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La libertad no es la meta, es el camino

Redacción - Dijous, 01 de novembre del 2012
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Manolo Pastor, director de Academia Da Vinci. Todos los que nos dedicamos a la docencia, en cualquiera de sus variantes, hemos tenido que contestar preguntas de toda índole y de todos los colores. Por ejemplo: “Pero, esto de la física cuántica, ¿para qué sirve?”, “ya ves tú, ni que yo fuera a utilizar la multiplicación de polinomios en mi trabajo…”, “¿yo para que narices quiero saber quién era Descartes?” La lista de preguntas de esta naturaleza, como puede imaginarse el lector, es infinita. La contestación a esta pregunta no es sencilla y requiere de una pequeña reflexión: Imagínese que usted es un deportista de élite, un atleta cualificado, como por ejemplo Usain Bolt. Su preparador físico le recomienda entrenar en el gimnasio y fortalecer sus abdominales de manera intensa y concienzuda. ¿Cuestionaría usted la decisión de su entrenador? ¿Pondría en tela de juicio su criterio?, si Usain Bolt tiene como objetivo correr lo más rápido posible, ¿para qué necesita gastar tiempo en el gimnasio? la respuesta es evidente, fortaleciendo sus abdominales, acabará corriendo mejor. De manera análoga a este ejemplo ¿se podría decir que estudiar equivale a fortalecer los abdominales en el gimnasio y que ser un buen profesional equivale a correr más rápido? Pues la verdad es que sí. Pero sólo si consideramos el hecho de estudiar como el paso previo al mundo profesional. Si sólo tenemos en cuenta que estudiar es entrenar la mente para ejercer mejor nuestra profesión, estaremos considerando sólo la consecuencia del estudio a corto-medio plazo. Siendo así, existe otra consecuencia más largo-placista que deberíamos tener en cuenta y que no debería ser olvidada. Al estudiar, ejercemos, efectivamente nuestra mente y, como consecuencia de ello, tenemos a nuestro alcance trabajos de más y mejor categoría. Pero olvidamos, quizá, lo más importante y lo más satisfactorio del hecho de estudiar…… LA LIBERTAD. Libertad para pensar por uno mismo, libertad para discriminar información tóxica, libertad para pensar de manera autónoma y la libertad para vivir la vida como a uno mejor le apetezca. Libertad para vivir y libertad para pensar. Al final, como decía Andrés Calamaro, “creo que todos buscamos lo mismo, no sabemos qué es ni donde está (…) LA LIBERTAD”. Nunca llegaremos a tocarla con las manos, pero, con la formación y la educación, quizá podamos verla de lejos…  
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