Artículo de opinión de Ciro Rojo, militante de la juventud comunista.
El pasado sabado mañana un compañero mio del Frente Estudiantil Unificado (FEU) se encuentra con la sorpresa de que en su portal hay pegatinas con las dimensiones de un folio dividido por la mitad de arriba abajo, con el mensaje de “todos quieren la unidad, pero nadie suelta su bandera”, y en el fondo multitud de banderas de diferentes países e ideologías. Más tarde, otro compañero y yo nos dirigimos a la sede del PCPV y de la JCPV, organización en la cual militamos, y nos encontramos con nada menos que ocho pegatinas cubriendo el portal, en el cual otros vecinos, ajenos a nuestra militancia, tienen sus viviendas.
Puesto que el responsable de estas pegatinas prefería no exponerse a las críticas nos dirigimos a él desde aquí públicamente. Porque nosotros los comunistas, a diferencia de otros, no tenemos miedo al dialogo y no rehuimos de las consecuencias de nuestras acciones. Es decir, damos la cara porque no nos avergonzamos de lo que somos, ni de lo que hacemos.
En primer lugar creo que se comete un grave error al señalar directamente a un compañero y a la organización en la cual milita él y otras personas, puesto que las dichosas pegatinas únicamente estaban en el portal de su vivienda y en el portal de la sede del PCE y la JCPV, que poco tienen que ver en una polémica que se desato a raíz del uso de banderas por parte de algunos integrantes del Frente Estudiantil Unificado a titulo individual en la pasada huelga de estudiantes del 9 de mayo.
Por lo que nosotros no tenemos muchas dudas con respecto a la autoría de estas pegadas, sin embargo no vamos a señalar a nadie, a pesar del trato que nos ha brindado. Esperamos que cada uno sepa valorar las consecuencias de sus acciones. Nos parece que muy triste que se llame a la unidad con la cara tapada. Este tipo de acciones corresponden a aquellas personas que han “tirado la toalla” y creen que no hay dialogo posible. Bien porque no poseen argumentos para debatir o bien porque creen que cada uno debe guardarse las opiniones para uno mismo en vez de compartirlas con los demás. ¿Quieren unidad? No es consecuente demandar unidad señalando y criticando desde el anonimato. En democracia las opiniones y las críticas deben de ser públicas y no sectarias. ¿De qué tienen miedo?
¿Qué modelo de sociedad quieren construir aquellos que critican sin hacer acto de presencia? ¿Una sociedad en la que nadie se responsabiliza de sus actos? Pero… ¿No es ese uno de los males de la sociedad actual?
Nosotros defendemos que cada uno responda por sus actos, para bien o para mal. Y es por eso que no nos tapamos la cara cuando hablamos, es por eso que llevamos bandera, porque somos consecuentes con nuestro pasado y presente. No tenemos miedo al dialogo. La democracia o es para todos o no es. No puede ser que solo unos dispongan del privilegio de hablar sin exponerse a ser corregidos, desgraciadamente las elites gobernantes hacen uso de ese privilegio, ¿nosotros vamos a cometer el mismo error?. Para que podamos expresarnos libremente y solucionar las contradicciones debemos expresarnos en igualdad, y estar preparados para que nos contesten o para que nos corrijan cuando sea necesario. La libertad no puede ser solo para unos, debe ser para todos, le pique a quien le pique. Todos tenemos el deber de escuchar y ser escuchados, y para ello tenemos que estar preparados para ganar o perder. Este tipo de acciones delata precisamente a aquellas personas que no están dispuestas a perder nada y por ello eligen el anonimato, por lo que no se es consecuente con uno mismo ni con los demás. Tienen miedo de dar la cara, y dar la cara es asumir riesgos, es exponerse a criticas, no caer en la hipocresía y en la mediocridad ... Es precisamente esa forma de pensar la que acaba con el espíritu cabal, responsable y transparente de que tanto necesitamos en los movimientos sociales. Arrojar criticas por la espalda desde el anonimato sin dar la cara destruye la unidad en los movimientos porque siembra discordia, genera problemas y roces que fácilmente se solucionan dialogando como personas maduras. Eso y no las “banderas” que tanto molestan a unos pocos son la causa de la ruptura de la unidad en el seno de un movimiento social. Y la historia subraya esto que acabo de decir.

Los responsables de estas acciones no están a la altura de lo que la situación actual requiere de la juventud, que no es otra cosa que madurez y consciencia de grupo. Tirar la piedra y esconder la mano denota la inmadurez y la imprudencia propia de un niño, o una persona sin experiencia en este tipo de situaciones. Que quiere que le escuchen a él pero no quiere escuchar a los demás. Enojarse con aquellas personas que no hacen lo que tú quieres y señalarlas desde el anonimato con burlas es nefasto para la unidad. Si estas personas de verdad buscaran la unidad entonces tendrían el valor de hablar y exponer sus preocupaciones y argumentos cara a cara. Pero parece ser que han desechado esa vía puesto que esperan extraer rédito político señalando a aquellos que siempre están señalados por tener ideas como mínimo, complejas de asimilar.
Valoran más el enfrentamiento sucio y cobarde. Estas acciones son propias de situaciones en las que tiene mucho que perder y poco que ganar en un dialogo civilizado, por decirlo de otra forma, aquellos que han hecho este tipo de acciones nos tratan como a un enemigo. A un enemigo declarado, efectivamente, se le trata así puesto que no hay nada que extraer de un dialogo por ejemplo con un cuadro del Partido Popular que defiende firmemente la destrucción de la escuela pública mediante el desabastecimiento en favor del pago de la deuda ilegitima, y que esta a favor de que antidisturbios revienten las manifestaciones pacificas estudiantes y profesores. Ese seria un ejemplo que justificaría este tipo de acciones, puesto que no hay debate posible. Quiero insistir en esta cuestión, puesto que hay gente que pretende colocarnos en el punto de mira puramente por interés personal. Algo muy triste desde nuestro punto de vista puesto que nosotros siempre buscamos el entendimiento por encima de intereses particulares. Pero nunca sin renunciar a nuestras ideas y valores.
Uno debe definirse por sus acciones y no por sus palabras. Como bien dijo Carlos Marx hace ya dos siglos; “hablar y hacer son cosas distintas, más bien antagónicas”. Es por eso que cuando el día de la huelga me notificaron personalmente el descontento de ciertas personas con la presencia de “nuestras” banderas, puesto que había otras banderas en la concentración (siempre molestan las nuestras... vaya), yo les invite a hablar de ese tema cuando y donde quisieran. Sin embargo desde ese momento hasta el sabado por la mañana no he sabido nada, ni yo ni mis compañeros, de este tema hasta que nos encontramos con esa lamentable sorpresa. Tal y como haría un niño enfadado que deja papelillos con mensajes anónimos para manifestar su enfado. Patético.
Sin embargo reitero la voluntad de mi organización de dialogar lo que haga falta, puesto que todo está sujeto a opinión. Añado que a aquellas personas que les molesta la presencia de banderas con la hoz y el martillo o republicanas en una manifestación en la que se están reclamando derechos sociales o es un ignorante o es un fascista, en el primer caso le recomiendo que coja un libro, que no muerde. La unidad de los movimientos sociales nunca ha estado en contradicción con la pluralidad de los mismos. Quien no entienda esto es que no comprende o no soporta a aquellas personas que no piensan como él. Esas personas no tienen cabida en los movimientos sociales por su comportamiento sectario e intolerante con el resto. Pretenden sembrar la discordia y la división enfatizando las cosas que nos dividen en vez de señalar a los criminales, culpables de la situación que empujan día a día a miles de personas a buscar en los contenedores de basura algo con lo que alimentarse. Es una cuestión de prioridades, cada uno acude a las concentraciones para algo, unos para luchar contra la injusticia codo con codo y otros a señalar y a criticar (por la espalda) a aquellos que no piensan igual.
El pasado sabado mañana un compañero mio del Frente Estudiantil Unificado (FEU) se encuentra con la sorpresa de que en su portal hay pegatinas con las dimensiones de un folio dividido por la mitad de arriba abajo, con el mensaje de “todos quieren la unidad, pero nadie suelta su bandera”, y en el fondo multitud de banderas de diferentes países e ideologías. Más tarde, otro compañero y yo nos dirigimos a la sede del PCPV y de la JCPV, organización en la cual militamos, y nos encontramos con nada menos que ocho pegatinas cubriendo el portal, en el cual otros vecinos, ajenos a nuestra militancia, tienen sus viviendas.
Puesto que el responsable de estas pegatinas prefería no exponerse a las críticas nos dirigimos a él desde aquí públicamente. Porque nosotros los comunistas, a diferencia de otros, no tenemos miedo al dialogo y no rehuimos de las consecuencias de nuestras acciones. Es decir, damos la cara porque no nos avergonzamos de lo que somos, ni de lo que hacemos.
En primer lugar creo que se comete un grave error al señalar directamente a un compañero y a la organización en la cual milita él y otras personas, puesto que las dichosas pegatinas únicamente estaban en el portal de su vivienda y en el portal de la sede del PCE y la JCPV, que poco tienen que ver en una polémica que se desato a raíz del uso de banderas por parte de algunos integrantes del Frente Estudiantil Unificado a titulo individual en la pasada huelga de estudiantes del 9 de mayo.
Por lo que nosotros no tenemos muchas dudas con respecto a la autoría de estas pegadas, sin embargo no vamos a señalar a nadie, a pesar del trato que nos ha brindado. Esperamos que cada uno sepa valorar las consecuencias de sus acciones. Nos parece que muy triste que se llame a la unidad con la cara tapada. Este tipo de acciones corresponden a aquellas personas que han “tirado la toalla” y creen que no hay dialogo posible. Bien porque no poseen argumentos para debatir o bien porque creen que cada uno debe guardarse las opiniones para uno mismo en vez de compartirlas con los demás. ¿Quieren unidad? No es consecuente demandar unidad señalando y criticando desde el anonimato. En democracia las opiniones y las críticas deben de ser públicas y no sectarias. ¿De qué tienen miedo?
¿Qué modelo de sociedad quieren construir aquellos que critican sin hacer acto de presencia? ¿Una sociedad en la que nadie se responsabiliza de sus actos? Pero… ¿No es ese uno de los males de la sociedad actual?
Nosotros defendemos que cada uno responda por sus actos, para bien o para mal. Y es por eso que no nos tapamos la cara cuando hablamos, es por eso que llevamos bandera, porque somos consecuentes con nuestro pasado y presente. No tenemos miedo al dialogo. La democracia o es para todos o no es. No puede ser que solo unos dispongan del privilegio de hablar sin exponerse a ser corregidos, desgraciadamente las elites gobernantes hacen uso de ese privilegio, ¿nosotros vamos a cometer el mismo error?. Para que podamos expresarnos libremente y solucionar las contradicciones debemos expresarnos en igualdad, y estar preparados para que nos contesten o para que nos corrijan cuando sea necesario. La libertad no puede ser solo para unos, debe ser para todos, le pique a quien le pique. Todos tenemos el deber de escuchar y ser escuchados, y para ello tenemos que estar preparados para ganar o perder. Este tipo de acciones delata precisamente a aquellas personas que no están dispuestas a perder nada y por ello eligen el anonimato, por lo que no se es consecuente con uno mismo ni con los demás. Tienen miedo de dar la cara, y dar la cara es asumir riesgos, es exponerse a criticas, no caer en la hipocresía y en la mediocridad ... Es precisamente esa forma de pensar la que acaba con el espíritu cabal, responsable y transparente de que tanto necesitamos en los movimientos sociales. Arrojar criticas por la espalda desde el anonimato sin dar la cara destruye la unidad en los movimientos porque siembra discordia, genera problemas y roces que fácilmente se solucionan dialogando como personas maduras. Eso y no las “banderas” que tanto molestan a unos pocos son la causa de la ruptura de la unidad en el seno de un movimiento social. Y la historia subraya esto que acabo de decir.

Los responsables de estas acciones no están a la altura de lo que la situación actual requiere de la juventud, que no es otra cosa que madurez y consciencia de grupo. Tirar la piedra y esconder la mano denota la inmadurez y la imprudencia propia de un niño, o una persona sin experiencia en este tipo de situaciones. Que quiere que le escuchen a él pero no quiere escuchar a los demás. Enojarse con aquellas personas que no hacen lo que tú quieres y señalarlas desde el anonimato con burlas es nefasto para la unidad. Si estas personas de verdad buscaran la unidad entonces tendrían el valor de hablar y exponer sus preocupaciones y argumentos cara a cara. Pero parece ser que han desechado esa vía puesto que esperan extraer rédito político señalando a aquellos que siempre están señalados por tener ideas como mínimo, complejas de asimilar.
Valoran más el enfrentamiento sucio y cobarde. Estas acciones son propias de situaciones en las que tiene mucho que perder y poco que ganar en un dialogo civilizado, por decirlo de otra forma, aquellos que han hecho este tipo de acciones nos tratan como a un enemigo. A un enemigo declarado, efectivamente, se le trata así puesto que no hay nada que extraer de un dialogo por ejemplo con un cuadro del Partido Popular que defiende firmemente la destrucción de la escuela pública mediante el desabastecimiento en favor del pago de la deuda ilegitima, y que esta a favor de que antidisturbios revienten las manifestaciones pacificas estudiantes y profesores. Ese seria un ejemplo que justificaría este tipo de acciones, puesto que no hay debate posible. Quiero insistir en esta cuestión, puesto que hay gente que pretende colocarnos en el punto de mira puramente por interés personal. Algo muy triste desde nuestro punto de vista puesto que nosotros siempre buscamos el entendimiento por encima de intereses particulares. Pero nunca sin renunciar a nuestras ideas y valores.
Uno debe definirse por sus acciones y no por sus palabras. Como bien dijo Carlos Marx hace ya dos siglos; “hablar y hacer son cosas distintas, más bien antagónicas”. Es por eso que cuando el día de la huelga me notificaron personalmente el descontento de ciertas personas con la presencia de “nuestras” banderas, puesto que había otras banderas en la concentración (siempre molestan las nuestras... vaya), yo les invite a hablar de ese tema cuando y donde quisieran. Sin embargo desde ese momento hasta el sabado por la mañana no he sabido nada, ni yo ni mis compañeros, de este tema hasta que nos encontramos con esa lamentable sorpresa. Tal y como haría un niño enfadado que deja papelillos con mensajes anónimos para manifestar su enfado. Patético.
Sin embargo reitero la voluntad de mi organización de dialogar lo que haga falta, puesto que todo está sujeto a opinión. Añado que a aquellas personas que les molesta la presencia de banderas con la hoz y el martillo o republicanas en una manifestación en la que se están reclamando derechos sociales o es un ignorante o es un fascista, en el primer caso le recomiendo que coja un libro, que no muerde. La unidad de los movimientos sociales nunca ha estado en contradicción con la pluralidad de los mismos. Quien no entienda esto es que no comprende o no soporta a aquellas personas que no piensan como él. Esas personas no tienen cabida en los movimientos sociales por su comportamiento sectario e intolerante con el resto. Pretenden sembrar la discordia y la división enfatizando las cosas que nos dividen en vez de señalar a los criminales, culpables de la situación que empujan día a día a miles de personas a buscar en los contenedores de basura algo con lo que alimentarse. Es una cuestión de prioridades, cada uno acude a las concentraciones para algo, unos para luchar contra la injusticia codo con codo y otros a señalar y a criticar (por la espalda) a aquellos que no piensan igual.





















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