Ximo Llorens, periodista.
Es la cocina de una casa de clase trabajadora donde transitan y trajinan el cuerpo y el alma de ella, de Shirley Valentine, querible enseguida, doméstica, pero sin descuidar por ello que combinen blusa, cinta para el pelo y delantal. Afuera, bulle Liverpool, sucio y fabril. También febril, mientras en la geografía cerrada de su cocina ella sueña o fantasea –que viene a ser lo mismo- con un viaje a Grecia, escapando de su mundo, yéndose de viaje a través del conducto extractor de humos. Un Liverpool oscuro y brumoso, puede que lluvioso, sucio de minas, con un toldo perenne de contaminación industrial y justamente allí Shirley Valentine suspira por Grecia, por el azul brillante y por la luz, por el calor y por los orígenes, por un mundo tan real y físico como opuesto y distante, casi inalcanzable, un lugar tan distinto del lugar en el que transcurre su vida que es como desear ser parte de un cuento. Por unos días.
Willy Russel, nacido en Winston, cerca de Liverpool, en 1948, no es un autor, un dramaturgo, precisamente prolífico. Es, eso sí, un hombre polifacético. Es músico, por ejemplo, y aparte de sus comedias, ha escrito también novelas. Junto a ‘Shirley Valentine’, hay que mencionar ‘Educando a Rita’ y ‘Hermanos de sangre’, y tan cercano a Liverpool como es, no es raro que cayera en el impulso de abordar el mundo de los Beatles con un musical escrito por él mismo sobre el mítico grupo.
Desde que en el año 1986 se estrenó en teatro ‘Shirley Valentine’, el éxito de la comedia fue fulgurante. Y rotundo. Rebosa ingenio por todas partes, y desde el día de su estreno no ha dejado de ponerse en escena una y otra vez en prácticamente todo el mundo, sobre todo, claro está, en Europa y América, y más concretamente en Estados Unidos.
Requiere el texto, obviamente, de una actriz que esté a la altura de las circunstancias. A tal comedia, tal actriz. Verónica Forqué se vio a sí misma en el personaje –y cuando vean el espectáculo comprenderán por qué- y decidió acometer el proyecto y dar vida en la escena a un personaje que en poco tiempo se ha instalado en el olimpo de los clásicos, dirigida por Manuel Iborra, que aún formado en el mundo del cine, ha tenido ya alguna feliz experiencia teatral que ahora repite con esta comedia encantadora, reflejo de nosotros mismos, y desde el lado más subjetivo y personal diré que Iborra lo ha tenido en este aspecto fácil, porque la actriz es de las que te seduce desde el primer movimiento de ceja, desde la primera palabra, desde los primeros pasos en escena. Él mismo ha dicho que Verónica Forqué es su actriz favorita. Y eso se manifiesta en escena.
Es la cocina de una casa de clase trabajadora donde transitan y trajinan el cuerpo y el alma de ella, de Shirley Valentine, querible enseguida, doméstica, pero sin descuidar por ello que combinen blusa, cinta para el pelo y delantal. Afuera, bulle Liverpool, sucio y fabril. También febril, mientras en la geografía cerrada de su cocina ella sueña o fantasea –que viene a ser lo mismo- con un viaje a Grecia, escapando de su mundo, yéndose de viaje a través del conducto extractor de humos. Un Liverpool oscuro y brumoso, puede que lluvioso, sucio de minas, con un toldo perenne de contaminación industrial y justamente allí Shirley Valentine suspira por Grecia, por el azul brillante y por la luz, por el calor y por los orígenes, por un mundo tan real y físico como opuesto y distante, casi inalcanzable, un lugar tan distinto del lugar en el que transcurre su vida que es como desear ser parte de un cuento. Por unos días.
Willy Russel, nacido en Winston, cerca de Liverpool, en 1948, no es un autor, un dramaturgo, precisamente prolífico. Es, eso sí, un hombre polifacético. Es músico, por ejemplo, y aparte de sus comedias, ha escrito también novelas. Junto a ‘Shirley Valentine’, hay que mencionar ‘Educando a Rita’ y ‘Hermanos de sangre’, y tan cercano a Liverpool como es, no es raro que cayera en el impulso de abordar el mundo de los Beatles con un musical escrito por él mismo sobre el mítico grupo.
Desde que en el año 1986 se estrenó en teatro ‘Shirley Valentine’, el éxito de la comedia fue fulgurante. Y rotundo. Rebosa ingenio por todas partes, y desde el día de su estreno no ha dejado de ponerse en escena una y otra vez en prácticamente todo el mundo, sobre todo, claro está, en Europa y América, y más concretamente en Estados Unidos.
Requiere el texto, obviamente, de una actriz que esté a la altura de las circunstancias. A tal comedia, tal actriz. Verónica Forqué se vio a sí misma en el personaje –y cuando vean el espectáculo comprenderán por qué- y decidió acometer el proyecto y dar vida en la escena a un personaje que en poco tiempo se ha instalado en el olimpo de los clásicos, dirigida por Manuel Iborra, que aún formado en el mundo del cine, ha tenido ya alguna feliz experiencia teatral que ahora repite con esta comedia encantadora, reflejo de nosotros mismos, y desde el lado más subjetivo y personal diré que Iborra lo ha tenido en este aspecto fácil, porque la actriz es de las que te seduce desde el primer movimiento de ceja, desde la primera palabra, desde los primeros pasos en escena. Él mismo ha dicho que Verónica Forqué es su actriz favorita. Y eso se manifiesta en escena.




















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