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Siempre nos quedará el sol, señor Rajoy

Redacción - Divendres, 04 de Octubre del 2013
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Artículo de opinión de Bartolomé Sanz Albiñana, doctor en filología inglesa. Tomen nota porque esto no tiene desperdicio. El maquinista del tren, al salir de una curva pronunciada, nos anuncia que ahora divisa una recta que anticipa un crecimiento para 2014 mayor del esperado. Lo dice simplemente para no amargarnos las Navidades. Cuando entremos en 2015 nos hará creer, sobre todo cuando se tome la recta final de las elecciones, que el pleno empleo es una realidad. El maquinista, que nada más tomar el mando del tren a finales de 2011, nos hizo creer no que vislumbraba la luz al final del túnel, sino que era la luz misma, estos días debe delirar o estar poniendo en práctica nuevas estrategias para distraer la atención y mientras tanto entretener a las huestes de desempleados que se avecinan después de la temporada veraniega. Desde que acabaron las vacaciones no he encontrado a nadie que no contara con un nuevo miembro de la familia en paro. ¡Conque luz al final del túnel! La mayoría cree que el maquinista ve espejismos. ¡De todas formas no vamos a asesinar al maquinista y suceda que después nos estrellemos! ¡Que vaya relatando sus delirios hasta finales de 2015! Pronto nos convencerá de que necesita otra legislatura para tocar la luz y pondrá como excusa que Dios, aun siendo Dios, tardó siete días para poner el mundo en marcha. Ya hace tiempo que también desconfiamos de cualquier superestructura de esas rigen el mundo: BCE, FMI, etc., pues ninguna acierta ni coincide con otra en sus previsiones de ver la dichosa luz al final del túnel. O será que cada una discurre por un túnel distinto. ¿Y qué les parecerá todo esto a los funcionarios que ya llevan cuatro años congelados o en hibernación? Alguien tiene que pagar los platos rotos, claro. Y por supuesto que el empleo crecerá en 2014. Siempre sucede; a medida que avanza el año suben las temperaturas. En este país el crecimiento del empleo se apoya en una fórmula clásica mediterránea que dice que el empleo es directamente proporcional a la subida de temperatura, es decir, a mayor temperatura, mayor empleo. ¡Menos mal que nos queda el sol! Eso sí que es una verdad universal. Lo mismo que sabemos que después de que suban de precio unos determinados productos y servicios, otros esperan a la vuelta de la esquina para seguir el mismo camino. Y si alguno baja, pronto recupera el tiempo perdido. Poco nos importa que la EPA no distinga entre trabajadores a tiempo parcial y a tiempo completo al computar el número de ocupados, por lo que si los contratos a tiempo parcial ganan importancia, como está ocurriendo en los últimos meses, el incremento será superior. Muy bien. ¿Y dónde metemos a los explotados del sistema, esos que trabajan 8 horas y cobran 4, esos que cobran su trabajo a 3 euros la hora sin opciones a aspirar a ser autónomos, mientras sus jefes se enriquecen sin sonrojarse a su costa? Díganme, señores ministros de Economía, de Trabajo y de Empleo, dónde se encuentra camuflado ese colectivo cada vez mayor, en todos esos macroeconómicos con que nos marean periódicamente. Porque es de suponer que, con tantos asesores e inspectores, se habrán enterado de que en estos momentos los pisos los compran a tocateja los ricos que se dedican a explotar a sus trabajadores como nuevos esclavos del siglo XXI con salarios de hambre y sin ningún tipo de cotización a la Seguridad Social. Los trabajadores, si quieren comer, no les queda más remedio que aceptar cualquier condición laboral sin rechistar. Y mientras tanto las autoridades inteligentemente se dedican a mirar al otro lado rumiendo entre dientes: “No sé de qué nos habláis, ni lo queremos saber”; o como si se tratara de un personaje shakesperiano descubierto in fraganti, el responsable de dar explicaciones sale del escenario contestando con evasivas: “Eso a mí no me concierne”. Y en esta coyuntura, ¿cómo quieren que, en privado, no profiramos tacos cada vez más soeces? Los políticos que nos engañan con cuentos chinos también deberían tener exámenes de septiembre cada año, y no cada cuatro años. Pero ya no hay exámenes de septiembre y, hasta ahora, aunque se suspenda, siempre se pasa de curso. Siempre, hasta que el pueblo diga basta; porque resulta muy extraño que, con un presente tan negro y un futuro tan desolador, la gente se muestre tan conformada y sin echarse a la calle. ¿No les parece?
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