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La mala educación

Redacción - Diumenge, 28 de Febrer del 2010
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Ramón Requena, editor de pagina66.com No sé cuándo cambió esto. Ni tan siquiera estoy seguro porqué. La cuestión es que la educación, la enseñanza, el aprendizaje, no son cuestiones valoradas. No se considera importante aprender, saber, mejorar. No son términos mercantiles que puedan ser contabilizados y, por tanto, con beneficios mesurables. Hace unos días tuve ocasión de escuchar a un grupo de padres y profesores denunciar públicamente situaciones cotidianas en los centros educativos que no seríamos capaces de admitir en ámbitos productivos. Que clases enteras pasen meses sin profesor, que se incorporen asignaturas sin el profesional correspondiente o que los maestros a veces tengan que dedicar más horas a cuestiones burocráticas que a atender sus clases son temas graves, que extrapolados a la empresa significarían la improductividad más absoluta y el cierre. Sin embargo, los comentarios posteriores sólo hablaban de la multa al director que se le ocurrió poner al revés el retrato del conseller, del número de barracones o de la derivación del ya exiguo presupuesto hacia otros fastos veleros. Nos quedamos con los símbolos sin entrar al detalle. Un barracón no es el mejor sitio para aprender, pero lo substancial es que en el lugar destinado a mejorar capacidades haya un buen profesional valorado con tiempo para investigar, para elaborar materiales y para atender el progreso de sus alumnos. Llevo un buen rato frente al ordenador luchando contra un nuevo programa informático. Creo que he conseguido defenderme y estoy satisfecho, porque mi día termina con un nuevo aprendizaje. Sin embargo, estoy seguro que si confesara las horas invertidas, más de uno pensaría que he perdido el tiempo. “Total…”, dicen. Soy de los de antes, de cuando saber más era progresar, hacer las cosas bien no era suficiente si todavía se podían mejorar y un acento era un acento. Sé que esta no es la norma, que para muchos la preocupación por la falta de profesorado a principio de curso sólo llega si afecta a los horarios “de atención” de ese almacén de jóvenes llamado escuela, que para otros la estética cuenta más que la ética y que, como les pasa a los de AIN, un centro educativo sólo comienza a contar cuando la sociedad considera que su objetivo afecta al futuro y actualmente es más importante para la mayoría pedir correctamente “fish'n'chips” este verano en Picadilly Circus y no el bienestar de muchas personas a las que a veces les cuesta que les escuchen cuando quieren decir buenos días.
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