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El rey vestido

Redacción - Dimarts, 09 de Abril del 2013
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Artículo de opinión de Francisco Martínez, miembro de UPyD. Todos recordamos el famoso cuento de hadas danés escrito por Hans Christian Andersen “El traje nuevo del emperador” o “El rey desnudo”. Según parece este famoso cuento esta basado en una historia española recopilada por nuestro infante Don Juan Manuel en “El conde Lucanor”, un libro de cuentos moralizantes. En el cuento del infante Don Juan Manuel el rey es engañado por unos tejedores que le dicen que su traje es invisible para cualquier hombre que no sea verdadero hijo de su padre pero Hans Christian Andersen lo alteró para centrar su historia en el orgullo y la vanidad del rey. Andersen nos cuenta como el rey es engañado por dos charlatanes que dicen que el traje es invisible para cualquier estúpido o incapaz para su cargo. Al final del cuento un inocente niño le dice la verdad al rey que a pesar de ello termina su desfile por la ciudad mostrando su desnudez. De este precioso relato que todos conocemos se pueden extraer multitud de mensajes: que lo que piensa la mayoría no tiene por que ser verdad, que la verdad solamente se puede ver a través de los ojos de un inocente niño, o que la verdad a pesar de ser muy evidente puede ser negada por la mayoría e incluso por el propio gobierno. En España, desgraciadamente, en estos últimos tiempos nos hemos encontrado con este último mensaje en innumerables ocasiones. Hace poco he leído un artículo que emulando el título de este famoso cuento de Andersen hace una inquietante exaltación de la república en menoscabo de la monarquía y del Rey. Es indudable que el debate sobre la monarquía es inevitable por los sucesos que estamos viviendo. Pero no tiene por qué ser perjudicial como tampoco lo es el de las instituciones políticas o económicas. Creo que es imprescindible huir del fundamentalismo ya sea a favor o en contra de la monarquía o la república. Lo que España en estos momentos no se puede permitir es enzarzarse en debates estériles que desvíen la atención del resto de graves problemas de nuestro país. De todas formas “la monarquía no es ni la panacea ni una maldición”. Pero tampoco “la república es la única tabla de salvación y el mejor de los sistemas políticos”. A lo largo de la historia tanto monarquías como repúblicas han habido que funcionan y otras que naufragan. Hay reinos que prosperan y otros sumidos en la pobreza. La verdadera cuestión es qué arreglos se necesitan para que la institución sirva a los propósitos para los que se concibió. No para proclamar “Viva la Republica y Muera el Rey, abajo la Monarquía”. Estas son consignas de un pasado que no nos trajo a los españoles nada bueno. Hay que buscar soluciones y arreglos que se pongan en práctica lo antes posible para recuperar el aprecio de los ciudadanos por la corona, y la monarquía depende, más aún que el resto de las instituciones, del afecto de los españoles. Y lo peor que podemos hacer es soliviantar a las masas. Hay que pedir que “todas las instituciones de España”, incluida la monarquía española y la Casa del Rey, hagan un esfuerzo de transparencia y limpieza para recuperar la confianza en un estado democrático que funciona si el pueblo confía en el y en su honestidad. Pero no solamente esta en cuestión la monarquía también lo están la Constitución, los partidos políticos y sindicatos tradicionales, la banca, la patronal y el mismísimo Estado de las Autonomías. Y el único modo de superar todo esto es someterse a las exigencias de la democracia avanzada, porque puede ser perfectamente compatible con la democracia -como en Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda etc.- a condición de cumplir escrupulosamente con su papel constitucional y con las obligaciones de transparencia y dación de cuentas que ella conlleva. Hay que buscar leyes que busquen la transparencia y la regeneración de todas estas instituciones para recuperar la confianza en ellas. Por que la otra vía, y esa es la que se plantea en el artículo que comentaba anteriormente, es la de Isabel II o Alfonso XIII: empeñarse en lo imposible hasta que se haga real la alternativa republicana.
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