Artículo de Bartolomé Sanz Albiñana, doctor en Filología Inglesa.
He confesar que le había perdido la pista a Wim Mertens (1953), compositor belga, contratenor, pianista, guitarrista y musicólogo, desde hacía mucho tiempo. Por tanto, su concierto en Alcoy resultó gratificante y en cierto modo nostálgico, al menos para mí, ya que me sirvió para recordar un tiempo en que su música nos tenía literalmente hechizados, gracias a aquellos inolvidables Diálogos Tres (Radio 3), que dirigía Ramón Trecet.
Mertens fue un músico muy activo desde comienzos de la década de los ochenta en que se le adscribió a la corriente minimalista, término que ya venía empleándose al menos desde hacía veinte años y que etiquetaba lo que componían La Monte Young, Terry Riley, Steve Reich y Philip Glass, músicos nacidos a mitad de la década de los treinta y asentados en Nueva York. La etiqueta minimalista, no siempre bien considerada, parece ser que fue acuñada por el compositor británico Michael Nyman y respondía a los medios limitados y repetitivos con que se construía este tipo de música. Bueno, lo cierto es que el Bolero de Ravel también es minimalista: un tema que se repite hasta la saciedad con un ritmo que no sufre apenas variación. Y si nos ponemos drásticos John Cage con su composición 4´33 (1952) es el más minimalista de todos los minimalistas. Les encantará escuchar esa composición si tienen buen oído. Personalmente no me gustó la etiqueta de minimalismo ni tampoco la de new age. Yo preferí la de Nuevas Musicas, quizás influido por la obra seminal de John Schaefer, New Sounds, mi libro de cabecera musical de finales de los ochenta.
El músico belga estuvo en deuda con el Philip Glass de Einstein on the Beach al menos en sus primeros trabajos (instrumentos de viento y teclados acústicos y eléctricos), a veces fríos y distantes, pero cuando encontró su camino dejó para la historia de la música por lo menos una docena de melodías inolvidables y bellas como Maximizing the Audience, Usura, Watch, The Whole, Prudence, Humility, Struggle for Pleasure, Close Cover, etc. que, reconozco, en su momento me martillearon el cerebelo y que incluso hoy no pueden dejar inmutable a nadie con un mínimo de sensibilidad. Y algo que no se puede decir de todos los músicos actuales: sus composiciones llevan un sello inconfundible y obsesivamente bello que se reconoce a kilómetros de distancia, y sobre todo si se tiene en cuenta que ha dado a luz alrededor de setenta álbumes hasta la fecha.
El concierto de Alcoy en el Teatro Calderón registró una media entrada con un público atento y entregado que aplaudió rabiosamente, de tal modo que el músico no tuvo oportunidad de descansar los diez minutos de rigor señalados en el programa. Los temas interpretados correspondían a su última grabación Series of ands /Immediate givens y apenas nos deleitó con un par de sus clásicos que el público asistente identificó tras los primeros acordes. Sólo hay que lamentar que su presencia en Alcoy fuera con la versión de una mano delante y otra detrás (piano excelente y voz en luna menguante), la formación más escueta, y supongo económica, ya que que el concierto habría sido muy diferente de venir arropado de duo, trío, ensemble u orquesta, como acude a otros lugares.
En cualquier caso, es justo reconocer que la música actual de cierto corte clásico –nada que ver con Shakira y Lady Gaga, con todos mis respetos– apenas se podría entender sin algunos de los nombres que se citan en las líneas anteriores y a los que podríamos añadir otros como Simon Jeffes, Harold Budd, John Surman, David Darling, Brian Eno, Gavin Bryars, John Adams, Michael Jones, George Winston, Kronos Quartet, etc., a los que tampoco hemos visto aún –a algunos difícilmente los podamos ver ya–. Digo esto por si acaso lee estas líneas algún responsable de eventos músico–culturales de esta ciudad, en un momento en que, ya lo sé, no estamos para muchos fuegos artificiales.
He confesar que le había perdido la pista a Wim Mertens (1953), compositor belga, contratenor, pianista, guitarrista y musicólogo, desde hacía mucho tiempo. Por tanto, su concierto en Alcoy resultó gratificante y en cierto modo nostálgico, al menos para mí, ya que me sirvió para recordar un tiempo en que su música nos tenía literalmente hechizados, gracias a aquellos inolvidables Diálogos Tres (Radio 3), que dirigía Ramón Trecet.
Mertens fue un músico muy activo desde comienzos de la década de los ochenta en que se le adscribió a la corriente minimalista, término que ya venía empleándose al menos desde hacía veinte años y que etiquetaba lo que componían La Monte Young, Terry Riley, Steve Reich y Philip Glass, músicos nacidos a mitad de la década de los treinta y asentados en Nueva York. La etiqueta minimalista, no siempre bien considerada, parece ser que fue acuñada por el compositor británico Michael Nyman y respondía a los medios limitados y repetitivos con que se construía este tipo de música. Bueno, lo cierto es que el Bolero de Ravel también es minimalista: un tema que se repite hasta la saciedad con un ritmo que no sufre apenas variación. Y si nos ponemos drásticos John Cage con su composición 4´33 (1952) es el más minimalista de todos los minimalistas. Les encantará escuchar esa composición si tienen buen oído. Personalmente no me gustó la etiqueta de minimalismo ni tampoco la de new age. Yo preferí la de Nuevas Musicas, quizás influido por la obra seminal de John Schaefer, New Sounds, mi libro de cabecera musical de finales de los ochenta.
El músico belga estuvo en deuda con el Philip Glass de Einstein on the Beach al menos en sus primeros trabajos (instrumentos de viento y teclados acústicos y eléctricos), a veces fríos y distantes, pero cuando encontró su camino dejó para la historia de la música por lo menos una docena de melodías inolvidables y bellas como Maximizing the Audience, Usura, Watch, The Whole, Prudence, Humility, Struggle for Pleasure, Close Cover, etc. que, reconozco, en su momento me martillearon el cerebelo y que incluso hoy no pueden dejar inmutable a nadie con un mínimo de sensibilidad. Y algo que no se puede decir de todos los músicos actuales: sus composiciones llevan un sello inconfundible y obsesivamente bello que se reconoce a kilómetros de distancia, y sobre todo si se tiene en cuenta que ha dado a luz alrededor de setenta álbumes hasta la fecha.
El concierto de Alcoy en el Teatro Calderón registró una media entrada con un público atento y entregado que aplaudió rabiosamente, de tal modo que el músico no tuvo oportunidad de descansar los diez minutos de rigor señalados en el programa. Los temas interpretados correspondían a su última grabación Series of ands /Immediate givens y apenas nos deleitó con un par de sus clásicos que el público asistente identificó tras los primeros acordes. Sólo hay que lamentar que su presencia en Alcoy fuera con la versión de una mano delante y otra detrás (piano excelente y voz en luna menguante), la formación más escueta, y supongo económica, ya que que el concierto habría sido muy diferente de venir arropado de duo, trío, ensemble u orquesta, como acude a otros lugares.
En cualquier caso, es justo reconocer que la música actual de cierto corte clásico –nada que ver con Shakira y Lady Gaga, con todos mis respetos– apenas se podría entender sin algunos de los nombres que se citan en las líneas anteriores y a los que podríamos añadir otros como Simon Jeffes, Harold Budd, John Surman, David Darling, Brian Eno, Gavin Bryars, John Adams, Michael Jones, George Winston, Kronos Quartet, etc., a los que tampoco hemos visto aún –a algunos difícilmente los podamos ver ya–. Digo esto por si acaso lee estas líneas algún responsable de eventos músico–culturales de esta ciudad, en un momento en que, ya lo sé, no estamos para muchos fuegos artificiales.





















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