Pagina 66, Noticias de Alcoy y de El Comtat

Rajoy y Churchill

Redacción - Dimecres, 25 de Juliol del 2012
Tiempo de lectura:

Bartolomé Sanz Albiñana, doctor en Filología Inglesa. El poder que permite gobernar en un sistema democrático se obtiene en las urnas. A veces, curiosa y paradójicamente, no gobiernan quienes consiguen más votos y moralmente ganan las elecciones. Ese hecho deja insatisfechos a muchos, que en caliente juran y perjuran que no volverán a ejercer su derecho al voto cuando, pasados unos días, florecen los consabidos pactos que contra natura a veces se forman con tal de gobernar por encima de todo. El mapa español es suficientemente grande y variado para encontrar ejemplos para todos los gustos y en todos los niveles, y poder satisfacer a cada uno, pero no al mismo tiempo, claro está. Otros esperan unos meses para darse cuenta de que el programa político en el que depositaron su confianza ha quedado en papel mojado y pasan, acto seguido, a formar parte del mundo creciente de los desencantados. Si la situación social y política en que nos encontramos a finales de julio de 2012 continúa un mes más a este ritmo de recortes, ajustes y sacrificios para los ciudadanos, no resultaría extraño que a nuestro presidente del gobierno, Mariano Rajoy, le sucediera lo mismo que a Winston Churchill en 1945, acabada la Segunda Guerra Mundial. Recordemos que el estadista británico había pedido tanta “sangre, denuedo, sudor y lágrimas” que sus conciudadanos no dudaron en retirarle la confianza y otorgar el poder a su adversario político, el laborista Clement Attlee, de quien hoy no se acuerda nadie, a pesar de que el primero ganara la guerra. Es cierto que Attlee fue de hecho el padre del Estado del Bienestar británico, pero es la estatua encorvada de Churchill, que mira de soslayo los edificios de las Casas del Parlamento en Westminster, la que millones de turistas contemplan y recuerdan cada año. Son las ironías del destino. En cualquier caso, lo que diferencia a Churchill de Rajoy es la confianza que el primero inspiraba en el pueblo británico con sus discursos radiofónicos que insuflaban moral en momentos de penuria y privación. Esa faceta de proximidad no la hemos visto hasta el día de hoy en el líder español y es innegable que este pueblo y sus ciudadanos la echen en falta cada día que pasa. Seguramente cuando quiera poner en práctica esa estrategia de acercamiento al necesitado y al que sufre su política, sea demasiado tarde y carezca de sentido. En lo que sí se parecen ambos dirigentes es en el poder de su oratoria. Si bien es cierto que el líder español se queda a la zaga, hay que reconocer no obstante que solo lleva siete meses de aprendizaje y aún no ha tenido tiempo de poner en práctica las múltiples y variadas figuras de la retórica. Hay que reconocer que a la gente no le gusta que le pongan la soga al cuello por muchas razones que existan, ni que, como consecuencia de la coyuntura económica y el acorralamiento que padecemos por parte de los mercados, le aprieten el cinturón semana tras semana por muy justificados que estén los recortes. La gente llana y humilde no entiende la batería de privaciones y carencias que la están dejando sin respiración, y tiene la sensación de que una política continua de improvisaciones está, literalmente, experimentando con su supervivencia. Lo que sí sabemos todos es que la mayoría de nosotros no somos responsables del derroche y la malversación que han existido y que todavía existen. En cualquier caso, no debe olvidarse que apretarse el cinturón no tiene el mismo significado para un alto cargo que para un trabajador no cualificado: aunque ambos sufran sus efectos, lo hacen en diferente medida. Y no es que los políticos sobren; lo que sobran son determinadas especies que se han propagado en cautividad en épocas que equivocadamente creíamos de bonanza: los corruptos, los deshonrados y los irresponsables, muchos de los cuales aún deambulan libremente por nuestras vidas, sonriendo. Leo los nueve apartados del preámbulo que anteceden a los títulos recogidos en Real Decreto-ley 20/2012, de 13 de julio, de medidas para garantizar la estabilidad presupuestaria y de fomento de la competitividad (BOE de 14 de julio) y, sin poder tragar la saliva, llego a la conclusión de que para darnos la vida (en otro mundo, se entiende) nos están matando lentamente (en este). Para terminar este artículo me permitirán una licencia literaria. Pido disculpas de antemano a Churchill y a sus descendientes por apropiarme de una de sus frases famosas, aquella en la que ensalzaba la labor a los pilotos de combate que participaron en la Battle of Britain , que yo he transformado en “Nunca en la historia de España se robó tanto a tanta gente por parte de tan pocos sin que sucediera absolutamente nada”. No creo equivocarme si digo que a la gente no le importaría votar de nuevo antes de que finalice el año, máxime cuando se siente engañada semana tras semana. Afortunadamente, con los Juegos Olímpicos de Londres 2012, aprenderemos las lecciones que los atletas nos enseñan: esfuerzo, dedicación y perseverancia (para poder sobrevivir), que buena falta nos hacen.  
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de Página66.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.80

Todavía no hay comentarios

Más contenidos

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.