Ismael Ortiz, Párroco de Santa María y Vicario de Sant Jordi.
Del último libro del Papa, algunos periodistas publican que, según Benedicto XVI, el buey y la mula que tradicionalmente ponemos en el Belén no aparecen citados en los evangelios cuando se narra el nacimiento de Jesús. Esa evidencia no aporta nada nuevo, pues desde hace muchos siglos la saben todos los que hayan leído los evangelios.
Como en otras ocasiones, un tema menor ha ocupado los titulares de los medios de comunicación y los comentarios de vecindario. Y, como otras veces, lo que escribe el Papa: “Como se ha dicho, el pesebre hace pensar en los animales, pues allí es donde comen. En el Evangelio no se habla en este caso de animales”, al separarlo del contexto, traiciona la verdad de lo escrito. Porque, con el mínimo esfuerzo de seguir leyendo las líneas que siguen a esa afirmación, el propio Papa escribe: “Pero la meditación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y Nuevo Testamento relacionados entre sí, ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías 1, 3: El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño”: Israel no me conoce, mi pueblo no me comprende”. Y en las líneas posteriores sigue fundamentando la conveniente presencia de los dos animales para terminar afirmando: “Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno”.
Desde estas explicaciones, el buey y el asno junto al nacimiento de Jesús, representan a los que, a diferencia de la cerrazón del pueblo de Israel, son capaces de reconocer la presencia de Dios en el Niño nacido en un pesebre. Así lo representa la pintura románica catalana del siglo XII, donde los dos animales aparecen mirando al Niño Jesús con unos ojos humanos muy abiertos, y también en el Pesebre que inventó San Francisco de Asís en la Edad Media
El buey y el asno no son un mero producto de la imaginación piadosa, sino que se han convertido en acompañantes del acontecimiento de la Navidad, en virtud de la fe de la Iglesia en la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Sin pretenderlo, la polémica mediática suscitada por la mediocridad de algunos periodistas que no acuden a las fuentes y el consiguiente “corre, ve y dile”, nos han llevado a descubrir un significado iconográfico de estas dos figuras del Belén que muchos no conocían. Es decir, que la presencia del buey y el asno en el nacimiento de Belén ha crecido en identidad y relevancia.



















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