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La Escuela Industrial de Alcoi en 1936 (2)

Redacción - Dissabte, 06 de Juliol del 2013
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REPORTAJE de Bartolomé Sanz Albiñana, doctor en Filología Inglesa. Como consecuencia del decreto de cesantía publicado en la Gaceta de Madrid el 23 de agosto, el director de la Escuela Industrial de Alcoi, José Merita, y el secretario, Luis Gisbert, cesaron en sus cargos. A finales de ese año ambos cargos son desempañados de forma accidental por Juan Durá Llopis y José Mataix Laporta respectivamente, tanto en la Escuela Elemental del Trabajo como en la Superior. Durante la Guerra Civil, aunque no tenemos constancia de que continuara la actividad académica, al menos existió determinada actividad administrativa y burocrática, a juzgar por los oficios y certificados emitidos en esas fechas. En resumen, todo lo que supusiera planificación, organización y previsión del futuro prácticamente se detiene hasta abril de 1939, mes en que José Cort Merita y Luis Gisbert recuperan sus cargos directivos de director y secretario. Pero el nuevo gobierno no fue el único que llevó a cabo un proceso depurador, como ya habíamos apuntado. Así, como consecuencia del nuevo orden de cosas tras alzamiento militar, el gobierno de la República, por su parte, tomó también medidas depuradoras. El término utilizado en los decretos para esta medida sancionadora es el de “cesantía”, que privaba de su destino a “todos los empleados que hubieran tenido participación en el movimiento subversivo o que fueran notoriamente enemigos del régimen cualquiera que sea el cuerpo a que pertenezcan, la forma de su ingreso y la función que desempeñen, ya se trate de funcionarios del Estado o de empleados de Organismos o Empresas administradoras de Monopolios o Servicios públicos”. [caption id="attachment_79988" align="aligncenter" width="600"] Colocación de la primera piedra de las Escuelas Industriales[/caption] En la Escuela de Trabajo de Alcoi fueron cesados en virtud del artículo 1° del Decreto de Presidencia de 21 de julio los profesores José Cort Merita, Adolfo Vilaplana Llorca, Luis Gisbert Botella, Miguel Abad Tormo, Francisco Gómez Valor, Vicente Jordá Botella y Santiago Vitoria Lluch; y los auxiliares Alfonso Cort Botí, Enrique Oltra Codoñer, Enrique Grau Juan, Rafael García Gisbert, Carlos Oltra Boronat, Salvador Doménech Aura, Enrique Blanes Mataix, Miguel García Gisbert, Luis Polo Guillemín, Manuel Boronat Boronat, Francisco Muñoz Valor, José Pascual Botí, Santiago Vitoria Laporta, Alejandro Suárez Fernández-Pello, Ernesto Botella Candela, Francisco Matarredona Pérez y Enrique Miró García. Además de estos 24 funcionarios, otros 16 funcionarios destinados en Alcoi, pertenecientes a diferentes cuerpos fueron cesados: tres catedráticos de Institutos Nacionales de Segunda Enseñanza, doce maestros de Escuelas Nacionales y un administrativo. No se cesó a ningún profesor, ni auxiliar del Instituto Nacional de Segunda Enseñanza, como tampoco a ningún oficial de secretaría. De este modo, el 27 de septiembre de 1936 se decretaba la suspensión de todos sus derechos a los funcionarios públicos, los cuales podían pedir su reingreso en el plazo de un mes a partir de la misma, mediante instancia acompañada de un cuestionario debidamente contestado. De hecho, muchos de ellos fueron rehabilitados posteriormente; otros, sin embargo, no aparecen en la relación de profesores de los claustros posteriores y su rastro se pierde. Como dato curioso, en la misma página de la Gaceta de Madrid núm. 236 de 23 de agosto de 1936, donde aparecen las cesantías de cerca de 40 funcionarios destinados en Alcoi, aparece también la cesantía de Miguel de Unamuno por no haber “respondido en el momento presente a la lealtad a la que estaba obligado, sumándose de modo público a la facción en armas”. Unamuno, que había sido nombrado rector vitalicio de la Universidad de Salamanca en septiembre de 1934, apoyó inicialmente a los rebeldes al iniciarse la guerra, de ahí que Azaña lo destituyera. Sin embargo, el gobierno de Burgos lo repone de nuevo en el cargo. El entusiasmo por la sublevación, no obstante, pronto se torna en desengaño y el escritor noventayochista se arrepiente públicamente de su apoyo a la sublevación. (Continuará).
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