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Del Sinaí de la Diada a la realidad

Redacción - Dissabte, 08 de Desembre del 2012
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Artículo de Bartolomé Sanz Albiñana, doctor en Filología Inglesa. En España los acontecimientos se suceden a un ritmo tan vertiginoso que apenas dan tiempo para una pequeña reflexión a vuelapluma: indignados que piden la clausura del Parlamento español, elecciones catalanas, nuevas remesas de ajustes para reducir el déficit a final de año, nuevos casos de corrupción a todos los niveles, blanqueo de capitales, nuevas propuestas para la reforma educativa del ministro Wert, la pérdida del valor de las pensiones, sobornos para contratos municipales, suicidios por los desahucios practicados, huelgas y encierros en hospitales y más gente sin trabajo o en trabajo precario. Centrémonos en una de ellas: las elecciones catalanas, que han supuesto un castigo a Artur Mas y un fracaso de su propuesta soberanista; o no tan fracaso: el tiempo lo dirá. De cualquier modo lo que interesa que quede claro, como una lección que se debe aprender para el futuro es lo siguiente. Cuando la gente acude en tropel a las urnas, y este es el caso, es porque quiere hablar y que se escuche su voz. Daba la sensación, antes de la celebración de las elecciones, de que el presidente se había apropiado de la voz de un pueblo. En algún momento de delirio, no solo él sino también sus asesores, vislumbraron en la última Diada por las calles de Barcelona una multitud tan dispar que iba desde los 200.000 a los 1,5 millones de asistentes. Seguramente esta última cifra junto con las siempre mareantes cifras de las encuestas hicieron que Artur Mas hinchara su plumaje de pavo real y empezara a contar la cosecha de habas antes de sembrarlas. La lección que se debe aprender, sobre todo por parte de los políticos, es que la voz monocorde no existe –la enterramos con Franco, último secuestrador oficial de parte de nuestra existencia– y que su único depositario es el pueblo. La voz y la canción, afortunadamente, van cambiando¬ con el transcurso del tiempo, del mismo modo que lo hacen las partituras democráticas y los conductores de las orquestas. Ni el caballo, ni la hacienda, ni la pistola pertenecen a ningún presidente iluminado; solo el pueblo tiene la palabra. Y el pueblo catalán ha querido recordárselo poniendo a cada uno en su sitio. Es posible que CiU (50 escaños) lleve la voz cantante, pero en el concierto de la democracia y de la participación también se oyen las voces de ERC (21), PSC (20), PP (19) y otras voces menores en desarrollo. Artur Mas se autoengañó al bajar del Sinaí de la Diada cuando escribió en sus tablas particulares de la ley: “La mayoría absoluta es de CIU, ergo míos son el reino, el poder y la gloria por siempre”. Ahora bien, lo que no nos queda claro, y seguramente el director de la orquesta tampoco lo tenga, a juzgar por los resultados de las elecciones, es la partitura que se va a ensayar primero y a interpretar después, y quién tendrá la voz principal. Los solos seguramente se los reserve para él, pero necesitará del apoyo de otras voces para que el concierto no acabe antes de hora por desavenencias que suelen suceder. Permaneceremos atentos las próximas semanas con el fin de ver cómo se ubica cada cual en el escenario durante los ensayos, porque de una cosa estamos seguros: la próxima gira de cuatro años de esta orquesta siempre quejosa se promete interesante. ¿De qué se queja? Pues de todo, como constitucionalmente está mandado: de la insufiente financiación recibida, de aportar mucho al Estado y no recibir tanto a cambio, de la poca visibilidad de su lengua, cultura y símbolos, de su poca presencia en Europa, de su posición en el orden autonómico y del poco autogobierno que disfrutan hasta ahora. Particularmente permaneceré atento al reparto del pastel soberanista entre Artur Mas y Oriol Junqueras, una figura emergente a la que no hay que perder de vista en ningún momento de este futuro incierto. No olviden que la palabra soberanía va a estar cada vez más de moda. La consulto en un diccionario y debo admitir que no me queda clara, a no ser por una de las acepciones de soberano: “Estado independiente”. Miro independiente y me queda más claro: “que no depende de otro”. Cataluña y los catalanes, antes de empezar ninguna gira, deberían reflexionar en serio si realmente serían capaces de dar solución por sí solos a todo aquello de lo que históricamente se han quejado y continúan quejándose. La respuesta, en todo caso, estará en el referéndum, si de verdad se quiere ensayar el peligroso modelo que vimos en la práctica en la antigua Yugoslavia.  
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