Pagina 66, Noticias de Alcoy y de El Comtat

Hermida entrevista al Rey

Redacción - Dimarts, 15 de Gener del 2013
Tiempo de lectura:

Bartolomé Sanz Albiñana, doctor en Filología Inglesa y excatedrático de Educación Secundaria.  Entre “Vuestra Majestad ” y “Señor” el experimentado periodista Jesús Hermida sumó unas veinticinco ocurrencias en la reciente entrevista de veinte minutos al Rey con motivo de su 75 aniversario. Imagino que el encorsetamiento y protocolo en este tipo de encuentros obligan a poner en práctica unos tratamientos que resultan excesivos, pedantes e insoportables por las veces en que el turiferario elegido se ve obligado a incensar al entrevistado de turno. Todo el mundo entiende, por otra parte, que no es lo mismo entrevistar al Rey o a un jefe de gobierno que entrevistar a una estrella de rock. Olvidémonos por unos instantes, asimismo, de los manuales de entrevistas del tipo Las mejores entrevistas de la historia (Edición de Christopher Sylvester, EL PAÍS Aguilar, 1993) y de las opiniones siempre expertas de los entrevistadores profesionales. Una cosa es el respeto, y otra, la pedantería. Que TVE tenga que recurrir al periodista que narró desde Nueva York el primer alunizaje del hombre en julio de 1969 dice muy poco en su favor, entre otras cosas, porque, dejando a un lado su veteranía, está mermando las aspiraciones de tantos jóvenes periodistas que podrían hacer la misma labor, con otro acento y quizá, sin censura previa, se atrevieran a plantear cuestiones cuyas respuestas a todos interesaran más. Con el paso del tiempo, inevitablemente, se difumina el papel que el rey desempeñó en la Transición, un sentimiento que se acrecentará en el futuro, del mismo modo que se ha diluido el papel de quienes participaron en la batalla de Teruel. Así, en un futuro próximo, irá en aumento el número de ciudadanos para quienes no resulten significativos (en el sentido que Vygotsky otorgaba al concepto de aprendizaje significativo) ni el papel del rey ni el del presidente Suárez, como si de elementos anacrónicos se tratara. Resulta curioso a este respecto el tratamiento diferente que recibe la monarquía en un país como Reino Unido y en el nuestro. La única diferencia estriba en que en aquel país, en donde la monarquía no se libra tampoco de escándalos, esa institución ha estado siempre presente y forma parte de la vida de los ciudadanos, mientras que en nuestro caso reaparece tras la muerte de Franco, y a la ciudadanía le cuesta entender determinados comportamientos recientes –el caso Urdangarín, la cacería de Botsuana, etc.– en quienes deberían ser un ejemplo para el resto, ya que la clase política, por ejemplo, con el suyo se aleja a pasos agigantados del ciudadano, creando cada vez más desafección, con los contínuos casos de corrupción que aparecen día tras día. Lejos queda aquel tiempo en que los reyes llevaban aparejada una condición semidivina; ahora, muy al contrario, la monarquía se halla sujeta a una evaluación contínua por parte del pueblo que se cree en el derecho legítimo a escrutarla sin miedo. Por tanto, el tipo de entrevista que presenciamos el día 4 de enero nos deja un tanto insatisfechos. De todos modos, ya sabíamos que el periodista no iba a abrir fuego con preguntas directas como aquel día en que otro periodista, Gabilondo, le preguntó al expresidente González si él había creado los GAL. Ya se sabe: cuanto más alto es el rango del entrevistado, más indirecta ha de ser la pregunta del entrevistador. Pero tampoco los ciudadanos se encuentran cómodos ante preguntas tan obvias que conducen sin demasiadas complicaciones a respuestas obvias. A medida que avanzaba la entrevista se me representaba con más nitidez en mi memoria la segunda parte del Enrique IV de Shakespeare, donde encontramos a un príncipe que ha crecido en todos los sentidos, una vez desmarcado del magisterio pernicioso de Falstaff, y se dispone a reemplazar a su padre, viejo, enfermo e insomne que se queja del peso de la corona: “Con desasosiego reclina la cabeza el que lleva una corona” (3.1). Porque la corona pesa en estos momentos más de lo que debiera en circunstancias normales: a los escándalos apuntados, cabría añadir el azote de la crisis, el desempleo, el futuro incierto de tantos jóvenes, la amenaza soberanista catalana, tensiones territoriales propias de tiempos medievales, el poco camino adelantado en el último año, la luz que sigue sin divisarse al final del túnel, etc. Y uno tampoco llega a entender muy bien el gran apego que le tienen los reyes a sus coronas y los papas a sus tiaras, robando también el tiempo de quienes van a sucederles, máxime cuando en algunos casos el estado que presentan es más precario y penoso que otra cosa. Y uno también se pone también en el lugar de los veinte millones de ciudadanos que no votaron la Constitución y entiende perfectamente que vivimos en otro país, en otra generación y en otro monento histórico y a alguien se le debería ocurrir que también a ellos les gustaría que, algún día, si se tercia, se les consultara sobre el modelo de Estado que prefieren. Volvamos a la entrevista y concluyamos: el entorno del Rey, cabe suponer, saldría altamente satisfecho del producto final presentado, Jesús Hermida cobraría lo estipulado por su trabajo o quizá lo entregaría a una ONG, pero la gran mayoría continúa esperando en silencio a que comience la entrevista.
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de Página66.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.144

Todavía no hay comentarios

Más contenidos

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.