José Antonio García, director Escuela de Música “Amando Blanquer” (CIM Apolo)
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José Antonio García, director Escuela de Música Amando Blanquer (CIM Apolo)[/caption]
No es la pregunta del millón ni tampoco nos van a dar un apartamento en Benidorm, pero no está de más cuestionarse el motivo por el que, año tras año, más personas se interesan por estudiar en las escuelas de música de nuestra ciudad. De esta manera, a partir del siguiente artículo no pretendo crear un boom social entre los lectores para que raudos y veloces se apunten o matriculen a sus hijos en algún centro musical (“¡Ojalá!”), pero sí, al menos, que tomen conciencia de las ventajas que conlleva el aprendizaje de la música.
Antes que nada, hay que decir que nos encontramos ante un mundo que, ya desde antaño, ha tenido que soportar falacias de todo tipo: el éxito musical viene marcado por los antecesores, la música sólo puede ser concebida como forma de entretenimiento, solo serán grandes virtuosos los alumnos que desde pequeños muestren un especial talento, etc. En definitiva, un sinfín de sandeces que han llevado a que los políticos que nos gobiernan (y más, en estos tiempos de banalidades económicas) releguen este arte a tierras de pandereta y mazapán.
Pero para derrocar estos falsos mitos hay que dar argumentos, pruebas. Para empezar, es importante señalar que las capacidades de escucha, de concentración y de percepción evolucionan antes en aquellos que aprenden música que en los que no lo hacen. El lenguaje instrumental, el propio instrumento, el conjunto vocal,… son disciplinas complementarias que requieren desde un principio una atención global, no parcial.
Además de esto, la responsabilidad, la disciplina y el orden también pueden verse mejorados notablemente, sobretodo si hablamos de alumnos de edad primaria. Desde la primera clase de instrumento, a excepción de casos tomboleros, el profesor incide en lo importante que es un buen cuidado y manejo del instrumento. Atrás quedan aquellas viejas imágenes del bombo como taburete o la flauta como cepillo para el pelo.
Otro aspecto es el de la socialización. Muchas son las familias que se quejan de que su hijo sufre en el colegio porque no es aceptado por el resto de compañeros. A la vez que la música hace que personas con gustos similares se reúnan y disfruten con algo que les es afín, crea una personalidad más sociable y preparada para actuar ante un público distinto al tradicional (la abuelita que siempre aplaude emocionada, el amigo que viene a oírnos porque no tenía a nadie más con quien salir, etc.). Consecuentemente, los posibles problemas de autoestima surgidos por problemas de socialización también podrán verse resueltos.
No menos importantes es el aspecto creativo. A pesar de que “la música es el verdadero lenguaje musical” (tal y como dijo el amigo Carl Maria von Werber), nos encontramos ante un arte complejo que no deja de sorprender. El carácter complejo del solfeo, la relatividad que presenta la teoría musical, la dificultad de expresar al interpretar, la composición de una partitura,… son aspectos que, sin duda alguna, contribuyen a que el cerebro del alumno funcione con una potencia mayor, trabajando a viva voice la vertiente creativa. Además, estamos ante un arte en el que el buen músico no es aquel que imita, sino aquel que innova y llega a adquirir su propia personalidad.
Ante todo lo expuesto hasta el momento, no quisiera que el lector cayera en el grave error de pensar que la música sólo puede aprenderse en edades tempranas. Ni mucho menos. Cualquier persona, en facultades ordinarias, puede convertirse en un buen músico. El tiempo dedicado al estudio, el apoyo del entorno cercano, la existencia de buenos profesores que apuestan por un ambiente de clase agradable y divertido, así como la experimentación de respuestas emocionales ante la música, son solo algunos de los factores clave que favorecerán la correcta formación de nuestros estudiantes.
A lo largo de mi vida he imaginado un mundo sin determinados personajes y acontecimientos históricos, pero concebirlo sin la existencia de la música va más allá de cualquier utopía. Nos guste o no, la música está presente en nuestros hogares, en la oficina, en el autobús, en la calle,… y su dominio es tal que, o nos amoldamos a ella y decidimos entenderla, o nos acostumbramos a vivir en la más pura ignorancia. Yo lo tengo claro… ¿Y ustedes?
José Antonio García, director Escuela de Música Amando Blanquer (CIM Apolo)[/caption]
No es la pregunta del millón ni tampoco nos van a dar un apartamento en Benidorm, pero no está de más cuestionarse el motivo por el que, año tras año, más personas se interesan por estudiar en las escuelas de música de nuestra ciudad. De esta manera, a partir del siguiente artículo no pretendo crear un boom social entre los lectores para que raudos y veloces se apunten o matriculen a sus hijos en algún centro musical (“¡Ojalá!”), pero sí, al menos, que tomen conciencia de las ventajas que conlleva el aprendizaje de la música.
Antes que nada, hay que decir que nos encontramos ante un mundo que, ya desde antaño, ha tenido que soportar falacias de todo tipo: el éxito musical viene marcado por los antecesores, la música sólo puede ser concebida como forma de entretenimiento, solo serán grandes virtuosos los alumnos que desde pequeños muestren un especial talento, etc. En definitiva, un sinfín de sandeces que han llevado a que los políticos que nos gobiernan (y más, en estos tiempos de banalidades económicas) releguen este arte a tierras de pandereta y mazapán.
Pero para derrocar estos falsos mitos hay que dar argumentos, pruebas. Para empezar, es importante señalar que las capacidades de escucha, de concentración y de percepción evolucionan antes en aquellos que aprenden música que en los que no lo hacen. El lenguaje instrumental, el propio instrumento, el conjunto vocal,… son disciplinas complementarias que requieren desde un principio una atención global, no parcial.
Además de esto, la responsabilidad, la disciplina y el orden también pueden verse mejorados notablemente, sobretodo si hablamos de alumnos de edad primaria. Desde la primera clase de instrumento, a excepción de casos tomboleros, el profesor incide en lo importante que es un buen cuidado y manejo del instrumento. Atrás quedan aquellas viejas imágenes del bombo como taburete o la flauta como cepillo para el pelo.
Otro aspecto es el de la socialización. Muchas son las familias que se quejan de que su hijo sufre en el colegio porque no es aceptado por el resto de compañeros. A la vez que la música hace que personas con gustos similares se reúnan y disfruten con algo que les es afín, crea una personalidad más sociable y preparada para actuar ante un público distinto al tradicional (la abuelita que siempre aplaude emocionada, el amigo que viene a oírnos porque no tenía a nadie más con quien salir, etc.). Consecuentemente, los posibles problemas de autoestima surgidos por problemas de socialización también podrán verse resueltos.
No menos importantes es el aspecto creativo. A pesar de que “la música es el verdadero lenguaje musical” (tal y como dijo el amigo Carl Maria von Werber), nos encontramos ante un arte complejo que no deja de sorprender. El carácter complejo del solfeo, la relatividad que presenta la teoría musical, la dificultad de expresar al interpretar, la composición de una partitura,… son aspectos que, sin duda alguna, contribuyen a que el cerebro del alumno funcione con una potencia mayor, trabajando a viva voice la vertiente creativa. Además, estamos ante un arte en el que el buen músico no es aquel que imita, sino aquel que innova y llega a adquirir su propia personalidad.
Ante todo lo expuesto hasta el momento, no quisiera que el lector cayera en el grave error de pensar que la música sólo puede aprenderse en edades tempranas. Ni mucho menos. Cualquier persona, en facultades ordinarias, puede convertirse en un buen músico. El tiempo dedicado al estudio, el apoyo del entorno cercano, la existencia de buenos profesores que apuestan por un ambiente de clase agradable y divertido, así como la experimentación de respuestas emocionales ante la música, son solo algunos de los factores clave que favorecerán la correcta formación de nuestros estudiantes.
A lo largo de mi vida he imaginado un mundo sin determinados personajes y acontecimientos históricos, pero concebirlo sin la existencia de la música va más allá de cualquier utopía. Nos guste o no, la música está presente en nuestros hogares, en la oficina, en el autobús, en la calle,… y su dominio es tal que, o nos amoldamos a ella y decidimos entenderla, o nos acostumbramos a vivir en la más pura ignorancia. Yo lo tengo claro… ¿Y ustedes?



















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