradicionalmente a las empresas que se han desarrollado bajo el amparo y consejo de los distintos equipos de técnicos que han pasado por la institución. Ahora mismo, su superficie se reduce a casi toda la segunda planta y ha perdido parte de su presencia entre los emprendedores de la comarca.
En unos meses, la Escola d’Art i Superior de Disseny abandonará las instalaciones que ocupa en la tercera planta, para acomodarse en su nuevo edificio.
¿Qué hacer ahora con esta construcción modernista?
Las alternativas son innumerables. Independientemente de la que se elija, se debería tener en cuenta el origen industrial del edificio y evitar que se establezcan allí organizaciones con funciones meramente burocráticas. El Bambú debe continuar fomentando el desarrollo económico de la pequeña empresa como articuladora de nuestra sociedad. Quizás la solución más inmediata sería ampliar el CEEI.
Para ello, la institución del IMPIVA debería recuperar su inicial objetivo de apoyar la puesta en marcha de nuevas iniciativas empresariales mediante la estrecha colaboración con los emprendedores, especialmente, con los que ocupamos espacio en sus instalaciones.
Se podría así recuperar el espacio que en un principio se destinó a vivero de empresas, para lo que sería necesario rescatar parte de la complicidad inicial con las denominadas “empresas CEEI”, proyectos que en todo momento tenían la orientación y consejo de quienes trabajaban por mejorar el tejido empresarial en la comarca.




















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